Cancamurria

consue

Mientras un perro juega
mis párpados se van aplomando.
Sus pezuñas rascan la alfombra
llenando de recreo su dejadez.
La mía se cubre de cancamurria,
cuerpo desangrandose en sueños
adormilados en la almohada
donde la cabeza está presa en calma.
Máscara de hastío rubricado
en aliento de voces
que no alteran las venas.
Ahora el amor habla con la resignación
del que no tiene nada que perder
y mucho que ganar, la sonrisa
la mirada, la mano, la piel
de lo que viene siendo noche día
en la sombra del crujir
de los huesos del tiempo.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961

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