Un poco

Jules Breton, el canto de la alondra
El canto de la alondra (1884). Jules Breton

No podemos cruzarnos de brazos.
No podemos.
No podemos siquiera esperar a mañana.
hay que buscar; hermanos, que buscar enseguida.
Buscar intensamente.
pues algo habrá quedado.
pues de todo queda un poco.
Algo de amor, un soplo de verdad,
un grano diminuto de esperanza,
algún rastro de Dios bajo las nubes.

No podemos seguir con las almas al aire.
Algo tiene que haber en algún sitio.
Pero hemos de buscar.
busquemos todos.
De día y por la noche
y en esa cuarta dimensión del sueño.

Pues algo habrá quedado que nos sirva.
Pues siempre queda un poco
de tierra firme cuando el agua crece.

Buscad conmigo, hermanos. Volveremos la espalda
a los lugares ya contaminados
que nos baten el rencor y nos remueven la cólera.
Pasaremos de largo
junto a las piedras sucias por el llanto y la sangre
bajo las cuales el odio
sobrevive y alienta como un alacrán ciego.

Nos alejaremos de los caminos
que tienen fresco el barro de la huida.
De las angostas calles estriadas
por el puñal de antiguos alaridos.
De las paredes de los fusilamientos
que guardan los impactos y el hollín de la pólvora.
No busquemos tampoco
en las antesalas de los ministros,
en las mesas de los planos de los estados Mayores
ni en las oficinas charoladas
de los hombres que hacen buenos negocios,
ni en la boca de aquellos que dicen
“Señor, Señor” dos mil veces al día
y persignan su frente
con dos frías culebras anidando en sus ojos.

Vayamos a buscar la luz inocente
de las horas primeras.
Vayamos a la sombra del arado,
a la sonrisa de los niños de pecho,
a los cuadernos sin ortografía de los colegiales,
a las alcobas sin balcón ni lumbre
donde los estudiantes ensanchan sus pupilas.
Vayamos a los pies de los Cristos informes
de las viejas ermitas con el suelo de tierra.
A la luz de la lámpara de las madres cansadas
que zurcen calcetines por la noche.
Observemos las huellas
de los que van erguidos
con un fardo cruel sobre sus hombros,
y el hueco de las manos
que siembran y construyen
manchándose y rompiéndose las uñas.

Vayamos. Empecemos ahora mismo.
Buscad conmigo, hermanos.
Porque de todo ha de quedar un poco.
Pues siempre queda un poco de belleza.

Ángela Figuera Aymerich, (1902-1984) poeta nacida en Bilbao, fue una de las principales figuras de los que se denominado Poesía desarraigada de la Primera Generación de Postguerra española.

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