A qué apenarse tanto

steve hendersonMujerFelicidad
Obra de Steven Henderson

¿A qué apenarse tanto por las pequeñas cosas?
Guardemos el pesar para lo irreversible.
Si se olvidan los besos y marchitan las rosas,
Soportemos la vida, con ánimo apacible.

Vistámonos con alas de etéreas mariposas,
Soñemos en lo alto la cumbre inaccesible,
Que dejando detrás ideas enojosas
La vida cotidiana será más accesible.

Aceptemos un mundo que sea conciliable;
Un solo hecho cuenta carácter trascendente:
El hecho de no ser, un día, de repente,
Y de decir adiós a todo lo mutable,
Viviendo en armonía, tratando que no estorbe
Nada de lo minúsculo, ante el girar del orbe.

poema de Marilina Rébora, poeta argentina 1919- 1999

Anuncios

Dios existe

benteveo
fotografía de Ana Robino © 

Dos de la madrugada. En trémula zozobra;
Los silencios, vivientes; la oscuridad sin borde;
Cuando la fuerza falta y la tristeza sobra,
En soledad infinita para estar más acorde.

De improviso resuena el son de un benteveo
Con tono tan alegre que regocija el alma,
Y es tal la donosura de su simple gorjeo
Que sonrío, infantil, renacida la calma.

Y digo: Dios existe; es Él quien me conversa
Como a niña medrosa perdida en la espesura,
Para que no me queje sintiéndome en olvido.

La breve melodía, al viento se dispersa.
Y me quedo pensando por tierna conjetura:
¿En qué rincón de cielo habrá colgado un nido?

poema de Marilina Rébora, poeta argentina, 1919- 1999

Cuando me lo contaron…

dolor

Cuando me lo contaron sentí el frío
De una hoja de acero en las entrañas,
Me apoyé contra el muro, y un instante
La conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche,
En ira y en piedad se anegó el alma.
¡Y entonces comprendí por qué se llora!
¡Y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor, con pena
Logré balbucir breves palabras
¿Quién me dio la noticia? Un fiel amigo.
Me hacía un gran favor, le di las gracias.

Gustavo Adolfo Bécquer, poeta sevillano 1936- 1870

La bodega

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
fotografía de María J. Leza ©

Envolvente aroma, opiáceo para los sentidos
donde dejé emociones que se vaciaros a solas
por las tintas aladas del poema.
Bodega, rincones a media luz custodian
esa paz que nos niegan otros lares.
Un paseo entre botas, toneles y duelas consumidas,
es zambullirse en un cuento templado
sobre albero, donde solo se oye silencio y música.
Donde planea el poder creativo del subconsciente. Matices que hacen sentir al hombre más espiritual,
más que donde brota el íntimo color de sus creencias.
El cuento acaba y sigues ahí metido,
absorto y melancólico.
Si no suena el letal e inoportuno rugido de la calle,
aún estoy alucinando, leyendo mentalmente
la obra del padre, tu padre.
Mis vítores se elevan hasta más allá de la conciencia,
allí a donde nacen las historias que nos llenan
la vida del color de aquello en lo que creen los sueños.

© Diego Bardallo Méndez. Poeta tarteso.