Juventud

Para abrir el negror de los abismos
todo hombre lleva en sí la luminaria…
¡Es la luz escondida y solitaria
que arde en el fondo de nosotros mismos.

Hay luces con quietudes inefables
que tienen un ensueño de riberas.
Las hay tristes, austeras,
sombrías, taciturnas, miserables.

En mi lámpara roja y encendida
arde la breña viva y calcinante
de este trozo de carne palpitante
que es la carga más dura de mi vida.

Ella consume en mí cuanto le antoja.
Es la tirana que en amor me prende,
ya con los fuegos de su arder me enciende,
ya a las negruras del dolor me arroja.

Ella ilumina todo cuanto pasa
visión rápida, lenta o fugitiva…
¡Es una verdadera llama viva
que con su mismo resplandor se abrasa!

¡Ah! cuántas veces quise con mis ruegos
apagar el ardor de su amargura,
y se hizo más cruel la quemadura
y el ímpetu salvaje de sus fuegos.

Cuántas veces la vi crecer tan loca
que pedí para ahogarla: ¡el océano!
Con el pavor del que con débil mano
ve crecerse al corcel que se desboca…

***

¡Ay! quién pudiera arder con tu luz quieta
vela amorosa que en silencio expiras,
sin padecer las fiebres y las iras
de estos encendimientos de poeta.

¿No poseeré jamás la dulce calma
de las lámparas mansas del Sagrario?
¡Nunca tendrá la paz del incensario
esta luz torturada de mi alma?

***

No te importe ¡oh mi luz! que tus quimeras
indómitas y fieras,
suban buscando las regiones puras…
¡También van hacia Dios en las alturas
las llamas de selváticas hogueras!

María Cristina de Arteaga y Falguera (Zarauz, 6 de septiembre de 1902 – Sevilla, 13 de julio de 1984) fue una monja jerónima española, escritora, historiadora y poeta.