Porque no hay silencios…

mujer
Óleo de  Mikhail e Inessa Garmash

Porque no hay silencios que mal se entiendan,
si bien se hablan,
me hice entendedor de silencios
para que tú me oigas
y sonrías amplia como una mariposa.
Sólo para tu boca, niña temprana,
se ató ebrio un nudo a mi garganta
y rompió, mudo, el fulgor de mil estrellas.
Luz nocturna, faro de acantilado,
tierna pluma sagaz y bohemia
te alzas trémula y brillante.
Letras con sabor de agridulce Mediterráneo,
mar de mis noches inquietantes,
tú, te acercas como un pajarillo
y sueltas en bandadas tus ojos para escucharme;
me sostienes como la primavera nuevas lluvias
y mi voz se hace cómplice en tus retinas.
Mujer en las mañanas,
caudal nocturno,
carril de huellas descalzas sobre las playas,
también tú, en tus pasos de caracola errante,
cepa muda arraigada a la tierra,
maduraste frutos para entender mis silencios.

Luís Gómez del poemario Silencios de sal

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