No mires hacia atrás

No mires hacia atrás: Ya nada queda:
la casa, el sitio, la ciudad, el soto,
escombro, hueco, ripio, humo remoto
o acaso turbia y leve polvareda.

Mira adelante, aunque te retroceda
el ánimo: El futuro no está roto:
si oscuro, intacto; fértil, porque ignoto.
Quiera tu voluntad, tu ánimo pueda.

Pero si te has vendido a las pasadas
sombras; si esclavitud tasó tu precio
en dos o tres monedas sin sonido,

teme a la libertad, pues no eres recio;
teme a tus fuerzas, pues están gastadas;
teme al futuro, pues será tu olvido.

De Sitio de Ballesteros

Antonio Carvajal Milena, (Albolote, Granada, 1943) poeta y profesor titular de métrica en la Universidad de Granada

Pocas cosas…

Obra de Dorina Costras

Pocas cosas más claras me ha ofrecido la vida
que esta maravillosa libertad de quererte.
Ser libre en este amor más allá de la herida
que la aurora me abrió, que no cierra la muerte.

Porque mi amor no tiene ni horas ni medida,
sino una larga espera para reconocerte,
sino una larga noche para volver a verte,
sino un dulce cansancio por la senda escondida.

No tengo sino labios para decir tu nombre;
no tengo sino venas para que tu latido
pueda medir mi tiempo sin soledad un día.

Y así voy aceptando mi destino, el de un hombre
que sabe sonreírle al rayo que lo ha herido
y que en la tierra espera que vuelva su alegría.

Antonio Carvajal, (Albolote, Granada, 1943), poeta y profesor titular de métrica en la Universidad de Granada.

Mi chica revolucionaria

Mi chica revolucionaria
tiene casi treinta y cinco,
habla dos idiomas,
es diplomada,
licenciada,
experta
y odia el pescado crudo.
Es la más pequeña de cuatro,
tiene dos gatas,
un Astra,
tres sobrinos,
sale a correr en ayunas
y baila tres días por semana.
Tuvo un novio hijo de puta
-fue entre los veinte y los veinticinco-
y aún conserva invierno
de aquel viaje,
trozos de un puzle inservible
no apto para cardíacos,
y yo que soy arrítmico
he preferido conocer nunca
todos los detalles,
tal vez por esto
todos los hombres que vinieron después
nunca fueron novios, ni parejas, ni amantes:
fueron básicamente animales de compañía.
El miedo, el puto miedo.
De su infancia conozco poco
pero estoy seguro que pasaron cosas.
Un padre trabajador,
una madre obediente,
mayoría absoluta de mujeres
en una familia típica de los ochenta,
un barrio a las afueras de Madrid,
un corazón inexperto,
dudas existenciales sobre la muerte de un insecto
y setenta y nueve maneras
de defenderse de la lluvia.
Cuando canta desafina,
pero me gusta,
cuando se enfada sin razones
la desactivo,
cuando se enciende,
yo también prendo,
cuando no llora
yo pongo el charco,
cuando cocina
la como a besos,
cuando conduce
le meto mano,
cuando me chupa
le aprieto fuerte
y nos entendemos.
Mi chica revolucionaria
tiene casi treinta y cinco,
se hace la dura,
va al baño por las mañanas
y me abraza sin tanques en los ojos.
Es enemiga de la injustica,
diseña mapas,
invierte en tiempo,
me compra cosas
y a veces externaliza nuestros problemas.
Si despierta de buen humor
hacemos fiesta,
pintamos cuadros,
llegamos tarde
y mandamos al infierno
a los dictadores,
al sindicato,
a los polis malos,
a la alcaldesa,
a las aseguradoras,
a los narcos,
a los notarios,
a las monjas robaniños,
a los curas tocaniños,
a los padres peganiños.
Mi chica revolucionaria
quiere apadrinar un burro,
tiene un perfume descatalogado,
una prima en Barcelona,
y el colesterol descompensado.
Yo me preocupo
cuando se va sola a casa y no me avisa,
cuando pasea por el borde de un acantilado,
cuando vuela con su nave a 140,
cuando está enferma y no se medica,
cuando me habla de manifestaciones,
de revoluciones,
de romperlo todo,
de marcharse de España…
Yo me preocupo
pero ella es libre
y por eso la quiero,
y es normal que se juegue la vida en un precipicio,
es su vida.
Mi chica revolucionaria
no es ninguna heroína de cómic,
no desfila en pasarelas
y vive en clase turista.
Ella es la dinamita de estos poemas,
mis domingos cum laude,
mi canción a capela,
mi Chavela, mi Frida,
mi primer año nuevo sin grietas,
mis llaves,
colgando
en su puerta.

