Por eso tú

Miguel Gane

Por lo que haces cuando esto está parado: ponerlo a cien.
Por lo que eres cuando no hay nadie aquí: todo.
Porque me sobra el mundo
cada vez que tú sonríes.
Porque el plan perfecto contigo es improvisar.
Por las veces que nos olvidamos de lo que hay fuera
y somos el refugio de aquí dentro;
por las veces que no hay nada más que dos:
yo por ti y tú por mí,
eso es lo que cuenta.
Por tu boca,
por lo que haces con tu boca.
Por la vida,
la que me das, digo.
De entre todas las mujeres,
donde sea,
sólo me quedo contigo.
Por lo que soy cuando te miro: un espectador.
Por tu coche,
por los asientos traseros de tu coche,
las hamburguesas de un pavo
a las tres de la mañana,
por la ciudad que apagamos
cada vez que nos encendemos,
por todos esos culos que pasan por delante
mientras a mí sólo me llama el tuyo.
Partidario de acercarme siempre
a las personas frías
porque en ellas se oculta
el mejor fuego.
Por lo fácil que lo haces
siempre,
porque te sabes mis silencios:
que si me quedo callado cuando te miro
es porque me sobran las palabras,
no porque me falten.
Por los ratos que te pones niña,
porque hay miles de motivos
cuando empiezas juguetona,
por lo que enganchan tus hoyuelos,
por las veces que me quedo colgado
y nunca me caigo
porque nos sujetas a los dos,
por tus faldas que son mini,
por las ganas con las que te tomas
el tiempo juntos,
porque te has atrevido conmigo
aun sabiéndome peligro,
porque me enseñas que lo importante
no está en lo que quiero
sino en lo que tengo.
Por estar con las cuerdas tendidas
siempre que necesito un cable,
por lo que somos,
que nadie nos lo quite,
tú estás conmigo en todas,
y por eso tú,
por ser la razón
que a mí me falta,
por ser el corazón
cuando nada más late.

De «Con tal de verte volar» de Miguel Gane

Miguel Gane, Leresti, Rumanía, 1993