RIMA XIV

gaetano de martini
En la imagen óleo de Gaetano de Martini 

Te vi un punto y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista clavo,
torno a ver las pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti, que es tu mirada,
unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo los siento que se ciernen,
de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer;
yo me siento arrastrado por tus ojos,
pero adónde me arrastran, no lo sé

Gustavo Adolfo Bécquer, Sevilla 1836- 1870, poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo.

Agua pura

2gotas de agua
Fotografía de Alberto Fernandez Palacio 

De pronto la marea
ensucia con sus náufragos despojos
la espuma del recuerdo. Sin auxilio
nos llega la resaca de las dudas
y agita nuestro instante rezumando
su ruina de palabras desdichadas.

Sigamos la deriva del presente
la errónea tempestad de lo improbable
revuelve el agua pura de los días
y enturbia en su temor ensombrecido
el mar descomunal de nuestro abrazo.

No dejes que nos ciegue este horizonte
que ofrece sus arenas tan diversas.
si alerta su venganza de rompientes
si apremia desfondada hacia el mañana,
aférrate a la tabla del propósito
de ser solo dos gotas de agua pura.

del libro Abajo las persianas

Ritxi Poo nació en Portugalete en 1972. Vive en Bilbao. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto. Colabora en los ciclos de Noches Poéticas y es compositor y cantante en bandas de música como Desperfectos y Leve Rock Band.

Por si la lluvia

 

dance under the rain
“Dance under the rain” óleo de Leonid Afrémov  

Porque llueve te escribo
solamente por eso, por si las dudas.

Porque tiene la lluvia
ese pulso inocente
de la nostalgia.

Su caricia es la lenta
levedad de lo efímero.

y su calma nos limpia,
besa mansa la frente
resignada del alba
sofocando el empuje
de la ciega rutina.

Pero también
su ternura nos postra,
delicada nos rinde
la mirada perdida
por la acera encharcada
de la desgana sucia.

Y por eso te escribo
porque llueve tan solo,
por si las dudas.

Su artimaña es de lobo
con la piel de cordero
que le aúlla a la luna
en mitad de la calma.

Y después de marcharse
rencorosa nos deja
su recelo inclementes
su humedad tan confusa.

Y por eso te escribo,
nada más que por eso,
por si la lluvia.

del libro Abajo las persianas

Ritxi Poo nació en Portugalete en 1972. Vive en Bilbao. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto. Colabora en los ciclos de Noches Poéticas y es compositor y cantante en bandas de música como Desperfectos y Leve Rock Band.

 

Cuando muere un poeta

despedida

Cuando muere un poeta no pasa nada, apenas ni nos damos cuenta,
ni la lluvia queda quieta,
ni las estrellas se descuelgan,
ni los niños dejan de jugar a la rayuela.
Nada. No pasa nada.
Todos los días nos morimos.
Limosneros de pan y de ternura,
dejamos la vida como si tal cosa.
Como dejamos los poemas sobre mesas,
o en paredes o en plazas donde se amontonan
las huellas de los besos y de las quejas.
No pasa nada cuando nos morimos,
porque somos muchos muriéndonos clandestinos,
en lugares sombríos de humanidad,
porque somos tantos,
tantos los poetas que vamos muriéndonos
huérfanos, errantes, solitarios.
Amados desde distancias remotas,
odiados por tener voz y estrofas,
aislados en un mundo hostil que
nos lleva de cabeza.
Nada pasa, nada.
O sí pasa.
Ocurre que si muere un poeta
cerca del fuego y de las lágrimas,
cerca de la sequía y de las guerras,
cerca de la memoria y de las picanas,
la muerte secuestra una garganta insomne.
Cundo muere un poeta y muere gritando a la barbarie
calla la voz vigilante de quien quiso vivir

en pie,
en paz,
eternamente.

Silvia Delgado Fuentes, poeta vasca (1968)

 

María Expósito

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“Maternité” Óleo de Maurice Asselin 

María Expósito nunca fue propietaria de cucharas repletas,
fue dueña de todos los horrores con los que la pobreza obsequia,
fue madre pero madre harapienta.

Condenada a vivir sin armisticios
no miró dormir a sus hijos
y se alejó goteando su jornal y su decencia.

Deshilachadas alpargatas arrastran tristezas,
sucio el delantal de impotencia
y el llanto azul de los niños
que la persiguen presagiando soledades y miseria.

María Expósito aprendió a hacer con su dolor remiendos,
aprendió a no dormir por temor a los deseos
aprendió a sollozar en secreto
aprendió que si el amor puede arrancarse de cuajo
también el recuerdo
y experta en ausencias
ofreció sus senos espléndidos
a quien quisiera dar, a cambio de leche,
un jergón, una hogaza de pan seco
y silencio.

María Expósito amamantó a niños risueños.
Quiso quererlos
pero le lastimaba el territorio que pertenecía a otros dueños.
Mientras alimentaba hijos ajenos
ella viajaba lejos,
allá donde otros niños apuestan por su regreso.
Después, con el bebé satisfecho,
guardaba los pechos,
las canciones,
los sueños.

María expósito murió una tarde de invierno.
Murió con los pechos resecos,
con su dolor completo.
Murió sin decir nada,
ni un solo niño rico agradeció el alimento a esta mujer callada,
ni un solo niño rico la reconoció mendigando, anciana.

María expósito murió aquella tarde helada,
vestida sin pulcritud,
con su muerte solitaria.
María expósito, una mujer entre tantas.

del libro  “las cuarenta chimeneas del infierno”

Silvia Delgado Fuentes, poeta vasca (1968)