Canción de mediodía

rostro triste

Uno, a veces, quisiera no haber sido
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
el rostro del dolor ante el espejo,
surcado por la angustia, castigado,
perdidos los encantos y el cabello
del solitario rostro: la tristeza
como una madreselva invadiéndolo todo.

Y uno siente en los huesos que hace frío,
que el brasero no enciende, que en la casa
penetra lentamente el viento de la tarde
como un azogue triste de soledad y desprecio.

¡Qué sola va la vida en ese mediodía
cuando sales al parque deambulando
por tu propio calor como una fiera!

Qué sola irá la vida entre los bulevares
si apenas tu mirada puede ver los azules
presentes que la aurora dejó sobre los árboles.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
la lluvia del dolor por las aceras,
marcado por un rumbo, desterrado,
perdidas la esperanza y la alegría
en los húmedos ojos: la tristeza
como una muchedumbre invadiéndolo todo.

Y uno siente, de pronto, la llamada,
la llamada en los labios, y en los ojos
penetra lentamente el sol de una sonrisa
como la dulce lámpara que salta al corazón.

Uno, entonces, quisiera ser de nuevo
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.