De las más breve orilla

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Un silencio físico
cae sobre las formas,
en un lugar tranquilo se dice el otoño.

Quizás nunca sabremos
qué extraño material compone un nombre que regresa,
con qué rotos cristales
reconstruiremos nuestras últimas heridas, cómo
se enreda un pensamiento
en la morada que le ve desfilar dificilmente para siempre.

He regresado del más dulce país, de la
más breve orilla.
He reconocido en el agua aquel rostro que siempre
me será vedado,
aquella expresión que nunca me será ajena,
aquel ser
cuyo centro siempre será la lejanía para mí,
porque no tiene centro,
ni límite su frontera ni su agravio, aquel nombre
que siempre reposará su frente
sobre mi pecho
como el misterio y el abatimiento sobre los seres amados
antes del alba,
en el más habitual y extranjero de los paisajes,
en esa sola hora
en que palidecen las estrellas, y el pulso de los hombres,
y su voz más antigua.

De súbito he sido yo un solo instante, el único
instante posible,
en las vacías alamedas llenas de sol,
y he pagado su precio.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista,

Ahora escucho el silencio de los pájaros

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Del ejercito inscrito
no queda más que vestigio que los árboles,
del himno cantaron

El silencio,
la calma de la hierba cuando crece,
el roce de las larvas

No vuelvan las pisadas a este lugar sin nombre,
a esta callada esquina de la tierra
que sigue su mandato

Algún veneno oculto
logrará aquella paz que la luz no consiga,
que el viento no doblegue

Fundirnos en el tiempo
como un copo de nieve
en los labios del fuego

Cuando repose el arma y descanse ese rostro no sea
el del vencido, tan sólo el del que haya cumplido
su tarea, su fiebre, su misterio

ahora escucho el silencio de los pájaros,
en ese reino helado,
y ya no sé qué hacer

Salvo un rato, salvo soñar
que cantan en otro bosque nuevo, en otro mar distinto
que nunca será el nuestro

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista,

Noches del espejo

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Secreto batir de alas nocturno
frente al mar

naipe de agua

vida incurable
irrelevante
cual una felicidad sin dolor

cada nueva mañana
construida nueva muerte en la vida
que la sirve

luces de barcos en el aire
serán
el borde de aquella extensa noche sin regreso
lejanía interior
que se decide bajo el vuelo tardío

respiraremos juntos todo ese viento oscuro.

 

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Ser encina nocturna

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fotografía de Javier Rosano

Te inflinjo ser un cero eterno y rápido,
un cero matemático, perfecto,
un cero maxilar, un cero de aire, un dedo de mi mano
sin anillo, un cero como yo
de Dios y esquina, una uña enamorada, un ojo ciego,
un trozo del exceso del dolor.
Y no supo su enfermedad considerable
ser parte, ser todo, ser encina nocturna, labio difuso,
ni ser metálicamente conocido por su símbolo,
ni cero ni eterno ni arquitectónico ni nada.
Sólo supo ser hombre y aún ni eso.
Tanto todo para todo y para nada.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Un cielo detenido

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Volqué la ceja de tu línea en las palabras.
Había ardido el tiempo hacia tiempo.
Yo nunca estuve.
Hace ya mucho que nos caímos en los trapecios.
El mar con los amigos dentro de todos.
después giramos y el final estaba solo.
Nunca cantaron los pájaros eternos.
Nos saludamos sin conocernos enamorados.
Todos se fueron a vivir al cementerio.
El triunfo allí la gloria el frío.
Mis ojos libres.
Todos los huesos de viento y noche de cobre y viento.
los toros viejos desmontándose las astas.
Ciegos sin luces ríen los niños cuando amanecen.
Cuando desde los lienzos todos los muros se descuelgan.
Todas las guerras todos los dioses.
Luego encendieron el cielo detenido contra nocotros.
Después se fueron a la distancia todos dormidos.
después giramos y el final estaba solo.
Y yo no estaba en ninguna parte yo nunca estuve.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Un animal dormido

