A veces quiero preguntarte cosas…

jokinKale
Obra de Jokin Kale

A veces quiero preguntarte cosas,
y me intimidas tú con la mirada,
y retorno al silencio contagiada
del tímido perfume de tus rosas.

A veces quise no soñar contigo,
y cuanto más quería más soñaba,
por tus versos que yo saboreaba,
tú el rico de poemas, yo el mendigo.

Pero yo no adivino lo que invento,
y nunca inventaré lo que adivino
del nombre esclavo de mi pensamiento.

Adivino que no soy tu contento,
que a veces me recuerdas, imagino,
y al írtelo a decir mi voz no siento.

Gloria Fuertes, poeta y autora de literatura infantil y juvenil. Madrid 1917-1998

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Noviembre me suena a siempre

JUanGoñifoto
Foto de Cesc Jurado
Llueve suavemente tras mi ventana. Llueven recuerdos en mi memoria en este día que amaneció como debe de amanecer un día de noviembre. Las gotas diminutas y leves desfiguran el paisaje lleno de brumas y de bosques de ámbar y oro que se apaga.

Huele a castañas asadas en mis recuerdos, a fuego en el hogar, aromas que me arrastran a casas de pueblo, aromas a alcoba cálida, a tostadas, a mermelada de higos, a uvas pasas y a mañanas oscuras en la cocina de la abuela; huele a abrazos dormilones.

Llueve a través de la atmósfera apagada pero dulce. Grises los cielos que lloran, avellana en las copas de los árboles, verde que oscurece y enfría mi mirada en el suelo empapado. Suena el mundo entero a mar que gotea desde el cielo, tan delicado, tan dócil, tan universal.

Desayunamos mi hijo y yo al calor de la estufa de leña que crepita. Café caliente y tostadas con aceite, cacao humeante y bizcocho recién horneado. El gato ronronea dormitando sobre su cojín a la vera del fuego; la mañana llora lágrimas que se deslizan tras la ventana.

Él me cuenta que ya decidió sus regalos de Reyes y que hizo más amigos en el colegio que recién ha estrenado, y chispean sus ojos vivos al mirarme. Yo me pregunto que recuerdos adornarán sus noviembres venideros, que aromas, que sensaciones evocará cuando desayune junto a su hijo en una lluviosa mañana dominical de otro otoño.

Llueve melancolía cálida en mi corazón, y en mis oídos resuena como una campanilla la cucharilla con la que torpemente revuelve su taza, mientras me cuenta cosas que ya sentí.

Noviembre me suena a Siempre.

Juan Goñi.

Foto: Cesc Jurado – “Paitsage de tardor” en Malerreka, #Navarra, #Nafarroa.

Música: Spencer Brewer, Nancy Rumbel y Eric Tingstad – Shadow Dancer:
https://youtu.be/DC08u8qIgcw

— con Cesc Jurado

Notas de un viaje por Navarra / Bécquer

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fotografía antigua sacada en el palacio de Olite por María J. Leza

[…] Al dia siguiente, nuestro primer cuidado fué visitar el Castillo
Real. La fundacion de este castillo ó su completa renovacion data
del primer tercio del siglo XV y se debe á D. Cárlos III de Navarra,
llamado el Noble, el cual tuvo de ordinario en él su residencia. Hoy
dia es difícil determinar precisamente la planta de esta obra, de la
que solo quedan en pié muros aislados cubiertos de musgo y hiedra,
torreones sueltos y algunos cimientos de fábrica derruida que en
ciertos puntos permiten adivinar la primitiva construccion, pero que
en otros desaparecen sin dejar huella ostensible entre los escombros
y las altas yerbas que crecen á grande altura en sus cegados fosos y
en sus extensos y abandonados patios. Sin embargo, la vista de aque-
llos jigantes y grandiosos restos impresiona profundamente, y por
poca imaginacion que se tenga, no puede menos de ofrecerse á la
memoria al contemplarlos la imágen de la caballeresca época en que
se levantaron.
Una vez la fantasía elevada á esta altura, fácilmente se recons-
truyen los derruidos torreones, se levantan como por encanto los
muros, cruje el puente levadizo bajo el herrado casco de los corceles
de la régia cabalgata, las almenas se coronan de ballesteros, en los
silenciosos patios se vuelve á oir la alegre algarabía de los licencio-
sos pajes, de los rudos hombres de armas y de la gente menuda del
castillo que se adiestran en volar á los azores, atraillan los perros ó
enfrenan los caballos. Cuando el sol brilla y perfila de oro las alme-
nas, aun parece que se vén tremolar los estandartes y lanzar chis-
pas de fuego los acerados almetes; cuando el crepúsculo baña las
ruinas en un tinte violado y misterioso, aun parece que la brisa de
la tarde murmura una cancion gimiendo entre los ángulos de la torre
de los trovadores y en alguna gótica ventana, en cuyo alfeizar se ha-
lancea al soplo del aire la campanilla azul de una enredadera silves-
tre, se cree ver asomarse una forma blanca y ligera. Acaso es un gi-
ron de la niebla que se desgarra en los dentellados muros del casti-
llo, tal vez un último rayo de luz que se desliza fugitivo sobre los
calcinados sillares; ¿pero quién nos impide soñar que es una mujer
enamorada que aun vuelve á oir el eco de un cantar grato á su oido?

(Fragmento del libro de notas de Bécquer)

Muchos han sido los viajeros, nobles, escritores, historiadores, etc… que desde la Edad Media hasta nuestros días se han sentido atraídos por Olite, en especial por su imponente Palacio, considerado uno de los más grandes y lujosos de Europa.