Diego Ojeda, músico y escritor español nacido en diciembre de 1985 que navega implacable a bordo de una carrera artística que dio comienzo en la isla de Gran Canaria. Durante este tiempo ha destacado en el panorama de la música independiente y de la poesía en España y se ha hecho un hueco, cada vez más señalado en el circuito de la canción de autor en México. Residiendo en Madrid, pero siempre de gira, podemos encontrarlo defendiendo sus directos sólo o acompañado de los músicos que forman su banda.

Atardecer. Quietud

Serena igual que esta rama
se alza en el viento, mi sangre
¡Qué rojo tallo de pulsos
alza dentro de mi carne!
!Qué fuente! ¡qué claro río
en pie en mi cuerpo se abre,
igual que se abre en el cielo
este árbol! ¡Qué limpios cauces
bajo mi frente mis venas
enredan, como en el aire
sus blandas ramas el árbol
enreda bajo la tarde!
Como sus frutos, mis ojos
temblando en mis sienes nacen.

¡Qué majestades de cumbre
las de sus dos altos mares!
¡Qué solemne actitud última
la de sus dos soledades!

Serena igual que esta rama,
se alza en el viento mi sangre…
¿Hasta qué espacio, mis ojos
han de llegar por buscarte?

Emilio Prados Such (Málaga, 4 de marzo de 1899 – Ciudad de México, 24 de abril de 1962) fue un poeta español, perteneciente a la Generación del 27.

Somos mujeres

Miradnos.
Somos la luz de nuestra propia sombra,
el reflejo de la carne que nos ha acompañado,
la fuerza que impulsa a las olas más minúsculas.

Somos el azar de lo oportuno,
la paz que termina con las guerras ajenas,
dos rodillas arañadas que resisten con valentía.

Miradnos.
Decidimos cambiar la dirección del puño
porque nosotras no nos defendemos:
nosotras luchamos.

Miradnos.
Somos, también, dolor,
somos miedo,
somos un tropiezo fruto de la zancadilla de otro
que pretende marcar un camino que no existe.
Somos, también, una espalda torcida,
una mirada maltratada, una piel obligada,
pero la misma mano que alzamos
abre todas las puertas,
la misma boca con la que negamos
hace que el mundo avance,
y somos las únicas capaces de enseñar
a un pájaro a volar.

Miradnos.
Somos música,
inabarcables, invencibles, incontenibles, inhabitables,
luz en un lugar que aún no es capaz de
abarcarnos, vencernos, contenernos, habitarnos,
porque la belleza siempre cegó los ojos
de aquel que no sabía mirar.

Nuestro animal es una bestia indomable
que dormía tranquila hasta que decidisteis
abrirle los ojos con vuestros palos,
con vuestros insultos, con este desprecio
que, oídnos:
no aceptamos.

Miradnos.
Porque yo lo he visto en nuestros ojos,
lo he visto cuando nos reconocemos humanas
en esta selva que no siempre nos comprende
pero que hemos conquistado.

He visto en nosotras
la armonía de la vida y de la muerte,
la quietud del cielo y del suelo,
la unión del comienzo y del fin,
el fuego de la nieve y la madera,
la libertad del sí y el no,
el valor de quien llega y quien se va,
el don de quien puede y lo consigue.

Miradnos,
y nunca olvidéis que el universo y la luz
salen de nuestras piernas.

Porque un mundo sin mujeres
no es más que un mundo vacío y a oscuras.
Y nosotras
estamos aquí
para despertaros
y encender la mecha.

Elvira Sastre Sanz, Segovia 1992, es una poeta, escritora, filóloga y traductora literaria española.

El abrazo

No nos verán y acaso algunos digan,
faltan desde hace mucho, se habrán muerto;
tanto que se querían y que amaban la vida,
pero al final se fueron.
Tergiversan la muerte quienes así la empañan,
e igualmente el amor, que es llave y cifra
del existir y en todo se manifiesta y canta,
hasta en las cosas mínimas.
A través de la tierra y la oscura maraña
de intrincadas raíces te miro y tú me miras.
Mezclados con el fuego, con el agua y el barro
que nos acogen y nos purifican,
somos aire también, ensueño, abrazo
que nunca se termina.
Y qué intensa esta luz que respiramos,
este fulgor que crece en la ceniza.

Eloy Sánchez Rosillo, poeta español nacido en Murcia en 1948

El árbol del pecado

Para José Antonio Santano

El misterio mayor de los olivos
Está en los arabescos vegetales
De sus ramas, tan ramas, tan iguales,
Tan llenas de poemas putativos.
Olivos milenarios, obsesivos
Con el color aceite del paisaje.
Olivos donde empieza un largo viaje
Hacia el pan familiar de cada uno.
Bisabuelos de nuestro desayuno.
Aderezos visuales del lenguaje.

Recuerdo mi primer encontronazo
Con su esdrújula piel llena de azares.
Yo venía en un tren. Los olivares
Hacían auto-stop, tendido el brazo
A lo Toulouse-Lautrec, no hacían caso
Al asombro frondoso del turista.
Recuerdo que era verde la autopista.
Recuerdo que eran curvos los espejos.
Recuerdo que, mirándolos de lejos,
Parecían caprichos de un artista.