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fotografía de Ken Browar y Deborah Ory

Cuando algún cielo,
adicto a las traiciones, disuelva
aquellos cuerpos impalpables
en la lluvia,
esparza las cenizas de sus ojos en el viento,
será un dios, un animal
dormido,
el que actúa,
el que invada la tarde, el que digiere
y no perdona
otra vida que la suya, otro absurdo
que el de su corazón,
o será alguno de nosotros, tras el disfraz
de un hombre,
distribuyendo las afligidas frases,
los obligados rumbos a los suyos,
los bellos días que ya no han de volver.
Un cielo, un dios, un animal
dormido, un hombre
disfrazado,
un verdugo,
un héroe,
tú,
yo,
qué mas darán las palabras, las formas, los gestos
que se asumen, los oficios,
si nada ha de variar.
Será deber de la pupila abarcadora
reconocer
el tono sosegado de la tragedia.
Ser ola mínima,
el mínimo habitante de ese histórico mar,
la distancia.
Mirar pausadamente el rostro impenetrable
su eterna juventud
disgregadora,
su infinita dureza, su exquisito papel,
su gesto amable.
Mas algo hay suave, pasajero,
inconveniente, que quiebra
la balanza,
da respiro.
Un gramo de dolor nunca cabrá en el mundo.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista

Euskeraz  En euskera

Abere Lokartu Bat

Zeruren batek
saldukeria zale, xahu ditzanean
gorputz ukiezin haiek
eurian,
bana ditzanean bere begien errautsak haizean,
jainko bat izango da, abere bat
lokartua,
ekiten duena,
arratsa inbaditzen duena, liseritzen duena
eta barkatzen duena
bereaz gaindiko beste bizitza,
bere bihotzarenaz gaindiko
beste absurdoa,
eta gutariko bat izango da, gizaki baten
disfrazaren ostean,
banatuz esaldi mingotsak,
derrigorrezko norabideak bereei,
gehiago itzuliko ez diren egun ederrak.
Zeru bat, jainko bat, abere bat
lokartua, gizon bat
mozorrotua,
borreru bat,
heroe bat,
zu,
ni
zer gehiago emango dute hitzek, moduek, asumitzen diren
jokerek, lanbideek,
ezer aldatuko ez bada.
Beginini inguratzailearen eginkizun izango da
igertzea
tragediaren tonu soseguzkoa.
Uhin txikiena izatea,
itsaso historiko horretako biztanle txikiena,
urruntasuna.
Pausak begiratu aurpegi zurrunaren
betiko gaztetasun
barreiagarria,
bere gogortasun infinitoa, bere paper goxoa,
bere keinu maitagarria.
Baina bada zerbait bigun, igankor,
desegoki, hausten duena
pisua,
arnas damana.
Samin gramu bat ez da kabituko sekula munduan.

 

Me perdí en el lado perpetuo de las aguas

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Me perdí en el lado perpetuo de las aguas
junto a sus joyas sin luz
ni acercamiento
nuestros gestos más blancos y ordenados
en la mesa infinita
imperios de cristal de decepción
vagando en la altitud
viejos estruendos tornándose en silencios
niños en viejos
sin excusa
susurros imposibles
cosas que nunca pudimos aprender del todo

Definitivamente el agua no era nadie.

                                                     ◆━━━━━━◆❃◆━━━━━━◆

Uren alderdi betikoan galdu nintzen

Uren alderdi betikoan galdu nintzen
argi gabeko bere joien ondoan
ez hurbilketarik
gure keinuak zuriagoak eta eratuagoak
mahai infinitoan
kristalezko inperioak etsipenezkoak
aldarrai goitasunean
antzinako zaratak isiltasun bihurturik
haurrak agure
aitzakiarik gabe
zurrumurru ezinezkoak
sekula erabat ikasi ezin izan genituen gauzak.

