67 Versos en recuerdo de Dadá

flores

El uno se arrodilla dulcemente
el dos tiene las trenzas de papel,
el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el cinco no devora el Firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,
el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,
el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,
el veintiuno cae,
el veintidós espera,
el veintitrés adora los vestidos,
el veinticuatro sabe matemáticas,
el veinticinco magia,
el veintiséis amor,
el veintisiete guerra,
el veintiocho estrellas,
el veintinueve luna,
el treinta tiene garras de cerezo,
el treinta y uno flota,
el treinta y dos destruye los anillos,
el treinta y tres anula los espacios,
el treinta y cuatro ruge,
el treinta y cinco vive lejos,
el treinta y seis conoce la amargura,
el treinta y siete fulge,
el treinta y ocho baja,
el treinta y nueve quiebra torres,
el cuarenta se expresa,
pero el cuarenta y uno tiene páginas,
donde el cuarenta y dos halla su espejo,
donde el cuarenta y tres se desmenuza,
en el cuarenta y cuatro anidan tigres,
en el cuarenta y cinco monumentos,
en el cuarenta y seis hay una espiga,
en el cuarenta y siete distracciones,
detrás vienen cuarenta y ocho pensamientos,
cuarenta y nueve signos,
cincuenta cruces,
cincuenta y una lágrimas,
cincuenta y dos mujeres,
cincuenta y tres desiertos,
cincuenta y cuatro pianos,
para cincuenta y cinco partituras,
para cincuenta y seis sonidos,
cincuenta y siete soles,
cincuenta y ocho perlas,
cincuenta y nueve bocas,
sesenta muertes,
sesenta y una llagas,
sesenta y dos pirámides,
sesenta y tres adioses,
sesenta y cuatro diccionarios,
sesenta y cinco sentimientos,
sesenta y seis recuerdos,
sesenta y siete flores.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

A Gaudí

gaudí
Antonio Gaudí

Relámpago de carne hecha de roca,
gesto de invocación incorporada;
anciano de cristal cuya mirada
parece un girasol de doble boca.

En tu oración la luz se ha vuelto loca
llena de mansedumbre exasperada;
y una tormenta azul, paralizada
se postra a ese alarido que convoca.

Tu arquitectura gime como un bosque
crucificado en furia que no mengua
bajo las destrucciones cenitales.

Yo pido a ese sarmiento que me enrosque
con brasas y zafiros esta lengua
de pecados y cantos capitales.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Flor de almendro

flor de almendro

Y soy también los barcos y el cielo que los cubre
(J. Saramago)

En la primera hora del solsticio,
una arteria de luz roja y mojada
desborda la mañana
sobre el desmayo blanco del último lucero
del frío anterior al día y anterior a la noche
residual de las vísperas.

Se agitan en el monte sus últimas banderas
moradas, las arrastra
un viento ciego y negro.

Como la muerte mínima, como la muerte anónima
que anuncia una campana
con su pena pequeña en la clausura
del huerto monacal en la ciudad antigua
donde tañe la luz con la frialdad del bronce
y el peso del estaño
en sus últimas fugas.

Porque hoy levanta el aire
la sábana callada del silencio
que corta la mañana con cuchillas de escarcha.

El tiempo y el rumor
de las campanas húmedas
flotan sobre la niebla,
bajo el frío que han dejado
las estrellas que han muerto y brillan todavía
en su noche de muérdago, líquida y transparente.

Su silencio es igual que el silencio que tienen
los almendros en flor que el viento blanco arrasa,
la sombra del helecho o la raíz amarga de la ortiga
en el letargo fósil del pez de la memoria.

En la niebla amarilla con lámparas de aceite,
en su antigua penumbra indiferente,
no tiembla ya el paisaje con largo escalofrío,
es tu voz la que calla.

No miras ya el paisaje: eres tú ese paisaje.

 

de La flor de las cenizas. Premio Ciudad de Irún. Fundación Kutxa. San Sebastián, 2007.

