“THEO”

huella

Cuando fui consciente de que Adán era el dios absoluto,
quité, a toda prisa, el seguro de mi mala hostia.
¡Para siempre!

***

Dramáticos sembrados:

Hay órdenes infames,
disparos desgarrados a las almas,
anaqueles de espanto.
Auroras genuflexas, flageladas.
El llanto del pecado.

Muros de la vergüenza enaltecidos,
sayones enlutados,
guadañas purpuradas,
abyectos oropeles coronados.

Vuelos de golondrinas mutilados:

El estertor helado del océano.
Las olas “obstinatas” de los mares
pudriendo la inocencia de los cuerpos.
Pateras carcomidas en las playas
sedientas del olvido.

Dorados paraísos en las sombras:

Deidades de la guerra.
Los despachos preñados de sangre.
La pulcritud senil de blancas manos
sellando las tragedias,
signando a voluntad. ¡Sin miramientos!

Descarnado, letal monumento.
El atrio de la noche en el gran templo:
Obscena Wall street, declamando en la risa,
(con)versos de ceniza…

Con el alma alambrada:

En su azul avaricia espinada,
protegido, su aureola cerrada.
No hay duda de que dios existe,
con nombres y apellidos.
Sabemos donde vive.

¡A por él!

Jesús Sahuquillo Amoraga  02-05-2016 (Ciudad de Valencia)
-Derechos registrados-

Imagen: Hermín Abramovitch

 

Ahora

manoHojasContraluz

Me has enseñado a respirar.
Juan Gelman

Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
Y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

Porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
Donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

Y sé llamar las cosas
De modo que estas salten, se desnuden
Y todo sea reciente
Para mis ojos que aman en tus ojos

Porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
Y mi sangre palpita como una iguana abierta

Porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
Y nace una piel nueva que derrota el verano

Porque me has enseñado a respirar.

Poema de Piedad Bonnett, poeta colombiana 1951

Nocturno

mirando la luna

Mi noche es como un valle reluciente de huesos.
La piel, arena, sílice. Los labios, agrietados.
Una cruz de ceniza sobre el vientre desnudo.
Heme aquí entre malezas, en medio de rastrojos,
muestra de cara al techo de la alcoba,
con la luna bailando en la pupila
y el corazón como una liebre herida
que persiste en vivir. Quizá algún día
un enjambre de abejas fabrique su colmena
cerca de mí. Quizá algún día
me despierte el zumbido de su vuelo
sobre mis ojos, sobre mi garganta
y reverbere el cuerpo, luminoso,
como un mar que cantando alza sus olas.

Piedad Bonnett, poeta colombiana 1951