Benaz ura ez zen inor.

 

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Nadie me llame hoy

alexander yakovlev fotografia
fotografía de Alexander Yakovlev

Nadie me llame hoy.
He tenido que ausentarme bruscamente.
Seres que abreviaban la luz a mi paso,
y reposo,
débiles cazadores de eternidad,
de madrugada,
en los salones de la lluvia,
gente que no sabe perdonarse.
Tanta sombra en los cipreses conquistados.
Nadie me llame hoy desde la vida.
Ya no hay excusas ni motivos
entre mis manos de madera y las edades de los árboles.
Al despegarme de las páginas
no ha dejado sitio alguno a mi vacío,
mi palidez.
No estaba en ellas.
Estaba solamente superpuesto como el espejo
y la luz encarcelada.
Asciende el mar hasta los débiles gestos de las rocas,
hasta los rostros fugaces de las nubes.
No existen nombres en la nueva ciudad,
ni verdades.
Cedan las aguas a las aguas,
el viento al viento,
las hojas a las hojas,
esa legión de pasadizos y frentes presurosas,
en secreto,
hacia la oscuridad.
Nadie me llame hoy si no es capaz de comprender
mis nuevos ojos,
si no alcanza a percibir el silencio de mi voz,
si ya no puede amarme.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Los cuerpos

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Y allí,
la dulce, la secreta violencia
del cielo
estallando sobre los muebles,
las murallas,
los cuerpos abandonados en penumbra,
las habitaciones,
la perfecta crueldad, la locura de las nubes
en calma,
derramándose como un vino sagrado
en nuestros labios,
tibio,
en nuestros ojos de oro y lluvia,
el secreto descenso
del silencio,
memorable en las gargantas, por las fisuras
del entarimado.

Allí delante, cada anochecer,
incomprensibles,
como un diálogo, como una confesión
o una ofrenda,
perdidos,
sin regreso ni razón,
ligeros dioses de porcelana rosa.

De aquellas lejanas estaciones
los perfumes recargados
de la muerte,
de las aves,
la ignorancia solar en los rostros
de cera y de los frutos
en descomposición,
aplastados bajo el mediodía,
los cuerpos,
entre el abandono de las horas y la esperanza,
la seda,
la fatiga de estar aún allí,
absortos,
repitiéndose, ensayando las propias
mutilaciones,
como una fiesta en sombras,
y el sabor
de los colores de la prohibición,
el sudor recorriendo
aquel cuerpo
de diosa entre la herida, la hierba
y el susurro.
Y el cuerpo saciado,
definitivo,
de la muerte irrumpiendo en un rostro
de azar.

Nunca sentí prisa
pues supe que no era mi placer
la suma de escenas,
ni el objetivo llegar más lejos,
ni la memoria,
sino aquel rasgo, el gesto
leve, mínimo,
la mirada que se pierde en un segundo
para siempre,
una sola escena
y la locura de lo real para siempre.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista

Cesaron nuestros nombres

Marina chulovich
Obra de Marina Chulovich

Cuando cesaron las aves de la mar
se abrió el silencio.
Cesaron las nubes y las piedras.
Cesaron las aguas.
Quedó amenazado entre la luz
el gesto prodigioso,
mojado hasta la vida de otro mar,
los latidos del agua
leves seres del frío antes de ser.
Entornaron los ojos
demencias congregadas en un cuello
de cisne
ascendiendo al dolor
como una estéril mirada de la justicia.
Cesaron las playas, las palabras.
Cesaron nuestros nombres.
Arde el ojo de la muerte en los espejos,
desde entonces,
como si los objetos de nuevo volvieran a vivir.
En las plazas vacantes que dejaron nuestros ojos
reinan ahora otras cosas.
Nuevas enamoradas cerraron nuestros rostros
en frascos de distancia.
Sólo descanso,
ahora.
Descanso sólo.
Como la nieve que besa nuestros labios.

de Palabra perdida

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.