Santos Domínguez Ramos, (Cáceres 1955) es un poeta, catedrático de literatura y crítico literario español. A lo largo de su trayectoria ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales. Sus poemas han aparecido en revistas literarias de prestigio, como Turia, Estación Poesía, Cuaderno Ático, Cuadernos del Matemático, Alga, Inuits o Aquarellen Literatura y han sido traducidos a las principales lenguas de cultura. Asimismo, invitado por el Instituto Cervantes, ha realizado lecturas de su obra en las sedes de Budapest y París y en centros educativos de Hungría y Saint Germain des-Près. Creó en 1996 la red de talleres literarios de Extremadura, y fue uno de los fundadores del Aula José María Valverde, que dirigió entre el año 2000 y el 2006

Las señales

mujer-abriendo-puerta

¿Acaso era necesario decir que las señales del amor
eran tan evidentes
como el sello que llevaba en la frente el acusado,
como la ola invisible lamiendo el ala de nuestro
corazón?
¿Acaso necesitábamos preguntarnos qué era lo que
nos acercaba y nos hacía rechazarnos,
serpientes agonizando en nuestro propio laberinto?

Todo nacía de madrugada, con la avidez del que
espera uno y otro día
en silencio la partida, la ruptura del círculo,
el imposible beso de la figura de barro que nos llama.

Todo nacía en verano, donde la realidad y el sueño
se confunden
cogidos de la mano del absurdo, de lo que no es
jamás regreso,
de la siempre partida hacia otra parte.

Día que aguardas el silencio de la luz construyéndote
y llegas atónito ante las puertas que te fueron
negadas.
Irrealidad

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta (¿pero cuál?)
desconocido al que estuve a punto de hallar
tantas veces sin conseguirlo.
La mitad de mi vida lo he intentado.

Nada es real
mundo que se construye como una garra del sueño
higo inmaduro
soledad sola dicha
dicha repetida
(¿de qué color tienes los ojos esta mañana?)

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta (¿pero cuál?)
Extiendo los brazos y te apreso
después desapareces.
Me has enseñado a sonreír
lejano
como si anduvieras en otro país, en otros sitios
donde no estoy

Nada es real
la sombra de nuestros deseos nos hace vivir, arder.
El amor es sucesión de despedidas, trenes,
aeropuertos.
Te pierdo y te encuentro en todas las ciudades,
en las plazas
siempre caminando a la orilla del mar.
Te pierdo en las palabras que no has dicho
amor nunca mío arrebatado prestado
(¿hasta cuándo?)

Nada es real
diciembre se lleva (¿o me trae?) tu imagen.
Sabes a nuevo
a cubierta de barco
a sales marinas
no recuerdo tu voz
(¿cómo es tu voz?)
y tú dices mi nombre
(¿quién me nombra?)

Nada es real
el amor está detrás de cualquier puerta
(¿pero cuál?)

Thelma Nava (Ciudad de México, 25 de noviembre de 1932-Ibidem, 18 de agosto de 2019), poeta, escritora y periodista. Formó parte de los talleres literarios de Juan José Arreola y Tomás Segovia en la “Casa del Lago”, y de los del Centro Mexicano de Escritores e Instituto Francés de la América Latina. Estuvo cerca de los editores y colaboradores de la revista Metáfora y publicó su primera plaqueta de poesía Aquí te guardo yo (1957) en los Cuadernos del Cocodrilo que animaban, entre otros, Efraín Huerta, con quien se casó y a quien acompañó hasta su muerte. Fue cofundadora de la revista El Rehilete, jefa de redacción y después directora de Pájaro Cascabel, miembro del consejo de redacción de Manatí y de la dirección colectiva de La brújula en el bolsillo. Durante algún tiempo ejerció el periodismo cultural en El Día y por esos años, en 1962, se hizo acreedora al “Premio de Poesía Ramón López Velarde” convocado por el periódico Ovaciones.

En el regreso

niña, niebla dorada

Un día quisiera fondear mi nave
y acercarme a nado
como el ladrón que ha olvidado su oficio
Cuando los párpados apretados
retienen las imágenes de los ensueños
Cuando la noche abre sus oscuros brazos
de un silencio apacible

No desearía desviar
los hilos invisibles que el destino
pueda haber trazado sobre el aire
de mi región de origen

Un día quisiera pintar de destiempo
mi barca su obra muerta-viva
Llegar antes de amanecer para escalar
hasta la torre-mirador-buhardilla
Ahondar en las raíces que han crecido
detrás de tu mirada
hasta hacer brotar lo que hay oculto:

