Yo negro

El día que me di cuenta
de que yo era negro
hice una fiesta
y luego un funeral.
Estuve horas y horas
frotándome la piel
para saber si debajo
tenía otras pieles.
Era agosto y sudaba.
Me pregunté
con voz de asombro
por qué y cómo
no me había dado cuenta antes.
Yo era negro, sí.
Tenía 25 años
y era negro. Sí.
Me lo gritó un desconocido
desde la ventanilla
de una guagua.
Yo iba tan tranquilo
con mi novia del brazo
y aquella voz
me abrió los ojos.
«¡Negro, suelta a esa rubia!“
Ella ni siquiera se dio cuenta.
No supo de la fiesta
que entonces comenzó,
del funeral al que estaba asistiendo.
Ella me vio frotar mi piel
y me besó como besan
las novias que van a durar poco.
Luego me vio tirar
y escoger varias pieles
y me ayudó a probármelas.
Yo me las ponía, me las quitaba,
modelaba con ellas.
Y no recuerdo
si estaba triste o no.
Solo que mis andares
parecían otros.
Y cuando ya, por fin
comprendí que la negra
era la piel que mejor me quedaba
decidí no pagar.
Ella, mi ex novia, fue mi cómplice.
Me fui con la piel puesta
sin pasar por caja.
Y llevo media vida así,
de fiesta y funeral
feliz con la piel que me escogió
mi ex novia.
Y al tonto de la guagua
a estar alturas
no sé si odiarlo
o darle un reconocimiento.
………………
De mi libro IPHOEMAS (2019)

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966, escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba.

Décimas contra la depresión

Cuando uno está deprimido
Piensa que todo se hunde.
La soledad lo confunde:
El silencio huele a ruido.
En las penumbras, hundido,
Un segundo se eterniza.
Llovizna polvo y ceniza.
Hay azufre en el café.
Y todo el cuerpo es un pie
en arena movediza.

Al llegar, la depresión
cierra puertas y ventanas.
Doblan todas las campanas
menos las del corazón.
Pero nos queda la opción
De confiar en uno mismo.
De inocular optimismo
Pensando en cosas mejores.
Sembrar de Luces y Flores
Lo que parece un abismo.

Porque del hueco se sale.
Del pozo ciego también.
Cada cuál es cada quién,
Y el Olvido no nos vale.
Que el dolor no nos iguale.
Que no nos mate ni ciegue.
Que la tristeza no juegue
A ganarnos la partida.
Lo único inmenso es la Vida,
Aunque la muerte lo niegue.

Bebe. Canta. Juega. Vive.
Sueña. Ríe. Salta. Crece.
Sal de hueco. Reaparece.
Corre. Grita. Suda. Escribe.
Habla. Cocina. Revive.
Dúchate. Píntate. Sal.
Nunca olvides que al final
Solo una vez se está vivo.
¡La vida es un buen motivo
Para no pasarla mal!

Todo el mundo alguna vez
Pasa por un pozo ciego.
Pero todo el mundo luego
Se hace luz y lucidez.
¡Te espero en la nitidez
Y en la palabra encendida!
Tras la fase deprimida
Destierra la depresión.
Escucha a tu corazón.
¡Te esperamos en la vida!

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966. Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba. Cultiva casi todos los géneros literarios (Novela, cuento, poesía, enyayo, literatura para niños), y su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, farsi (lengua autóctona iraní), árabe, búlgaro y alemán, en antologías y revistas.

El árbol del pecado

Para José Antonio Santano

El misterio mayor de los olivos
Está en los arabescos vegetales
De sus ramas, tan ramas, tan iguales,
Tan llenas de poemas putativos.
Olivos milenarios, obsesivos
Con el color aceite del paisaje.
Olivos donde empieza un largo viaje
Hacia el pan familiar de cada uno.
Bisabuelos de nuestro desayuno.
Aderezos visuales del lenguaje.

Recuerdo mi primer encontronazo
Con su esdrújula piel llena de azares.
Yo venía en un tren. Los olivares
Hacían auto-stop, tendido el brazo
A lo Toulouse-Lautrec, no hacían caso
Al asombro frondoso del turista.
Recuerdo que era verde la autopista.
Recuerdo que eran curvos los espejos.
Recuerdo que, mirándolos de lejos,
Parecían caprichos de un artista.

