Canto a la vieja haya

Al borde del camino se halla una elevación de tierra:
cubierta por infinitas hojas pluriformes cual color de la roja enredadera,
que camina por un grueso tronco que culmina en enjutas ramas abiertas.

Desprende un bello rostro su corteza conmovida
por aquello que nace del barro y crece en la tierra.

Pareciera que la anciana haya fuese un oleaje verde que ascendiera
mirando hacia el cielo, que, como el hielo, se solidificara en una corteza grisácea.

Y que la espuma de su ola, entre la hierba erguida,
marcó con rugosa forma la piel del árbol ondulando,
meciendo la savia, profunda sobre su médula,
formándose tan bello tronco, tan bella planta, la de la haya.

¡Y que fueran sus hojas leves o gruesas,
gotas de agua que crecen en la viva primavera!
Que en verano se apaciguan, se mustian con el otoño y
algunas perseveran, pero caen heladas, como láminas del invierno:
cuando la marea tiembla y hace mover las raíces
de aquella tierra deformada por el tiempo.

— — —

Miguel Serrano Martín. Nací en Barcelona el 13 de octubre de 2004, por lo que, obviamente, soy muy joven. No puedo situar el momento exacto en que comencé a interesarme por la poesía, en mi casa siempre ha habido muchos libros. Sí puedo asegurar que empecé a escribirla a partir de la lectura de Campos de Castilla, entusiasmado por el arte de Antonio Machado, de eso hace aproximadamente 3 años. Desde entonces no he dejado de escribir poesía ni de buscar nuevos autores que sacien mi curiosidad y mi amor por esta disciplina literaria, que no deja de crecer.

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