En el British Museum de Londres, por ejemplo, hay un diario de un viajero alemán que data del siglo XV que reza: “Seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso y de tantas habitaciones doradas”.

También, nuestro gran Gustavo Adolfo Becquer, se sintió atraído por las ruinas de este castillo y le dedicó un pequeño ensayo “Castillo Real de Olite. Notas de un viaje por Navarra”. Es un corto relato que os animo a leer, pues tiene una descripción detallada de la exacta sensación que provoca Olite cuando la visitas y te adentras en sus calles.

Notasdeviaje BecquerOlite

Al borde

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Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Gloria Fuertes, poeta y autora de literatura infantil y juvenil. Madrid 1917-1998

Mariposa poema

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obra del escultor argentino Antonio Pujia

En el aire estaba
impreciso, tenue, el poema.
Imprecisa también
llegó la mariposa nocturna,
ni hermosa ni agorera,
a perderse entre biombos de papeles.
La deshilada, débil cinta de palabras
se disipó con ella.
¿Volverán ambas?
Quizás, en un momento de la noche,
cuando ya no quiera escribir
algo más agorero acaso
que esa escondida mariposa
que evita la luz,
como las Dichas.

De “De procura de lo imposible” 1998
Ida Vitale, poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924.

Melodía de otoño

Lidia Wylangowska (42)
obra de la pintora polaca Lidia Wylangowska
La tarde va muriendo
entre álamos dorados,
el viento
que la acompaña
arrastra las hojas secas
del otoño…
la luz se va apagando
y a la altura del segundo piso
oigo un tarareo…
”Te recuerdo Amanda”
suena la música
de “Víctor Jara”.
Te miro a la cara,
sonrío…
sonríes…
los pasos se detienen
y apenas dos momentos después
tus dedos me agarran…
bailas…?
las notas nos acompañan.
La música cesa
en el cuarto beso
que ya desliza
por el tercer lunar
de mi espalda,
ignoro las horas pasadas,
ignoro las melodías sonadas,
sólo sé que me perdí
en tus manos
y amanecí
en las sábanas sedosas
de tu Alma.

© mm65  Rafi Guerra,   poeta cordobesa 1965

 

A través del viento

MujerVIENTO

Como la tierra seca
espera
que una lluvia estrepitosa
se estrelle
y riegue
en sus entrañas;
del mismo modo
mi alma te anhela
y te extraña…

Así como el soneto
necesita
de cuartetos
tercetos
y de una configurativa
rima
en sus versos
o como el ave aprisionada
que agitando sus alas
dentro de la jaula,
se transporta
con el saludo mañanero
y libre
del benteveo…

Así te necesito
y te siento,
imagino
aunque no estés conmigo
que me llamas,
que gritas mi nombre
en mi oído

y me llevas contigo
a través del viento…

Adolfo César Marcello (NAZARENO)

Tucumán – Argentina

De senectute

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Mujer sentada en la puerta de su casa en Guijo de Galisteo (Cáceres) / Vicente Elizo

Cuando yo era muy niña
las viejas se peinaban como diosas.
Me gustaba acercarme y contemplar
el sencillo ritual de cada día:
las viejas, sentadas a la puerta,
esperaban tranquilas a sus hijas
que llegaban alegres, bulliciosas,
a deshacer el moño del día anterior.

Con la mirada absorta de la infancia,
observaba caer los escasos cabellos
sobre los hombros secos y la espalda abatida.
Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro
con los ojos cerrados
y no podía yo quitar mis ojos
de la piel transparente de sus sienes,
de la azulada red de duras venas,
de los largos mechones apagados.

Así avanzaba otro día,
se tejían las trenzas con esmero,
se trataban asuntos de mujeres,
a veces susurrados,
a veces relatados con viveza,
mientras peinas y horquillas
flotaban en la blanca palangana.

Cuando yo era muy niña
las viejas iban siempre de negro
y vivían
cara al sol en silencio y con los ojos cerrados,
y se peinaban
como si fueran diosas.
Pero aquel elegante recogido que tanto me gustaba
acababa cubierto por un pañuelo negro,
un día más, oculto.
un día más, perfecto.

De “Ningún mensaje nuevo” Editorial Hiperión 2008

Irene Sánchez Carrón poeta nacida en Cáceres 1967

Carpe Diem para un amante indeciso

Eros and Psyche -1
Psyche and Cupid de Antonio Cánovas

No entiendo tus palabras
ni los goces que ofreces

siempre para más tarde,
siempre un poco más lejos,
como una cena fría
tras el castigo impuesto.

Sólo sé dar razón de aquí,
de este momento,
de tus labios frutales
saliendo del invierno,
de mis manos hambrientas
rebuscando en el fuego,
del sabor de tu espalda
cuando empieza el deshielo.

Gocemos todo aquí,
si puede ser ahora,
lo presente y concreto,
lo seguro y lo cierto,
los placeres del alma
con el cuerpo.

No entiendo tu lenguaje
de promesas al viento.

Sólo quiero saber:
¿te quedarás más tiempo?

 

Irene Sánchez Carrón, poeta nacida en Cáceres en 1967

Me sorprendió el verano traicionero…

Otoñoinvierno

Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.

Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.

Suelta la vida al viento falsos lazos:
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.

Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

Antonio Gala, (Brazatortas, Ciudad Real, 2 de octubre de 1930, aunque cordobés por adopción)​ es un dramaturgo, escritor, poeta, guionista y articulista español.