Más de un día me duele ser poeta

catrin welz-stein1
obra de Catrin Welz-Stein

Más de un día me duele ser poeta. Me duele
tener labios, garganta, que se ordenan al canto.

Es tan fácil vivir cuando sólo se vive
mudo y simple, esquivando la pesquisa y el vértigo.

Pero aquél que es poeta ni en mitad del tumulto
ni emboscado en la orilla logrará su descanso.

Porque el ojo sin párpado no consigue la noche
y en acecho infinito se le enciende y afila.
Porque todo el misterio, despeñada gaviota,
le golpea el cantil de las sienes desnudas
y, en la boca, transidas de belleza imposible,
las enormes palabras se le agolpan y enredan.

Porque vive y lo sabe. Porque muere y lo sabe.
Pero el grito convulso de su vida y su muerte
es halcón insumiso que las nubes devoran.

Océanos, ciclones, bosques, astros habitan
en el ámbito estrecho que su cráneo circunda.
Olas, aves, raíces, pulsaciones, acordes,
por la red de los nervios se le enroscan vibrando.

¡Qué avidez de contornos le agudiza los dedos!
¡Qué avidez de caminos le estremece las plantas!

En el pecho le crece su imperioso destino.

Y, ni dentro ni fuera, en la fina tangente
que tan sólo en un punto a lo cierto se ajusta,
solitario y alerta, desvelado o sonámbulo,
el poeta mantiene su equilibrio difícil.

«Clamor», en Los días duros, 1953.
Ángela Figuera Aymerich(Bilbao, 1902 – Madrid, 1984)
Poeta española nacida en Bilbao. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, siendo Catedrática de Lengua y Literatura en los Institutos de Huelva, Alcoy y Murcia, y trabajando en la Biblioteca Nacional.

Despedida

zena
fotografía acuática de Zena Holloway  

Te irás del sótano
salino de mi carne.
Ya no estaremos nunca tan cerca como ahora.
Yo seguiré cantando mi gravedad marina,
domeñando el rugido de tierra de tu parto
hasta llenar la estancia tan alba del vacío
con tu ser deslumbrante.
Ese cordel de sangre del centro de tu talle
lo cortarán.
Jamás serás de nuevo mi cometa secreto,
el capullo de rafia,
el cosmonauta asido a mi matriz.
Cortarán ese lazo de savia sin regreso
y llevarás por tanto mi nombre sobre el vientre
como un botón rosado,
allí donde mi amor
no pudo más e imprime
su cóncavo dedal de despedida.
Ya no estaremos juntos como juntos estamos,
atados como liquen. Vas a nacer. Por siempre
soy tu animal materno.
Donde quiera que vaya la hoguera de tus pasos
tenderé una señal,
un eslabón de viento,
un trazo que nos ate más allá de la tierra,
un dibujo invisible que nada lo lacere.
Un rayo interminable donde mi amor transite
y viaje de mis senos a tu boca candente.
Un rayo que yo pueda ponerme entre los labios
cuando su azul letargo me tienda al fin la muerte.

Ana Istarú, poeta y actriz costarricense nacida en San José en 1960. Guiada por sus padres, inició muy joven la carrera literaria publicando su primer libro de poemas a los quince años. Junto a Eunice Odio y a Carmen Naranjo, stá considerada como una de las figuras más prominentes del panorama literario de su país, con reconocimientos internacionales como los premios españoles María Teresa de León para autoras dramáticas en 1995 y el premio Hermanos Machado de Teatro en 1999. En 1990 le concedieron la beca de creación artística de la Fundación Guggenheim. De su obra poética se destacan: Palabra nueva en 1975, Poemas para un día cualquiera en 1977,Poemas abiertos y otros amaneceres en 1980, La estación de fiebre y otros amaneceres en 1983, La muerte y otros efímeros agravios en 1988, Verbo madre en 1995 y Poesía escogida en 2002.

 

*domeñar
Del lat. *dominiare, de dominium.
1. tr. Someter, sujetar y rendir.

A la espera de la oscuridad

Limited Edition Art Print by underwater photographer Zena Hollow
Fotografía acuática de Zena Holloway

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

Alejandra Pizarnik, poeta argentina 1936-1972

Casa de cuervos

sorolla
madre con su hijo 1899, carboncillo de Sorolla 

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

Blanca Leonor Varela Gonzales, fue una poeta peruana, considerada como una de las voces poéticas más importantes del género en América Latina (1926-2009)

El llamado

Igor Levashov
obra de Igor Levashov 

Tú estarás lejos.

Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprenderé la muerte.

Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.

Si donde estés tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.

Olga Isabel Chams Eljach, conocida por el seudónimo de Meira Delmar, fue una poetisa colombiana de ascendencia libanesa.

Alfonsina Storni

alfonsina
monumento dedicado a Alfonsina Storni, tallado por Luis Perlotti  

Entre un romper de olas descubro el monumento
de la que fue poeta y ante todo mujer.
La luz va declinando en apagarse lento
y ya en el horizonte muere el atardecer.

