Tú haces saltar mis pequeñas células grises

Tú haces saltar mis pequeñas células grises
cuando me alborotas y otra vez
de nuevo golpes de silencio
y pienso cómo decirte que a veces
haces de mi poesía una trama simple
simple como la verticalidad
como una mano que no conoce su puño
simple como la piedra que se despeña
más que dar los buenos días, simple
porque tendemos a complicarlo todo
porque conocemos lo que nos asusta
y tensamos nuestras riendas
y llamamos a la vida injusta ¿existo?
Tu pelo son horas de septiembre,
yo, sin voluntad propia, como muerto,
pensando que alguna molécula de todas
las que llevan tu nombre sea infinita
en una despedida que no quiere despedirse
como la ola que está en todos los mares
y deja de ser total, deja de ser única
y muere en los pies de todas las gentes
y yo, sin voluntad propia, como no estando
como las alas que no conocen el viento
y solas se echan a volar -vivir, morir ahora-
estoy pensando en ti con ganas locas
de saber qué pasaría si te cortejo
si dedico mi tiempo en cómo desnudarte
cómo la blusa imposible, las venas de la nuca
en cómo alzar las coronaciones de tus pechos
el hilo de las palabras que no dices
y se quedan colgando en tus comisuras
muero por empañar mis cristales contigo
o, según desde donde se mire una luz nos atraviese
y llene de claridad el cuarto de asedio
quiero que seas mi crítica más severa
que seas franca para mostrarte las nubes
donde sé que existo, nubes de alma verde
y bueno, mi amor, quiero tenerte en mi vida.

Luís Gómez Coca, poeta nacido en Huelva 1966

Río

Por los alrededores del silencio
sumiso en su filo y en su desembocadura,
asiendo a su cintura un rumor de bruma
y de luces que destiñen hacia el verde,
discurre entusiasta un riachuelo
de alada curvatura.

Todo él se diría
que porta un cauce duro de guijarros,
que el alto vuelo que alcanza entre las peñas
es un arco rasante al tocar el labio en sed
de los cañaverales, el fango encendido
como una ciénaga de luz o una patena.

Sin más extensión que su humedad latente
se deja ver, continua singladura, como la herida
última del chopo, y esconde su lengua
en la ribera, blanda sombra sin curva de ballesta,
abrevadero fiel de labios que circundan
la piel y el pergamino de la tierra.

Sereno,
como un niño de plata en la edad azul de los espejos,
en la tierna infancia de la carne aún joven e inexperta,
el riachuelo incrementa su ritmo entre las rocas,
vira, se ondula, se retuerce, y ágilmente,
en la eléctrica energía de su cintura, se dobla,
y angula su busto al trampolín de viento
hasta precipitar su chorro de cristal sobre el vacío
.
Entonces se hace mudo, escorzo, pluma,
ave que vuelve a pez sobre la orilla,
y allí, tras un buceo de luces ensoñadas,
respira, bracea, se felicita,
y al cabo se entristece,
(su lágrima es salina, su piel
espuma ajada,
colchón de olas
para el descanso eterno)

y solloza, se entrega, se distancia,
y ya sin fuerza, ensancha su arteria hacia el latido último del
mar,
último encuentro.

Mario Lourtau López, (Torrejoncillo, Cáceres 1976)

El bosque se iba haciendo al arder

Me están mirando en tus ojos
los ángeles del instante,
los ángeles que han perdido
la memoria al contemplarse.

Me estoy reuniendo en tus brazos;
te siento casi quemándome;
arden el tronco y las ramas
pero las hojas no arden.

Estamos juntos, sin vernos,
repetidos y distantes,
juntos pero no vividos,
tristemente naturales.

Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910-Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.​

Rasgó en su entraña…

Rasgó en su entraña
el rumor del tiempo
y decidió ser silencio
ante la algarabía,
el grito y la mueca
y halló su claustro interior
inundado de espera
y el amor se hizo olvido.
el olvido, profecía,
y fenecieron,
fundiéndose en lo oscuro
y halló la cavidad
y el hueco sin rocío
que bebía su sed.
Se quebró el recuerdo
del recortado rostro
escondido en la máscara
y la música retornó
a la incógnita del número.
Rechazó el hechizo
y tornó a la claridad
y al inicio del agua…
fluyó en un horizonte
donde el negro signo
inició una línea,
múltiplo inacabado
de una nota alada.
Tras elló amaneció
el punto y en su reflejo,
el círculo sellado
que al escuchar el silbo
alado del pájaro
retorno al giro
de aquella palabra
que espera su pálpito
en el imposible eco
de un habitado nocturno.

