Carta

woman-2877322_640
A ti, que serás siempre La Ignorada,
a ti, qúe llegaste a quién sabe qué lugar
cuando yo acababa, ay, de salir de él,
o perdiste aquel tren, no sé cuál, que te hubiera traído
al centro de mi vida,
o estabas en un banco de algún parque
un día que yo no quise pasear entre las hojas verlenianas,
a ti,
por la chacarera de tu mirada que nunca he visto,
por ese corazón que desconozco y es como una playa de
setiembre,
a ti, por todo lo que me habría obligado a amarte,
a ti, que me habrías amado hasta nunca,
que ahora puedes estar llorando
en la luz fría de una habitación de hotel,
o con tus hijos en el British Museum,
o ves el arco iris en una telaraña,
o piensas en mí sin saber que soy yo,
a ti, retrospectiva, condicional, perdida,
dondequiera que estés,
este poema.

De “Curso superior de ignorancia”

Miguel D’Ors (Santiago de Compostela, 1946) profesor y poeta español. Hijo del jurista Álvaro d’Ors y nieto del escritor Eugenio d’Ors. Su poesía es elogiada por la conjunción de un perfecto dominio técnico de las formas poéticas con la renovación de una temática (biográfica, religiosa, política, elegíaca) en principio calificada de ‘tradicional’. Su obra ha influido en numerosos poetas jóvenes. Se le ha incluido en diversas antologías. Ha sido traducido al inglés, francés, portugués, alemán, ruso, armenio, polaco, italiano, eslovaco y checo.

Obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Navarra, donde trabajó como profesor entre 1969 y 1979. Desde 1979 fue profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada, donde se jubiló en 2009.

Ha publicado trabajos de investigación en Literatura Española, especialmente sobre Manuel Machado y poesía española actual. Es autor de tres volúmenes misceláneos: Virutas de taller, Más virutas de taller y Todavía más virutas de taller, con reflexiones ensayísiticas.

Otro país, otro paisaje…

piedras

Otro país, otro paisaje,
otra ciudad.
Un lugar desconocido
y un cuerpo desconocido,
tu propio cuerpo, extraño
camino que conduce
directamente al miedo.
El cuerpo como otro,
y otro paisaje, otra ciudad;
atardecer ante las piedras
más dulcemente hermosas
que has visto,
piedras de miel como luz.

De “El tercer jardín” 1986

Olvido García Valdés, nacida en Santianes de Pravia, Asturias, en 1950.

Ya nunca volveré a la claridad

hombre baila

Ya nunca volveré a la claridad
y nunca olvidaré que la alabanza
es siempre una expresión de la esperanza
en medio de la herida oscuridad.

Ya nunca dejaré mi soledad
por ver si la pasión que a mi me alcanza
prosigue en otra rosa lontananza
y no maldeciré mi enfermedad.

Ser diferente a todos es victoria
que se puede pagar con sufrimiento
al margen de las hojas de la gloria.

Ser diferente a todos es un don.
El mundo es un relámpago, momento,
en el que solo soy donde no son.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos, que sigue reeditándose con éxito.

Introducción

desmotivacion_y_apatia1

Todos los pasos tienen la forma del pasado,
la forma de las formas donde todo se muere
cayendo en su recinto de plata desbordada,
elegida en el borde de las sombras azules.

Debajo de los días de mis contestaciones
a todas las murallas que la noche reparte
en torno a mi tristeza de roto alucinado
donde el sol no golpea con sus labios en flor.

Debajo de esas causas de elemento remoto:
de esos pasos perdidos que mis manos soportan,
escribo dulcemente con el rostro vertido
hacia la extensa tierra que se eleva ante mí.

Es una tierra lenta de rosas muy oscuras,
una tierra de nombres y puñados de vidrio,
una tierra de grana con estaño incendiario,
una tierra de paja con trenzas de aceite.

Todos sus movimientos me consultan ardiendo,
todas sus invasiones se me acercan de pronto;
cuando de mi agonía resurjo hacia las calles
y paso por mis sangres escucho sus lamentos.

