Oigo el mar

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Le Penon en Francia, fotografía de María J. Leza © (todos los derechos reservados)

Oigo el mar,
como la vida,
una maraña de cabello en mis ojos desorbitados.
Me doy cuenta, me hago la pregunta a la indisciplina de la respuesta.
Me hago una muerte en los ojos cerrados.
Caigo en la cuenta.
Quiero proteger un suspiro, las horas,
quiero navegar en la espuma de la playa sin nombre.
Quiero seducirme en tu cuello,
en tus brazos,
los brazos del abrazo y de la respuesta a cualquier clase
de amor que no lleve a la desesperación.
Que no lleve al letargo. A la frialdad del propio destino,
de no saber, de no querer, de no decir,
pronunciar, disparar,
olvidar, doler, seducir, soñar…
El sueño es como un arrecife de historias dormidas
en rocas serpenteadas por ruidos del ser…
Querer ser, querer ir, simplemente querer…
¿Y en la madrugada? Como el náufrago.
Acércate. Es un susurro. Mi voz, se descuelga del teléfono
en un páramo,
en la vieja arena de un gladiador
el que me tensa el cuerpo, y me incita,
a perder una condena,
a ganar una sentencia,
menospreciar la quietud, que no tengo.

Texto tomado del poemario Paisajes de una Dama, 2013

Isabel Rezmo

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