Joaquín Verdú de Gregorio nace en Alicante. Licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona. En la Universidad de Friburgo estudia periodismo y Filosofía y Letras, doctorándose en la segunda de estas carreras. Becario de investigación de la Fundación Juan March. Ha enseñado Literatura francesa y española en la Universidad de Alicante. Enseña lengua y literatura española en la Universidad de Ginebra como Maitre d enseignement et de recherche.
Conoce a María Zambrano, de quien deviene amigo y discípulo.
Viajes a Grecia, Italia, Estados Unidos y Cuba le han influenciado hondamente. Ha publicado artículos y estudios en diversas revistas y periódicos y asistido a congresos y encuentros en España y otros países.
Es autor de La luz y la oscuridad en el teatro de Buero Vallejo; Antonio Machado, Soledad infancia y sueño; Reflejos del sueño en la palabra, entre otras obras.

Nadie es profeta en su espejo

obra de Francine Van Hove

Dime, ¿sientes aún la antigua herida
cuando el amor te baña en su oleaje
y el beso es luz como el amor es traje
y el labio es sed como la noche es vida?

Dime que sí, que sí, como me dices
que no con la tristeza arrinconada
cuando ya el beso se convierte en nada
en los mártires labios aprendices.
Tú, mi instantaneidad, mi únicamente,
la lluvia que vino a vivir conmigo,
trigo es mi voz cuando te nombra, trigo,
puente es mi cuerpo al abrazarte, puente.

Tú, mi diaria eternidad primera,
la noche que se junta con el día
cuando cruje en la carne la alegría
y a la puerta del cuarto el mar espera,

y el espejo es un agua tiritando,
y el agua sube lentamente un monte
donde tu cuerpo llena el horizonte
y veo lo mismo en lo que estoy soñando.

7 de agosto de 1976

Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910-Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.​

Elegía

Cómo buscarte si estás más cerca siempre.

Cuando el candor ordene sus tranquilas estatuas de violetas.
Cuando ponga el amor nubes blancas, inmóviles en tus hombros recondos.
Cuando consigas la entereza del blanco como una forma nueva radical de paciencia

y cuando la sangre sea la luz más interna de todas las luces,
sé tú, llama, nieve, nieve alcanzada, nieve herida,
penitencia del llanto, consolación y cuita.

Cuando el agua abandone a los trigos en reclinada ternura,
cuando todo el mar, sonrosado en silencio, tenga las manos juntas y el temblor del instante,
cuando vivan los hombres humildes, como astros mansos, en la órbita de las cosas,
y cuando solo se tiemble de amor.
Sé tú, llama, nieve, llama nevada, nieve ardida,
celeste rosa apenas, misericordia mía.

Cuando los ojos no te sirvan para ver, sino para asomarte a ellos.
Cuando cubra los hombros el éxtasis y tu mirada sea como musgo de campanas.
Cuando tu esperanza de virgen convierta el mar en brisa,
y la nieve deslice su azulada insistencia en mi oído.
Sé tú llama, nieve, nieve gozosa, nieve viva,
absolución del blanco, puro amor desvalido.

Cuando sepas que la fe no es desesperación.
Cuando sepas que la muerte es un modo de temblar sosegado.
Cuando no recuerdes que es la presencia de las cosas la que nos hace sentir la distancia,
y cuando mi soledad sea un herido estupor,
un asombro tan vasto como la primera mirada de un niño,
donde yo no pudiera olvidar
que era ayer que tus ojos ponían nombre a las cosas.
Sé tú, llama, nieve, llama de sueño, nieve erguida
que deje en mis pupilas su perfume de estatua.

Cómo buscarte si estás más cerca siempre.

Cuando la ternura es como un lago que nos cubre los ojos.
Cuando la inquietud no tiene nombre porque el mirar es demasía.
Cuando el hombre se sienta definitavemente solo.
Yo tendré que decir que te he perdido.

Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910-Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.​

Mi tristeza

Mi tristeza
me la ha robado la noche.
Era mía, era bien mía,
pensaba decirla en versos,
darla forma como dan
las lágrimas forma tibia
al dolor de adentro… Pero
estaba clara la noche
y el papel esperó en vano.
Anduve por la ciudad,
y las estrellas y el aire
y las piedras de las casas
y el olor de acacia, todo
era como un corazón
tendido a la confidencia.
Y mi tristeza está ahora
lejos, muy lejos,
en las estrellas altas,
en esa brisa fresca
que no puedo aprisionar
aunque abro y cierro las manos;
está ya fuera de mí.
La ofrenda que te traía,
madre Tristeza, era aroma
y el aire se la llevó.
Sombra son estas palabras
de aquellas
que la noche me robó.