De pronto se nubló, y sin previo aviso,
Goterones de aceite embadurnaron
Los techos y las calles, patinaron
Los pájaros volando, y sobre el piso
Hubo manchas de sed, hambre plomizo,
Todo tan resbaloso, dúctil, blando.
Un zéjel y un laúd de contrabando.
Una danza del vientre al son del trigo.
La tierra succionado con su ombligo
A todos los que estábamos mirando.

Desnudos y aceitosos los poetas,
Los árboles, las piedras, los collares,
Los libros, los manteles, los ijares,
Las lámparas, los sábados, las tetas.
Crocantes y aceitados los planetas
Girando alrededor de un viejo olivo.
Calientes y olorosos (con motivo).
Lunáticos y verdes (por fortuna).
Todos vadeando, al sol, la misma luna.
Todos leyendo, al sol, lo que ahora escribo.

Y las gotas de aceite en la ventana.
Y las gotas de aceite en los bolsillos.
Y manteles y sábanas con brillo.
Y no hay ropa interior hasta mañana.
Llueve aceite en Sevilla y en La Habana.
Canta el pan en Jaen y en El Vedado.
Huele a sexo y a mar recién horneado.
Huele a «moja la molla» y «chupa el dedo».
Yo quería ser virgen, y no puedo.
El olivo es el árbol del pecado.

II

Con un poco de aceite y una vela
Me dijiste, no temas, tú tranquilo,
Y en mi espalda desnuda sentí un hilo
De sabia prospección, de vil cautela.
La música dictaba un duermevela
Inducido a conciencia y a destajo.
Tus manos, en jornada de trabajo.
Tu lengua en un ritual húmedo-audible.
Yo interpretando, lo mejor posible,
mi papel de pan negro boca bajo.

Goteas, lentamente, y me estremezco.
Tus manos no son manos, son esporas.
Resbalo sobre el aire, unto las horas,
Goteas, lentamente, y anochezco.
A cuentagotas, ¿ves?, desaparezco.
Estaba y ya no estoy. Era y no existo.
Gimes, me visto, gimes, me desvisto.
Soy el pez, soy el charco, soy el fuego.
Un pan negro cortado para luego.
Un pan negro mojado de imprevisto.

Y pensar que no sabe el estanciero
sembrador de olivares en Baena,
Que la parte final de su faena
Se resume en un «ponme tú primero».
Y pensar que el sudor del jornalero
Aportó a estas turgencias y gemidos.
Los troncos jorobados o partidos.
Las gotas de Rocío evaporadas.
Todo para cenarnos, entre almohadas,
Dos cuerpos extravirgen bien servidos.

Mojemos en aceite los poemas.
Mojemos en aceite los recuerdos.
Los senos ambidextros (o ex-izquierdos),
Los tíquets para el cine, los problemas.
Soy tu vela de aceite y tú me quemas.
Soy tu pan con aceite y tú me muerdes.
Mojemos en aceite y no te acuerdes.
Mojemos y no grites y no corras.
Después, con las gotitas que te ahorras,
Plantamos otra vez palabras verdes.

Muérdeme por el sur, que estoy crocante.
Muérdeme por lo negro, que estoy blando.
Moja tu voz en mí, y sigue callando.
Dale al aceite voz y que el pan cante.
Todo se vuelve un circo delirante.
Un complot del también y el demasiado.
Aceite. Desnudez. Hambre. Bocado.
Luz. Migajas. Calor. Sábanas. Besos.
Perdónanos, señor, por los excesos.
El olivo es el árbol del pecado.

Almeria, 22 de julio de 2014.

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966. Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba. Cultiva casi todos los géneros literarios (Novela, cuento, poesía, enyayo, literatura para niños), y su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, farsi (lengua autóctona iraní), árabe, búlgaro y alemán, en antologías y revistas.

Del mismo modo

Foto de Johan Swanepoel

Del mismo modo
en que se inventaron parches de nicotina,
chicles de nicotina, cigarros electrónicos,
sucedáneos más o menos tramposos
para adictos al humo,
deberían de inventarse parches de amor,
chicles de amor, corazones portátiles,
sucedáneos más o menos felices
para este veneno de apariencia inocua.

Y todos deberíamos tatuarnos en la espalda
«Amar mata»,
«Amar perjudica gravemente la salud»
«Amar potencia el riesgo de padecer ceguera»
«Amar provoca impotencia»
«El amor crea adicción y deja hondas secuelas».