Voy a estar concordando las cuerdas de esa luz
que el aire petrifica rondándome los ojos.
Voy a poner sus arpas encima de mi mesa
donde escribo despacio su forma desgraciada.

Son rediles de polvo mezclado con topacios,
pescados hacinados sobre la cal deshecha
son hombros de jacintos y caderas de sábana
donde todo amontona su rumor de maderos.

Todos los pasos tienen la forma del pasado;
de un pasado sin boca para besar la orilla
de otra existencia hermosa que nunca se ha tenido
a pesar de las fiestas del corazón en llamas.

Entonces a lo largo de mi paciencia nacen
las tibias caravanas de las blancas cisternas,
los amores redondos de los pozos ocultos,
las banderas inscritas en le mármol salvaje.

Miro con mis recuerdos la zona de ese campo
en el que un gran sollozo persiste de rodillas.
Desde la tarde o noche donde un árbol violeta
esparce su mirada, también contemplo el tiempo.

Miro su vestidura de brillo y crisantemos,
su peligrosa fuerza de ventana cortada,
su pensamiento vivo creciendo con las zarzas
entre las alabanzas de los cánticos solos.

Debajo de esas causas de elemento perdido
hay una tierra suave que palpita ante mí.
Es una tierra echada sobre su propio vientre
lleno de estrellas negras y de voces lejanas.

Cuando todo lo mío se muere y despedaza
partido por el ansia de lo que me traiciona,
del crimen cometido por mí contra mis cielos
yo miro ese terreno de temblor y ternura.

Escribo para oírme vivir sobre sus tersas
orillas renacidas en un sarcófago rojo.
De sus sonidos de oro tomo mis instrumentos
hechos de siemprevivas y cabellos heridos.

Todos los pasos tienen la forma del pasado
donde todo se ahonda cayendo hacia el amor,
que es la perfecta nada de todo lo que canta
con la mirada aguda que el diamante describe.

Ya sé que me repito como un muerto que avanza
desde sus pobres ropas deshechas y en la sombra,
hacia la caja enorme donde el mundo le estrecha
para guardar la esencia de su ser miserable.

No me importa la gloria que grita en las paredes
con garfios de tormento la aurora de los días.
No obstante, reconozco la causa de mi origen
atado a la salmodia de los nombres que crujen.

Debo cantar las ansias de la roca extasiada,
las ansias de los peces que lloran su océano,
las ansias de los signos escritos con zafiros
en las llagas inmensas de las naciones secas.

No me importa la gloria, pero adoro mi voz;
mi voz hecha de torres y relámpagos negros
mi voz de combatiente por una guerra antigua,
mi voz de sacerdote con ojos de jaguar.

Es donde mi tristeza se transforma en países,
en lo que todo estalla en floras de riquezas,
en las que me sumerjo con las venas abiertas
para llenar mi espalda de tatuajes eternos.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 –  11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos, que sigue reeditándose con éxito.

Estoy implicado en algo

jenaro talens

I

Nunca quise ser libre. Sólo hablaba y hablaba
de una confusa libertad. Conozco,
a duras penas, el abismo súbito
que separa un refugio del color del cielo
de este cielo que me cubre con su indiferencia,
mostrando los caminos abiertos ante mí.
Y hoy, primero de abril, bajo la luz de un alba casi amiga
dejo mi casa y mi ciudad, los libros
que tanto amé, las calles, los jardines
y el cuerpo extraño en que busqué mi imagen
sin comprender del todo lo que hacía.
Nada hay atrás que implique una atadura,
quizá algunos residuos de memoria,
algún olor indefinido, un poco
de la nostalgia absurda con que se aparece
cuanto el deseo quiso construir
sin aceptar sus límites inciertos. Esta mañana, al fin
mientras, algo cansado, vuelo entre las nubes,
veo a través de sus resquicios el azul del océano,
la transparencia insólita del aire
y sé que es cierto que soy libre, que
ya no me vivo en nadie, que mi noche
es profunda, y es mía.