Pedro Salinas Serrano (Madrid, 1891, Boston 1951) fue un escritor español conocido sobre todo por su poesía y ensayos. Dentro del contexto de la Generación del 27 se le considera uno de sus mayores poetas. Sus traducciones de Proust contribuyeron al conocimiento del novelista francés en el mundo hispanohablante.

Amanecer

Obra de Claude Monet

Oír cantar el gallo, como aquellos
veranos en la finca, amanecer de hierba
y sombras perfumadas para días tan niños,
como ahora, que han vuelto a redimirte.

La luz sigue tu rastro jubiloso,
desempolva la brisa donde vas alojando
las frescas emociones, capítulos en verde
elevados a pura transparencia.

Ya lo oíste. Tu sueño se prolonga
al final de ese canto, de la antigua mañana
cuyo sol continúa sin dorar los recuerdos,
como ahora, que han ido a suavizarte.

La hierba es otra paz irrepetible,
inunda tus pisadas por el tiempo dormido
y presta su reposo después de tantos vuelos,
ajena al sinsabor de las ortigas.

La luz se va perdiendo lejana, mientras sales
al exterior, tratando de vivir nuevamente
lo que el tiempo desprecia de aquellos días niños,
del verano más tuyo, recién inaugurado.

                                                     (de ES INÚTIL QUE DUERMA, 2015)

María Sanz nace en Sevilla (1956), ciudad donde reside. Desde su adolescencia, y tras obtener el título de Bachiller Superior de Letras, se dedica a la creación poética, actividad que le ha permitido obtener diversos premios.

Cuando llegué a la playa…

Obra de Alvaro Jaramillo

Cuando llegué a la playa estaba exhausto.
Es duro
sobrevivir tanto naufragio
y que el vaivén del mar te arroje siempre
a paises extraños.
En el atardecer, después de larga ruta,
topé con una casa que empezaba
a cubrir la penumbra.

Un viejo bondadoso me recibió
y durante la cena,
se me iban presentando claves inesperadas:
soperas que tenían la redondez
de las vajillas de mi infancia,
muebles deshilachadamente mansos,
el rincón y el perchero del recuerdo primero.

En tal desasosiego transcurrió la velada
y cuando me acosté, la oscuridad tenía
las brumas de mi alcoba del tiempo juvenil.

Entre la paz del alba, sin alertar a nadie,
salí de aquella casa, encaminé mis pasos
al norte, por seguir algún destino.

Pero antes de alejarme volví atrás la mirada,
y hoy continúo huyendo todavía,
temeroso
de que yo sólo sea el fantasma viajero de los sueños
de ese anciano que, mientras me marchaba,
sonreía,
burlón y silencioso,
en la ventana.

(Del libro » Cumpleaños lejos de casa)

José María Merino (La Coruña, Galicia, España, 5 de marzo de 1941) escritor, ensayista y poeta español. En marzo de 2008 fue elegido académico de la Real Academia Española.

Yo supe…

en la imagen la autora

Yo supe del pan duro;
del hambre dura;
del surco estéril;
del hermano llamado Caín
y aborté mis penas
con el corazón hundido
en el silencio.
Yo supe del hollín;
del mutismo detrás de las puertas;
del sudor en la mancera;
del ansia de esperar
cuando no cabe la esperanza;
del amor sin retorno.
Yo supe de injusticias;
de miedos;
de herrumbres;
de aristas,
de púas;
de escozores;
de hermanos hambrientos;
y con ellos bebí
la copa del salitre.
Yo atisbé un mundo de belleza,
de flores, de ilusiones
que siempre me negaron.
yo supe que era bueno
amar y soñar,
y amé y soñé,
más todo lo arrastró el vendaval.
Y ahora
en un mapa yermo,
paladeando ceniza
voy con el alma a cuestas,
(¡cómo pesa el alma!).
Mi vida
una letra de cambio a corto plazo,
y en mi oquedad
un tercer mundo
triste y hambriento
con su miedo,
con su miseria irredenta,
¡tiritando entre la niebla!

Manuela López García, (Cacabelos,León, 1910 – 2005), maestra y poeta berciana. Autora de una obra poética reconocida de más de 1500 poemas y nombrada hija predilecta de Cacabelos en el 2003.​ Da nombre a un premio Internacional de Poesía que se celebra en su localidad natal.