Como dulce canción me llegan con el viento
las palabras de otrora, recuerdos del ayer,
y todo cobra vida, mágico, en un momento,
igual que si de nuevo hoy la volviera a ver.

Me encuentro allá en la infancia junto a ella sentada,
personaje irreal para mi ingenuo asombro,
que apenas a nombrarla me resuelvo: «¡Alfonsina!»

A mi débil susurro responde embelesada,
acercando —amorosa— mi cabeza a su hombro:
«¡Y tú eres Marilina y serás Marilina!»

Marilina Rébora, poeta argentina 1919-1999

El monumento a Alfonsina Storni está emplazado en el mismo lugar en donde la escritora y poetisa se quitó la vida el 25 de octubre de 1938, frente a Playa La Perla – Mar del Plata, Argentina. La obra fue esculpida por Luis Perlotti y consiste en una piedra tallada acompañada por los versos del poema “Dolor”, escrito por Storni en 1925. Su última estrofa es un augurio de la triste pero poética muerte de la escritora: “Perder la mirada distraidamente/ perderla y que nunca la vuelva a encontrar:/ y, figura erguida entre cielo y playa/ sentirme el olvido perenne del mar.”

Recuerdo

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fotografía de Lucy Zharikova 

El regreso no atiende a encargos.
Mentira,
buscaba cerrar los ojos,
ser rastro del desierto
donde el viento sacude la huella,
siendo el recuerdo lluvia de púrpurina
en el clamor del angosto eco del olvido.
Mentira,
buscaba seguir existiendo,
pisando suelo que sin ser gris divino
me asista en ligero camino.
Mentira,
yo sólo quería no dudar de la duda,
aletear en la certeza de versos
escritos en el desorden de las palabras
imaginando que los segundos
estallan en mis manos, caen en el minuto,
como el sol en la sombra, sin arrastre.

 Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961 

Árida

escultura
obra del escultor taiwanés Gaylord Ho 

Árida llanura
arrancando la muerte,
amarrando la lluvia,
azahar que despierta,
al limbo secuestra.
A la manera de ser tuya,
a la par me penetras.

Entonces caeré en la muerte densa
entonando un leve suspiro,
esperando que la lluvia cese en mi cuerpo,
estocada perfecta a mis impulsos,
escribiendo versos que el óbito
encuentre en grito de una balada.
Intruso malherido de mis voces,
intratable como la razón,
instintiva como el placer
inerte en este cuerpo
insulso de dolor entre paisajes,
imitando la huella de mi sexo en mis ojos.
Oscuro es el tiempo que secuestra
un huracán entre los visillos de la propia inercia

del poemario Ego Amare de Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda 1975

Poema de invierno

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“In memoriam” obra de Andrea Melendez  

Así fue como acabó el undécimo mes, Noviembre:
Con el canto de las ocas salvajes
que marchaban hacia el Sur.

Y tú miraste hacia aquel cielo, para decir:
Si tuviera alas, también yo me esforzaría
en busca de nuevas tierras,
también yo levantaría mi campamento
en una playa llena de banderas amarillas;
quizá entonces trabajara mejor el tiempo,
quizá entonces olvidara para siempre
las murallas y la gente de esta ciudad.

Y, recuerda, yo sólo te hice una pregunta:
¿Por qué somos tan infelices?
De morir un mes más tarde
habría visto nieve
en nuestro jardín.

Seguíamos hablando
cuando los oscuros ángeles
que se lo llevaron
se llevaron también la tarde.

Así fue como acabó el undécimo mes, Noviembre:
Con el canto de las ocas salvajes
que marchaban hacia el Sur.

de “Poemas & Híbridos”, de Bernardo Atxaga

José Irazu Garmendia (Asteasu, Guipúzcoa, 27 de julio de 1951), conocido con el seudónimo de Bernardo Atxaga, es un escritor vasco. Su obra abarca cuento, novela, poesía y ensayo y ha sido escrita y publicada íntegramente en euskera. Traducido a numerosas otras lenguas, es el escritor en euskera más leído y traducido.1 Se licenció en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao y en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona.

Miembro de pleno derecho de la Real Academia de la Lengua Vasca desde 2006, en noviembre de 2010 también fue nombrado miembro de Jakiunde, Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras.

Métricas ocultas

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obra de la pintora estadounidense Tina Spratt  

Tú creías que amar
era una igualdad condicional
con tres variables que la hacían cierta:

amor-forma,
amor-espacio,
amor-tiempo.

Estabas equivocada,
porque esta noche he descifrado
las métricas ocultas del amor.

En la soledad de buscarte he hallado
un continuo espaciotemporal
donde te amo sin bordes ni límites.
solo hay una coordenada
en la que igual, como mi corazón,
soy yo, a la vez,
tu corazón síncrono palpitando.

Y así te amo,
latiendo en resonancia,
en la simultaneidad intrínseca
de sabernos fluyendo sin estarnos.

La Química o el Amor

 José María Garrido, (1975) poeta madrileño