Bajo tu clara sombra

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“relajación” óleo de Vladimir Volegov

Un cuerpo, un cuerpo solo, un solo cuerpo
Un cuerpo como día derramado
Y noche devorada;
La luz de unos cabellos
Que no apaciguan nunca
La sombra de mi tacto;
Una garganta, un vientre que amanece
Como el mar que se enciende
Cuando toca la frente de la aurora;
Unos tobillos, puentes del verano;
Unos muslos nocturnos que se hunden
En la música verde de la tarde;
Un pecho que se alza
Y arrasa las espumas;
Un cuello, sólo un cuello,
Unas manos tan solo,
Unas palabras lentas que descienden
Como arena caída en otra arena.

Esto que se me escapa,
Agua y delicia obscura,
Mar naciendo o muriendo;
Estos labios y dientes,
Estos ojos hambrientos,
Me desnudan de mí
Y su furiosa gracia me levanta
Hasta los quietos cielos
Donde vibra el instante;
La cima de los besos,
La plenitud del mundo y de sus formas.

Poema de Octavio Paz, poeta mexicano 1914-1998

en la imagen “relajación”, óleo sobre lienzo de Vladimir Volegov 

La niebla

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fotografía de María  J. Leza ©

LA NIEBLA es frontera,
guarida del bosque.
Punto cardinal
que abriga la tierra dividida.

EL VIENTO raspa
con la insolencia de una flauta desafinada.
La helada paraliza las frecuencias
perimetrales del pulso acompasado
al galope del desvelo
de los sueños enmarañados.

El aliento del invierno
enfría los riachuelos sanguíneos,
coagula como hojas en el charco
los pasos perennes hacia el cementerio.
Hay un momento en el que las manos
dejan de emanar cobijo, el eje de presencia.

El viento es la bufanda
de la aldea. El abrigo
que limpia las malas hierbas
enterrándolas en tierra yerma.
Es el habla que emerge
desde los metacarpos que rasgan
el bosque enfermo,
en el interminable poso
de los latidos enfrascados en latas de conserva
que son ataúdes sin fecha
escondidos en las despensas
donde se resguardan las almas solitarias.

Los espíritus errantes.
El cobijo de la arruga.
Es la frecuencia del grito ahogado,
del sollozo del recién nacido
que no llego a tiempo a su destino prescrito
por la cuaresma.

Hasier Larretxea, poeta nacido en Arraoiz, Navarra, 1982

Del verdecido júbilo del cielo

 

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Pintura de Vladimir Volegov

Del verdecido júbilo del cielo
Luces recobras que la luna pierde
Porque la luz de sí misma recuerde
Relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
Mueve las hojas y su lluvia verde
Moja tus hombros, tus espaldas muerde
Y te desnuda y quema y vuelve hielo.

Dos barcos de velamen desplegado
Tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente.
Tu cuerpo da su enamorada suma.

Octavio Paz. poeta mexicano 1914-1998

En la imagen óleo de Vladimir Volegov