Pero eso sí, ya saben:
al dejar de amar se engorda.

Y llegan la ansiedad, el nerviosismo, el estrés, la irritabilidad
el multiorgánico síndrome de abstinencia…

Así qué luego tendremos que tatuarnos en la frente,
donde todos lo vean: «estoy dejándolo».

Y exigir a los políticos de turno
que se prohíba amar en los aviones,
en los restaurantes, los cines, los colegios,
que se delimiten las «áreas de amadores»
para que los amantes tengan que estar al aire libre
donde no contaminen ni molesten al resto.

Los que no han amado nunca no tienen problemas,
no lo entienden, por eso son tan tolerantes.
Pero yo digo como mi abuelo (¿o fue Bod Dylan?, no recuerdo)
que «un ex amador es un amador potencial siempre»
Porque el amor es un vicio social (Shakespeare dixit)
porque tenemos asociado el amor a los buenos momentos,
al placer, al relax, a la alegría individual y colectiva.

Pero no nos engañemos.
Basta ya.
Eso de que el amor relaja es un tópico.
Eso de que al amar se nos calman los nervios
es un simple espejismo.
Y lo peor, lo imperdonable,
es el efecto lentamente mortal en amantes pasivos,
esos a los que llega el amor de manera indirecta.

Alejemos a los niños del amor, por ejemplo.
Que cuando crezcan decidan ellos
si quieren engancharse o no.
Y como medida preventiva (o profiláctica)
coleccionemos eslóganes cursis, tallados en madera kitsh,
frases del tipo, «besa a un no amador, prueba la diferencia».

Seamos sinceros:
¿alguien no ha reparado en cómo huele la ropa
de los amadores cuando llegan a casa,
cómo les huele el pelo?
Cuando se deja de amar todo es distinto.
Recuperamos el olfato, el sabor de las cosas.
Cambia hasta el brillo de la piel
y todos nuestros órganos se re-oxigenan.

La historia de la medicina universal
esta llena de casos que lo corroboran.
Los cementerios están llenos de epitafios
que no dejan mentir.
Esta probado científicamente el carácter nocivo
del amor como vicio,
sobre todo, en nuestra época.
Antiguamente al amor no le ponían tantos adictivos,
tanta química.

Incluso, esta probado que el amor puro, artesanal,
ese que se lía con los dedos -puestos los besos a secar en casa-
no es tan dañino como este amor en serie, industrial, coitocéntrico.
Hasta alquitrán y arsénico y látex y mentiras electrónicas
tiene el amor contemporáneo.
Pero la mayoría de los amadores no lo sabe, son incapaces
de pensar en lo que se llevan a la boca,
lo que se meten en el cuerpo.

Otro dato alarmante: cada vez
los amadores comienzan más jóvenes.
Otra estadística curiosa: en las últimas décadas
cada vez aman más las mujeres
mientras los hombres, tradicionalmente «muy enganchados»
van dejándolo.

Que nadie vea en esto, por favor, un discurso alarmista,
una ristra de tópicos, oportunismo despechado
de ex-amador molesto. No. Al contrario.
Yo también he intentado dejarlo varias veces.
He probado con todo, pero ha sido inútil.

Ahora mismo, para no ir muy lejos,
me acercaría a esa mujer,
acicalado a lo Sidney Poitier de los años 50,
a lo Sidney Poitier con miradita de Paul Newman
y chulería marca Brando (o Bogart)
me acercaría a ella, lentamente,
con elegancia y calculada parsimonia,
con un beso de liar entre los dedos
y en voz baja, muy baja, le diría al oído:
–Por favor, señorita, ¿me da fuego?

FUMANDO ESPERO
Alexis Díaz-Pimienta
(poema perteneciente al libro POEMAS DE AMOR ZOOLÓGICO, Editorial Noviembre, Madrid, 2020).

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966. Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba. Cultiva casi todos los géneros literarios (Novela, cuento, poesía, enyayo, literatura para niños), y su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, farsi (lengua autóctona iraní), árabe, búlgaro y alemán, en antologías y revistas.

Si un hombre…

Catherine_Zeta-Jones_096
en la imagen Catherine Zeta Jones y Sean Connery en la película «La trampa» 

Si un hombre a los cincuenta años
se enamora de una adolescente,
su pasión confirma la teoría de Einstein,
la filosofía de Kant, la angustia de Shopenhauer,
el teatro de Shakespeare, los zapatos de Chaplin
y la inocuidad de las puestas de sol.