En el paisaje de yemas anuladas por las grúas
En la roja traición del tumor en cadena
En el hedor prensil que sirve de alimento
a los dedos que también nos señalan y expulsan
En los rostros carcomidos por el ácido
En la necia posesión que tiraniza
una belleza que hubiera sido
Como una gran compañía redonda
Como las uvas jugosas del tiempo
que aun vacías retienen su dulzura

Y qué daría yo por hallar ese prodigio
que apresar no se deja
Su lecho ilimitado de cristal
sin que nada de ella huya
No temer ya al viento desabrido del invierno
Y tendiéndome en la delicia de la hierba
o sobre las crestas alisadas de alta mar
reconocer lo permanente en esos ojos:

Su duda al elevarse
Como otra forma de saber otro orden
que es seda y es metal y vidrio opalescente
Configurados
por el múltiple rostro de las palabras:
Las mismas que te piensan y alimentan tu pulso
Las que atraviesan cada noche mis sueños
Las que interrogan a quien habita en ellos
Las que rescatan de zonas abisales fósiles
como perlas no ajenas al cuerpo que las forja
Las que dibujan bordados de la idea
de mi pensamiento
en hebras sobre la piel de tu poema
Las que me enseñan los secretos de sus metales
en tu mano junto al fuego en su fragua

Con ellas me he atrevido a jugar esta partida
Azarosa escalera de figuras
con poder de arcanos
Guardianas de una llave antiquísima
capaz de abrir el muro de todo lo certero
que lleva en sí la muerte

Sin ellas qué mineral qué ruinas qué arrecifes
En qué grietas de espejos confundirse
En qué bordes de mil acantilados
abismarse hacia qué esferas penetrar
Su música y cómo renunciar
a pronunciar sus nombres como espadas
de gladiolos de fuego floreciendo
del cristal de las aguas

La nada sin su canto sin su collar de perlas
sin su estela de piélago sin su sal en tu lengua
Llovedme de palabras inundad mis cabellos
Dejadla de alfarera junto a su vidrio hacer
de esta ambigua existencia de lo ebrio: ánforas
que prensen en su vientre los espacios
de otras páginas su respirar
de ojos y de labios
licuados en tu esencia como una creación
de lo que aún desconozco
Como un néctar un silencio nutrido
de rosas-calcinadas y de cenizas-bálsamo
Estremeciendo curando de la fiebre
que exhala su sudor en los espejos
vacíos del poema

Quiero palabras poliédricas de antídoto
inmunizando al alma
de esa vasta anorexia que crece en sus fisuras
Del exceso que se encostra en las máscaras
acumulando el tedio

Dejadla hacer palabras que transformen
en distintas verdades la mentira
Antes que la luz hiera mi incertidumbre
y vele su materia
Antes que emerja su inapelable imagen
y quede desvelada
Antes de regresar de este rincón opaco
de tu laboratorio
Antes que la fugacidad abra su puerta

Antes que nos invada su niebla inexorable

Del libro “Ánforas”, Devenir, Madrid, 2009

Goya Gutiérrez, nació en Cabolafuente, (Zaragoza 1954). Entre 1968 y 1999 vivió en Barcelona, en cuya Universidad se licenció en Filología Hispánica. Ha sido profesora de instituto de enseñanza secundaria en el área de Lengua Castellana y Literatura.

Actualmente reside en Castelldefels y forma parte del grupo de poesía Alga de esta ciudad. Desde el año 2003 es coeditora y directora de la revista literaria Alga, en versión bilingüe (castellano-catalán), que junto a la literatura alterna la publicación de otros lenguajes artísticos como la fotografía, el dibujo o la pintura.

Sus actividades culturales giran en torno a la literatura y más específicamente la poesía, asistiendo a lecturas de libros, tanto propios como ajenos, presentando a poetas, leyendo, y escribiendo tanto en el campo de la creación como en el del comentario textual y crítico.

Poemas suyos han sido traducidos al catalán, italiano, rumano e inglés. Ha sido invitada y ha participado en diversos Festivales de poesía nacionales e internacionales.