De pronto se nubló, y sin previo aviso,
Goterones de aceite embadurnaron
Los techos y las calles, patinaron
Los pájaros volando, y sobre el piso
Hubo manchas de sed, hambre plomizo,
Todo tan resbaloso, dúctil, blando.
Un zéjel y un laúd de contrabando.
Una danza del vientre al son del trigo.
La tierra succionado con su ombligo
A todos los que estábamos mirando.

Desnudos y aceitosos los poetas,
Los árboles, las piedras, los collares,
Los libros, los manteles, los ijares,
Las lámparas, los sábados, las tetas.
Crocantes y aceitados los planetas
Girando alrededor de un viejo olivo.
Calientes y olorosos (con motivo).
Lunáticos y verdes (por fortuna).
Todos vadeando, al sol, la misma luna.
Todos leyendo, al sol, lo que ahora escribo.

Y las gotas de aceite en la ventana.
Y las gotas de aceite en los bolsillos.
Y manteles y sábanas con brillo.
Y no hay ropa interior hasta mañana.
Llueve aceite en Sevilla y en La Habana.
Canta el pan en Jaen y en El Vedado.
Huele a sexo y a mar recién horneado.
Huele a «moja la molla» y «chupa el dedo».
Yo quería ser virgen, y no puedo.
El olivo es el árbol del pecado.

II

Con un poco de aceite y una vela
Me dijiste, no temas, tú tranquilo,
Y en mi espalda desnuda sentí un hilo
De sabia prospección, de vil cautela.
La música dictaba un duermevela
Inducido a conciencia y a destajo.
Tus manos, en jornada de trabajo.
Tu lengua en un ritual húmedo-audible.
Yo interpretando, lo mejor posible,
mi papel de pan negro boca bajo.

Goteas, lentamente, y me estremezco.
Tus manos no son manos, son esporas.
Resbalo sobre el aire, unto las horas,
Goteas, lentamente, y anochezco.
A cuentagotas, ¿ves?, desaparezco.
Estaba y ya no estoy. Era y no existo.
Gimes, me visto, gimes, me desvisto.
Soy el pez, soy el charco, soy el fuego.
Un pan negro cortado para luego.
Un pan negro mojado de imprevisto.

Y pensar que no sabe el estanciero
sembrador de olivares en Baena,
Que la parte final de su faena
Se resume en un «ponme tú primero».
Y pensar que el sudor del jornalero
Aportó a estas turgencias y gemidos.
Los troncos jorobados o partidos.
Las gotas de Rocío evaporadas.
Todo para cenarnos, entre almohadas,
Dos cuerpos extravirgen bien servidos.

Mojemos en aceite los poemas.
Mojemos en aceite los recuerdos.
Los senos ambidextros (o ex-izquierdos),
Los tíquets para el cine, los problemas.
Soy tu vela de aceite y tú me quemas.
Soy tu pan con aceite y tú me muerdes.
Mojemos en aceite y no te acuerdes.
Mojemos y no grites y no corras.
Después, con las gotitas que te ahorras,
Plantamos otra vez palabras verdes.

Muérdeme por el sur, que estoy crocante.
Muérdeme por lo negro, que estoy blando.
Moja tu voz en mí, y sigue callando.
Dale al aceite voz y que el pan cante.
Todo se vuelve un circo delirante.
Un complot del también y el demasiado.
Aceite. Desnudez. Hambre. Bocado.
Luz. Migajas. Calor. Sábanas. Besos.
Perdónanos, señor, por los excesos.
El olivo es el árbol del pecado.

Almeria, 22 de julio de 2014.

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966. Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba. Cultiva casi todos los géneros literarios (Novela, cuento, poesía, enyayo, literatura para niños), y su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, farsi (lengua autóctona iraní), árabe, búlgaro y alemán, en antologías y revistas.

Nuestras vidas son péndulos

Obra de Jack Levine

¿Dónde estará la niña
que en aquel lugarejo
una noche de baile
me habló de sus deseos
de viajar, y me dijo
su tedio?

Gemía el vals por ella,
y ella era un boceto
lánguido: unos pendientes
de ámbar, y un jazmín
en el pelo.

Gemían los violines
en el torpe quinteto…
E ignoraba la niña
que al quejarse de tedio
conmigo, se quejaba
con un péndulo.

Niña que me dijiste
en aquel lugarejo
una noche de baile
confidencias de tedio:
dondequiera que exhales
tu suspiro discreto,
nuestras vidas con péndulos…

Dos péndulos distantes
que oscilan paralelos
en una misma bruma
de invierno.

Ramón Modesto López Velarde Berumen, , poeta mexicano 1988- 1921. Su obra suele encontrarse en el modernismo literario. En México alcanzó una gran fama, y llegó a ser considerado «el poeta nacional».