Divagación

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obra del artista austriaco Christian Schloe 

Si yo no hubiera sido….
¿qué sería en mi lugar?

¿Más lirios o más rosas?
0 chorros de agua
o gris de serranía
o pedazos de niebla
o mudas rocas…

De alguna de esas cosas, la más fría
me viene al corazón que las añora.
Si yo no hubiera sido,
el alma mía repartida
pondría en cada cosa una chispa de amor…

Nubes habría
más que otras nubes lentas…
(¡la nube que podría haber sido!…)
¿En el sitio, en la hora de qué árbol estoy,
de qué armonía más asequible y útil?

Esta sombra tan lejana parece que no es mía.
Me siento extraída en mi ropaje
y rota en las aguas,
en la monotonía del viento sobre el mar,
en la paz honda del campo,
en el sopor del mediodía!…

¡Quién me volviera a la raíz remota
sin luz, sin fin, sin término y sin vía!

Dulce María Loynaz. (1902-1997), escritora cubana, considerada una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. Mereció el premio Miguel de Cervantes en 1992.

Peso ancestral

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Detalle del cuadro ” El descendimiento” de Rogier Van Der Weyden 

Tú me dijiste: no lloró mi padre;
tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
no han llorado los hombres de mi raza,
eran de acero.

Así diciendo te brotó una lágrima
y me cayó en la boca; más veneno
yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño.

Débil mujer, pobre mujer que entiende,
dolor de siglos conocí al beberlo.
Oh, el alma mía soportar no puede
todo su peso.

Alfonsina Storni, poetisa y escritora argentina del modernismo. 1892-1938

Haré como los árboles

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en la imagen Juan Goñi junto  al roble de Orkin, fotografía de Felipe Noguera

Haré como los árboles.

A veces soy alma enamorada, como tú te enamoras en primavera, del viento suave y de los trinos, y saco mis hojas al sol, y acepto tus caricias cálidas que hoy apenas recuerdo.

A veces soy fértil y aposento nidos en mis ramas. Y nacen aleteos, y tañidos, y canciones silbadas entre los peciolos y las brozas, entre mis troncos, entre mis cepas y sarmientos. Y deseo amaneceres y mediodías, y ocasos y noches porque estoy en el mundo y todo me deleita.

A veces soy otoño en tus ramas y desvíos, y me hundo libre y deliberadamente en los matices de la melancolía, naufrago en la nostalgia y quemo mis naves para nunca más volver.

A veces soy invierno, desnudo y acatarrado, suspendido en el tiempo y holgazán, pensativo. Se me viene el miedo en bandadas, como hormigas de desasosiego que me suben por todas las cortezas mojadas; por todas las certezas apagadas y marchitas. El meollo se me cae y te olvido. Se me ahogan los conductos, se me atascan las acequias y la vida es una soga amarrada al cuello, una soga que aprieta fuerte.

A veces resurjo de mis raíces empujando, y me levanto a la vez que el sol, ansioso por ver el mundo desde arriba. Y entonces pesa poco mi sustancia, y cargo con ella sin lastre ni cansancio.

Hay veces, pocas, en las que pierdo pie y me resbalo. Y no hay ya suelo ni tierra a la que sujetarme. Y escarbo y no te encuentro. Y me quebranto y me desmayo, y un terremoto inmóvil vacía mis ramas y desgarra mis raíces. Aterrorizado, no sé hasta dónde me lleva este declive, y no tengo brazos para parar la caída. Y me derrumbo con mis musgos y mis aves, y mis canciones se transforman en aullidos que se me estancan en las gargantas de mil bocas desnutridas. Y trato de no caer sobre mi estirpe. Pero caigo; sin dominio, sin mando y sin gobierno.

Hay veces que reposo, derrotado pero libre, caído entre la hojarasca de mil otoños por llegar. Y me dejo decorar de verde, y se me suben las setas por la cara y por las manos quietas. Soy refugio de caracoles, soy árbol muerto que vive en las entrañas. Soy cadáver longevo de un gigante con pies de barro. Soy silencio eterno, sin distracción. Soy máscara inmóvil a la que le late el corazón demasiado fuerte. La savia se me escurre por los ojos y por los poros, hemorragia sin fin para un final que no lo es pero que a menudo lo parece. No se sujeta el sol y se me cae a los pies de mis horizontes infinitos. Y ya no hay ni bosques ni estirpes ni trinos. Solo el tiempo que gobierna y transcurre y va pudriéndolo todo. Y entonces quisiera ser solo tierra, volver a ser solo tierra olvidada y profunda.

Soy todas las vidas de un árbol. Pero se me perdió la primavera. Quizá anduve derrochando.

Ayer estuve escudriñando el viejo y ajado calendario malogrado. Y el año se acaba este año.

Volveré al principio. Eso al menos es lo que hacen los árboles.

Juan Goñi

Foto: El que escribe, junto al impresionante Roble de Orkin, por Felipe Noguera.

Música: Lito Vitale, “Los instantes recordados”… esa canción que tanto dice de mi:
https://youtu.be/dHpKUGPlYHI

Que nadie te corte las alas

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Si volar pudieras
vuela bajo
para rozar las flores
y aspirar su aroma.
Vístete de blanco
con la flor de los almendros,
sacia tu sed
con las lágrimas del alba.
Emprende vuelo largo
y calmado,
dulcifica lo amargo
y saborea lo dulce.
Seduce a la noche
con cantos exóticos,
amilana a las sombras
con destellos de alas.
Si volar pudieras…
vuela alto,
para codearte
con altivas estrellas
y conversar con la luna.
.
Si volar pudieras…
Sueña… sueña…
.
Poema de María J. Leza ©

Sábado

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obra del artista Vladimir Volegov  

Me levanté temprano y anduve descalza
por los corredores: bajé a los jardines
y besé las plantas
absorbí los vahos limpios de la tierra,
tirada en la grama;
me bañé en la fuente que verdes achiras
circundan. Más tarde, mojados de agua
peiné mis cabellos. Perfumé las manos
con zumo oloroso de diamelas. Garzas
quisquillosas, finas,
de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
que la misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
fijos en la verja.
El reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
comedor en sombra; manos que aprestaban
manteles.
Afuera, sol como no he visto
sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja siguieron mis ojos,
fijos. Te esperaba.

Alfonsina Storni, poetisa y escritora argentina del modernismo. 1892-1938

Mudar de piel

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Lo difícil es mudar de piel
la primera vez.
Después…
Oteas como un diafragma fotográfico
el cuerpo, su intemperie
luego las clandestinas caricias
las voces en murmullo,
los besos tras la puerta
que te obligan a buscar una isla blanca
en marejadas de olvido.

Al mudar de piel vuelves a sentir,
te izas como vela.
En tus sábanas blancas
el mundo es tuyo otra vez.

Lo más difícil es arrancar raíces,
dejar trozos del rompecabezas.
No colgar el bolso de cuero
cuando ves la cama vacía…

Sabes que emigras a una nueva piel.

De “La spirale du feu” 1999
Ed. L’Harmattan, París

Lina Zerón, poeta y novelista mexicana nacida en Ciudad de México en 1959.