Ahora que la noche

Rosa forner
imagen Rosa Forner

Ahora que la noche te pronuncia
se me acabó el silencio.
No se mucho de ti
pero puedes conmigo,
con todos los rescoldos de mi mente,
la oquedad en resistencia, el futuro impreciso.
Has decidido hacer correr las nubes
y en su lugar me has puesto un gran claro azul
delante de los ojos.
Precedes al amor,
eso es infrecuente,
prefieres encontrarte en lo difícil
y compensarte
grabando cercos nuevos
con el agua que tienes en las manos.
Ahora que la noche te pronuncia
y el silencio se acaba
con un concierto de horas de desvelo,
de oídos atentos a la puerta
y temores innatos ,
no me queda ya otra que averiguar que esto
que has traído contigo,
encima de la vida ,copando lo perenne,
que casi no me duelen estas llagas de ayer.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.

El tierno

espalda hombre

Él tiene sus modales

Para decir amor
no dice nada

Lleva las comisuras de mis labios
fuera de su cuerpo
Tiene palabras que me hacen falta
Hace del amanecer un deseo

Me sonroja y se marcha
con una sed que no le pertenece

Lleva algo de mi aire en sus pulmones

Trae animales en su boca
que comen cuando lo beso

Yo lo ando sin culpa
lo hago tierno en mis oficios.

Gabriela Rosas, 1976, poeta y narradora venezolana

La ausencia

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obra de Nacho Puerto

La ausencia es una mano ya perdida,
la línea desunida en el paisaje;
son transparencias blancas que se alejan,
todavía un sonido de silencio.

Los ojos están lejos en el fondo,
las palabras perdieron la razón.
Los jardines de sombra se adelantan,
rosas en desvarío las promesas.

Los acordes de bruma se intercalan.
Ya no existen secretos en el valle
azul del pensamiento que desciende
por los cauces glaciales de lo no.

La ausencia es como un cielo sin color,
sin nubes o sin mares que cubrir.
La ausencia es una mano abandonada
en un acantilado gris que piensa.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Fábula

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“No probarás varón en 40 días” te dijeron.
Y habrás de recorrer la ciudad
con tu sangre guardada como ánfora de vino,
testimonio de estos días en que no dejas
abandonada tu tristeza
a la orilla de ninguna playa.

El viento no circula porque le está prohibido.
Te tiendes a la orilla de tus muslos
y ves pasar la vida y el sueño del inválido
y la loca carrera de la primavera
que todavía cree en la sombra del dios.

“No probarás varón en 40 días”
mujer de sangre dulce y tierna,
amarga y dolorida
como la voz del hambre.
No habrás de incrustarte en ninguna mirada
ni esperarás amanecer en compañía,
mujer que conoces el secreto del olor de la lluvia sobre la piedra
y la morada de los pájaros amigos de tu ventana.

Vencerás el plazo de la sangre enajenada,
recuperarás el cuerpo de nadie.
Recobrarás tus brazos
y tu voz de mujer
y tu amor de mujer sobre la tierra.

Thelma Nava (Ciudad de México, 25 de noviembre de 1932-Ibidem, 18 de agosto de 2019), poeta, escritora y periodista. Formó parte de los talleres literarios de Juan José Arreola y Tomás Segovia en la “Casa del Lago”, y de los del Centro Mexicano de Escritores e Instituto Francés de la América Latina. Estuvo cerca de los editores y colaboradores de la revista Metáfora y publicó su primera plaqueta de poesía Aquí te guardo yo (1957) en los Cuadernos del Cocodrilo que animaban, entre otros, Efraín Huerta, con quien se casó y a quien acompañó hasta su muerte. Fue cofundadora de la revista El Rehilete, jefa de redacción y después directora de Pájaro Cascabel, miembro del consejo de redacción de Manatí y de la dirección colectiva de La brújula en el bolsillo. Durante algún tiempo ejerció el periodismo cultural en El Día y por esos años, en 1962, se hizo acreedora al “Premio de Poesía Ramón López Velarde” convocado por el periódico Ovaciones.

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo

juan eduardo cirlot
Juan Eduardo Cirlot

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo
la celeste blancura del pantano
desnudo bajo el campo con relieves
y circundado por el verde fuego.

No muy lejos el mar y las estrellas
en las arenas grises de las nubes.
Manos entre las piedras con las olas
y tus ojos azules en las hierbas.

Las alas se aproximan. Descomponen,
perdidas en las páginas del bosque,
Bronwyn, mi corazón, y cenicienta
sobre la tierra negra y en los cielos.

Triste, mi corazón, como los ángeles

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos, que sigue reeditándose con éxito.