II

Supongo que ser libre es estar solo
aceptar la violencia con que la noche cae,
sin otra compañía que la noche.

Nadie depende ahora de mí. No tengo planes.
Tampoco estoy seguro de la eternidad,
pero, conozco, al menos, mis limitaciones.
Sé lo que quise o que fingí querer
manipulando a veces mi memoria.
Y aquí, sentado, espero mi bebida
entre rostros extraños que me ignoran.
Oigo el confuso parloteo de los comensales
y distingo con nitidez una pequeña ardilla desde la ventana.
Juega en el parque, entre la nieve, y no
sabe siquiera que es abril y hace frío.
La luz resbala por sus ojos, como
gotas de lluvia. Abre tu puerta —dice,
y no te ocultes en la oscuridad.
Un falso sol que tiembla en el invernadero
tiñe de azul las lilas y los potos.
Saludo sin pasión a un árbol solitario.
Son malos tiempos para la ternura.

III

Son malos tiempos para la ternura.
Olvida el absurdo vaivén del día y de la noche.
Quédate junto a mí. No tengas miedo.
Sabrás que, al fin, no hay nada misterioso,
cómo y dónde se inicia, tras el maquillaje,
ese monólogo de sombras que llamamos poema.
Yo, que tanto he escrito sobre lo que ignoro,
ya no pretendo comprender. Escúchame,
vivir consiste en enterrar la muerte,
y esas viejas historias, como dijo el anciano,
se parecen tanto todas entre sí.
Tú, viejo profesor, que nada tienes salvo tu deseo,
deja el terror a un lado. Nadie mira.
El mundo es algo ajeno, aunque tu vida esté
sola y desnuda en los escaparates.
Nada de lo que digan eres tú. Ven conmigo.
Andemos juntos esta madrugada.
No hay lugares inhóspitos. El cielo
tan sólo cambia de color, y es dulce, y nos cobija,
y hay tantas nuevas cosas que aprender.

De Tabula rosa

Jenaro Talens, Tarifa, Cádiz, el 14 de enero de 1946.
Poeta, ensayista y traductor, es licenciado en Filosofía y letras por la Universidad de Granada en 1967, y Doctor en Filología Románica por la misma Universidad, en 1971, con una tesis sobre la poesía de Luis Cernuda.
Ha traducido entre otros a: Samuel Beckett, Friedrich Hölderlin, Johann Wolfgang Goethe, Herman Hesse,Wallace Stevens, William Shakespeare, T. S. Eliot, Bertolt Brecht, Rainer Maria Rilke, Ezra Pound, Seamus Heaney y Derek Walcott.

Aquella música que nunca…

lluvia, olas

Aquella música que nunca
acepta su armonía es armonía:
arpegios que se miran en la luna,
trinos que se regalan el oído
son sucia miel, no música

Tienes ejemplos en las olas
que saben que su próxima batida
en el acantilado no es la última
ni la mejor de todas
y en la lluvia
que da su aroma a tierra agradecida
y no puede sentirlo

De la lucha
contra tus propios ídolos
nace toda, la única
armonía celeste: lluvia, olas
son insatisfacción, son melodía,
inagotable música.

De Definición de savia

Anibal Núñez (Salamanca, 1944-1987) Estudió Filología Francesa en la Universidad de Salamanca. Abandonó la actividad docente en 1978. A pesar de su muerte temprana a la edad de 43 años, dejó una importante obra poética y un gran archivo de traducciones de poetas como Rimbaud, Mallarmé, Nerval, Eugenio de Andrade, Catulo y Propercio, entre otros.

Cuando llegó la noche

mujer flores blancas
Cuando llegó la noche
hubiera sido hermoso
extraviarse hasta el alba
por este laberinto
de la ciudad antigua;
pero me dejó quieto y mudo
un leve rumor de agua en la fuente,
unos peces dormidos en el estanque
y las hermosas piedras
de fuego silencioso
que ardían, que ardían.

