Dios existe

benteveo
fotografía de Ana Robino © 

Dos de la madrugada. En trémula zozobra;
Los silencios, vivientes; la oscuridad sin borde;
Cuando la fuerza falta y la tristeza sobra,
En soledad infinita para estar más acorde.

De improviso resuena el son de un benteveo
Con tono tan alegre que regocija el alma,
Y es tal la donosura de su simple gorjeo
Que sonrío, infantil, renacida la calma.

Y digo: Dios existe; es Él quien me conversa
Como a niña medrosa perdida en la espesura,
Para que no me queje sintiéndome en olvido.

La breve melodía, al viento se dispersa.
Y me quedo pensando por tierna conjetura:
¿En qué rincón de cielo habrá colgado un nido?

poema de Marilina Rébora, poeta argentina, 1919- 1999

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