Si una muchacha en plena adolescencia
se enamora de un hombre de cincuenta años,
su pasión confirma la teoría de Einstein,
la filosofía de Kant, la angustia de Shopenhauer,
el teatro de Shakespeare, los zapatos de Chaplin
y la inocuidad de los amaneceres.

Si se besan y caminan del brazo por la Habana,
ya lo habían advertido Einstein, Kant,
Shopenhauer, Shakespeare, Chaplin;
si se desnudan en un cuarto de hotel y son felices,
tenían razón los que han llorado en los crepúsculos.

Si, en fin, se aman, todas las otras parejas existentes
(matrimonios legales y metálicos,
amantes hotélomanos,
novios castos o impúdicos, simples enamorados,
pretendientes de todos los tiempos y lugares)
han sido y son simple coincidencia,
literalmente, simple coincidencia.

(Poema TODO, de mi libro «En Almería casi nunca llueve»; curioso, escribí este poema cuando tenía 25 años, tal vez 26; y ahora tengo la edad del personaje del poema; su génesis y su por qué es más largo de contar y hasta simpática la anécdota; pero el poema sigue ahí, y seguirá, más allá de la edad de quien lo ha escrito.

Alexis Díaz-Pimienta,  nació en La Habana, Cuba, en el año 1966.

Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba.

Cultiva casi todos los géneros literarios (Novela, cuento, poesía, enyayo, literatura para niños), y su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, farsi (lengua autóctona iraní), árabe, búlgaro y alemán, en antologías y revistas.

Sombras de la ciudad

Chaplin

Yo vi a Chaplin.
iba triste,
con los zapatos descalzos.
(El tiempo inventa cadalsos
pero Charlot los resiste.)
Iba por Galiano
(existe
siempre una vieja Calzada
oscura para que nada
ni nadie nos reconozca).
Era Chaplin…
Vi una mosca
lanzándole una patada.

Medianoche. Ni un transeúnte.
Chaplin a pie…
(no pregunte
nadie si era su jimagua).
Chaplin entrándole agua
por los zapatos heridos.
Sus párpados aburridos
de silencio y soledad.
Lloviznaba. La cuidad
era una tumba de oídos.
El viento entre toma y toma
le zarandeaba el sombrero.
Se lo caló hizo un puchero
no entendió que era una broma.
Vi su bastón:
larga y roma
lágrima para el camino.
Vi su bigote anadino.
Era Chaplin… Iba triste.
Era Chaplin…Era un chiste
que se aburrió muerto y vino.

Siempre su paso inexacto.
Siempre husmeando una vidriera
en busca de una florera
que mirara con el tacto.
-Hello, Charles!…
(En el acto
sentí un frío cosquilleante).
-Hello!- volví. Y al instante
se detuvo se volteó.
Me acerqué a verlo…
Era yo.
Y Charles Chaplin delante.

Alexis Díaz-Pimienta, (La Habana, 1966). Escritor y repentista
del poemario La sexta cara del dado

* jimagua
adjetivo/nombre común
1.[animal, persona] Que nació junto con otro igual en un mismo parto.
2. Fruto que brota adherido a otro.

La tristeza

HombreTristedeYuriAlberto
Pintura de Yuri Alberto Meezs Flores

La tristeza es de piedra,
música sólida cayendo sobre el pecho,
inoportuna brizna bajo el párpado.

La tristeza, si llega,
no aceptará negociar un minuto,
no respetará los teléfonos
ni las alacenas.

De nada servirá desnudar hembras,
romper vasos,
mirar la luna hasta que críe nuevos cráteres.
De nada valdrá mirar revistas
o aceptar una lluvia hipotética.

La tristeza es de piedra,
música sólida cayendo
y destrozando.

II

Nada se sabe sobre la distancia.
Inútiles ventanas, inútiles teléfonos,
pobres nubes.

Siempre se habla sobre la lejanía,
sobre la ausencia, sobre la nostalgia;
se habla,
se canta,
se escribe,
se sueña,
pero nada se ha dicho sobre la distancia.

A no ser ese humillo que sube de los ceniceros.
A no ser ese olor que, inesperadamente,
entra por los balcones.
A no ser esta música desgraciada en el pecho.

(LA TRISTEZA. Poema de mi libro «En Almería casi nunca llueve», Scripta Manent Ediciones, 2010)

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966.

Es escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba.