Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección;
mil veces ciento, cien mil,
mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Antonio Machado, poeta español nacido en Sevilla en 1875 y fallecido en Collioure, Francia, en 1939. Doctor en Filosofía y letras, fue catedrático de francés en los Institutos de Soria, Segovia, Baeza y Madrid.
Es considerado como uno de los grandes poetas de la lengua castellana.

Tú y yo

Mi casa está llena de mirtos,
La tuya está llena de rosas;
¿Has visto a mis blancas ventanas
Llegar tus palomas?
Tu casa está llena de lirios,
La mía sonríe amapolas.
¿Has visto rondando en mis patios
Ramas de tus frondas?
De mármoles blancos y negros
Tu casa vetusta se adorna,
Y mármoles blancos y negros
Llevan a mi alcoba.
Si luces enciende tu casa
Mi casa de luz se corona.
¿No sientes llegar de la mía
Sonidos de loza?
De día, de tarde, de noche
Te sigo por selvas y frondas.
¿No hueles que exhalan mis labios
Profundos aromas?
De día, de tarde, de noche
Te sigo por selvas y frondas.
¿No sientes que atrás de tus pasos
Se quiebran las hojas?
¿No has visto regadas tus plantas,
De frutas cargadas las moras,
Sin matas las sendas, las ramas
Henchidas de pomas?
Cuidando tu casa en silencio
Me encuentra despierta la aurora.

Cuidando en silencio tus plantas,
Podando tus rosas.
Tu casa proyecta en mi casa
De tarde, alargada, su sombra,
Y nunca miraste sus muros
Cargados de rosas.
Igual a tus patios mis patios
Que surcan iguales palomas,
Y nunca has mirado mi casa,
Cortando mis rosas.
Igual a tus lirios mis lirios
Que iguales octubres enfloran…
Y nunca has mirado mi casa,
Cortado mis rosas…

Alfonsina Storni (Capriasca, 29 de mayo de 1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938)​ fue una poeta y escritora argentina vinculada con el modernismo.

Clavadas como garfios o garras

Clavadas como garfios o garras
a la tierra, las raices se aferran,
permanecen, presencia perdurable,
apariencia de vida tras la muerte.
Doblegadas ramas, derrotadas
aunque no vencidas por el sonoro viento
de la tramontana, aullido y látigo en la noche.
Tronco quebrado, casi astillas,
pero vida aún, todavía vida.
Miro esta tarde su pasivo existir
-tan real-, su terca materia muda,
nostalgia de otra lluvia, sombras de pájaros
en la agrietada madera, casi piedra.
Tanta vida en la muerte o al revés.
Y en su tenaz realidad una sombra nos sueña
o tal vez la soñamos, madera o piedra, ceniza o nada,
permanencia sin pasión ni pasado,
lo que yo podría ser si mañana despierto.

Juan Luis Panero, (Madrid, 1942-Gerona, 2013).

Jarrón y tempestad

Como descenso por la flor desapacible
Todos los equipajes
Más ligeros que la eternidad de las víctimas
Se dispersan en el mar de los astros de lana verde.
Las fronteras, la trompeta arcaica, el río circular
Los veloces juguetes de la felicidad, sobre todo
La unidad del error.
Todo menos frágil que la eternidad de las víctimas.
No ha llegado a la retina el enjambre que anima el amor
Ni el sol bajo el oro místico distante a la pasión de volar.
La circulación del ácido en la heredad florida
El puente de cieno, las bridas del horizonte
que se ciernen sobre la enorme marea en la encrucijada sin tiempo
El leviatán desde lejanas horas
Devorando el vidrio de la caligrafía, sus benditos perfumes.
Todo más espeso que la eternidad de las víctimas.
Tal vez los ellos, tal vez las letras en ese jarrón de flores
Atraviesen el sueño del barco perdido
Hasta el puerto todo carcasa en su comienzo marino
Abrazados en la ruta de los ritos
Eternidad de la inmovilidad parapetada
En el cielo delirante donde duerme
Llora, avanza, ama, se exilia lo exiliado de la verdad
Y se abriga el frío de las ardillas que se esconden
Como barco de papel ante la tempestad de las maderas.
Nada tan evidente como la eternidad de las víctimas
Trasparente como la amenazadora belleza de la flor.

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Oficio de palabras

Rescatando palabras, pequeñas islas de lucidez o de ternura,
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Rescatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de tus piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.

Juan Luis Panero (Madrid, 1942-2013)

No todo lo que miras es la muerte

No todo lo que miras es la muerte,
ni todo lo que sueñas es mentira;
mi pasa lo que piensas, por pensarlo,
de oscura noche a claridad de día.

Lo que tus ojos ven, en su mirada
tu corazón, que es ciego, lo ilumina.
lo que sueña tu alma, el pensamiento
lo alumbra como fuente de tu vida.

José Bergamín Gutiérrez (Madrid, 30 de diciembre de 1895-San sebastian, 28 de agosto de 1983) fue un escritor español que cultivó el drama, el ensayo y la poesía.

Azogue

Vivimos de costado
pasamos de puntillas.

Gracias a dios nadie quedará para recordar
en nombre de quién
habrá de dirimirse la venganza.

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos
dejando un polvo amarillo en el azogue
es menester estar atentos.

Cuando los días huyen a hurtadillas
despreciando nuestro estupor
(mientras se pudre el grano en el almiar)
es menester ser precavidos.

Cuando la vida se oculta en los rincones
y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro
solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.

Y yo he venido a pregonar
la escarcha de la duda.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1995)

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Los relojes de mi infancia

Los relojes de mi infancia
tocaban campanas locas;
como si se adelantasen
al tiempo dando las horas;

como si la resonancia
de su cadencia en la sombra
separase con profundos
silencios a unas de otras.

¡Ay! Aquellas horas muertas
se fueron quedando todas
enterradas en los ecos
de sus campanas sonoras:

y abrieron tanto silencio,
tanta soledad, ellas solas,
que me parece que sigo
escuchándolas ahora.

José Bergamín Gutiérrez (Madrid, 30 de diciembre de 1895-San Sebastián, 28 de agosto de 1983) fue un escritor español que cultivó el drama, el ensayo y la poesía.

Estas ruinas…

Guadalupe Grande

Estas ruinas que una vez fueron carne y voz
están hoy abandonadas a nuestro cuidado
somos los responsables de su eternidad
Después de cocinar el adobe
llegó la alegría de los muros
y el aliento de las ventanas
caía la tarde
como por la cuchara resbala la miel
atardecía despacio
dándonos tiempo para entender la noche
descendían las horas
en la desnudez del aire
el viento aromaba las sombras
caída la tarde
el miedo no tenía nombre

De: «El libro de Lilit»

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Atardecer en Pie de la Cuesta

Pero cómo puede ser verdad tanta belleza
y cómo aún emocionarme así,
con el antiguo estupor, remota adolescencia defraudada,
con que ahora llega esta luz implacable y me ciega.
La mezquindad de nuestra vida,
sus negras horas y sus torpes hechos,
un momento se nublan, casi desaparecen frente a este mar,
frente a estas olas, enormes muros de cristal salvaje,
espuma, delgada llama en su blanca luz viva,
en su tenaz azul, extenso y agrietado.
Derramada inmensidad, poderosa y ávida,
arrancando la arena de la playa,
fundiendo su soledad en nuestra soledad.
Atardece, con increible y codiciada lentitud,
con larga anchura de mundo a la redonda,
frente al bramido sordo del Pacífico
entre palmeras locas enlazadas
y humo de hierba abriendo las pupilas.
Rojo y morado y otra vez rojo y lila al fondo,
pintada realidad tiñendo nuestros cuerpos,
bañando nuestros rostros de un color imposible.
Desolada belleza fugitiva, por eso es más hermosa,
y tu figura sola, contraluz del crepúsculo,
medida humana, necesaria y cálida.
Detenidos minutos, segundos como horas,
viendo morir un sueño, su gran pájaro herido.
Todos los días se repetirá el prodigio
y clamará la luz y doblarán las olas
sobre la arena prófuga de Pie de la Cuesta.
Pero ya no estaremos y si acaso estuviéramos
distinto sería: latido inútil, amargo, asombro del fracaso.
Bien está que nunca más veamos como ahora
la agonía más viva, los últimos latidos
de un mundo de belleza derrumbándose ciego
sobre torres de olas, fallarones de espuma,
barandal eterno de la tierra y el cielo.
Como después de una noche de amor inesperada
o como un recuerdo de algo ya perdido
al terminar nos miramos incrédulos,
más vacíos y solos, más tristes de nosotros.
Con profundo dolor su intensidad nos hiere,
posesión del misterio más simple, inexplicable;
imágenes de muerte, terco sabor de vida,
en tus ojos oscuros he visto llorar un dios.

Juan Luis Panero, (Madrid, 1942-Gerona, 2013).