Luego, hubo un silencio
cuando los dos rostros
se fundieron en uno
en el instante de la despedida:
en una sola imagen de humo,
como el tiempo
también de humo,
que veloz transcurría
y se nos escapaba.

Esta noche, pon el ramo de azahar
que dejé en tu mano
en la almohada,
junto a tus ojos.
Mientras duermas,
su aroma borrará la distancia
y te traerá de lejos una mano:
la que no fue capaz
de posarse en tu rostro,
de posarse en tu rostro.

Antonio Colinas, 1946 La Bañeza, León. Poeta, novelista, ensayista y traductor español. Ha publicado una obra variada que ha recibido, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura en 1982.

Límites de la representación

jorge cardozo de lamar de espaldas 2010 2 portalguarani
Obra de Jorge Luis Cardozo de Lamar

El mar, incomparable.
El oleaje quieto de tu desnudez
golpeando con calma este silencio
en los acantilados de mi excitación.
El cuarto está tranquilo. No hay fronteras.
Miro el escueto resplandor del día
desperezándose sobre tu piel.
Dormida,
sabes de los vestigios donde se disuelven
la tormenta y su furia. Justo al filo del alba.
Nunca los cuerpos solos en su soledad,
siempre aislados en la multitud.
Te escucho respirar, tan lejos y a mi lado,
como el agua que muere,
libre en la voluptuosidad de tu deseo
vuelta espuma sin nombre,
en la desierta arena del amanecer.

II
Yo inventé nombres para ti,
tú, la aún no nacida,
la oculta por un nombre que no quise ver.
Esperé mucho, demasiado tiempo
para poder sentir
desde el silencio ahora inevitable
el rumor de mi cuerpo junto al tuyo,
este mar sin fronteras
donde navego al pairo y busco naufragar.
Yo inventé nombres para ti,
como otra forma de caricia.
El alba es ya conciencia
y nos acoge. Ven,
acércate. No hay nada
como saber que el mundo es un sendero
y nos invita a caminar.

“La mirada extranjera” 1984-1985

Jenaro Talens, Tarifa 1946

Tu ciego corazón me pertenece

michael-inessa-garmash-
obra de Michael e Inessa Garmash

Tu ciego corazón me pertenece
y tus manos azules como rosas
y las oscuras noches que padece
tu luna de blancuras tenebrosas.

Tu ciego corazón se me aparece
en un bosque de rayas dolorosas.
Todo en tu derredor es luz que crece
dorando las nostalgias de las cosas.

Tu ciego corazón hacia el que sube
el humo de mi amor desenterrado
entre jazmines tristes por ser flores.

Tristes como la impermanente nube,
como la adolescencia en lo quemado,
tristes como tu sol en sus terrores.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos, que sigue reeditándose con éxito.

Como el agua

La imagen puede contener: exterior y naturaleza

Como el agua
se afana
callada
bajo el trigo,

como la tierra,
humilde,
elabora
metales
y eleva
hasta la rosa
la hermosura,

así, de esa manera,
escribirás
tus versos:
sólo en hondo
silencio
germinan
las palabras
luminosas.

De “La música extremada”

Miguel D’Ors (Santiago de Compostela, 1946) profesor y poeta español. Hijo del jurista Álvaro d’Ors y nieto del escritor Eugenio d’Ors. Su poesía es elogiada por la conjunción de un perfecto dominio técnico de las formas poéticas con la renovación de una temática (biográfica, religiosa, política, elegíaca) en principio calificada de ‘tradicional’. Su obra ha influido en numerosos poetas jóvenes. Se le ha incluido en diversas antologías. Ha sido traducido al inglés, francés, portugués, alemán, ruso, armenio, polaco, italiano, eslovaco y checo.

Obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Navarra, donde trabajó como profesor entre 1969 y 1979. Desde 1979 fue profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada, donde se jubiló en 2009.

Ha publicado trabajos de investigación en Literatura Española, especialmente sobre Manuel Machado y poesía española actual. Es autor de tres volúmenes misceláneos: Virutas de taller, Más virutas de taller y Todavía más virutas de taller, con reflexiones ensayísiticas.