Amor

sergio-cerchi
obra del pintor italiano Sergio Cerchi 

Amor sin nombre, ámbito destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.

En un alto silencio, un aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.

Por ti cuelgo coronas en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares aligero tus canciones.

Y te llevo en mi ser y has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus palomas al olvido.

Carlos Pellicer, poeta y museólogo mexicano nacido en Tabasco en 1899-1977

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En el silencio de la casa

tu en el silencio

En el silencio de la casa, tú,
Y en mi voz la presencia de tu nombre
Besado entre la nube de la ausencia
Manzana aérea de las soledades.

Todo a puertas cerradas, la quietud
De esperarte es vanguardia de heroísmo,
Vigilando el ejército de abrazos
Y el gran plan de la dicha.

Yo no sé caminar sino hacia ti,
Por el camino suave de mirarte
Poner mis labios junto a mis preguntas
-Sencilla, eterna flor de preguntarte-
Y escucharte así en mí, ¡y a sangre y fuego
Rechazar, luminoso, las penumbras!

Manzana aérea de las soledades,
Bocado silencioso de la ausencia,
Palabra en viaje, ropa del invierno
Que hará la desnudez de las praderas.

Tú en el silencio de la casa. Yo
En tus labios de ausencia, aquí tan cerca
Que entre los dos la ronda de palabras
Se funde en la mejor que da el poema.

Carlos Pellicer, poeta mexicano 1897-1977

Al dejar un alma

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Agua crepuscular, agua sedienta,
Se te van como sílabas los pájaros tardíos.
Meciéndose en los álamos el viento te descuentan
La dicha de tus ojos bebiéndose en los míos.

Alié mi pensamiento a tus goces sombríos
Y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
Tú alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
Yo devoré en el pan tus trágicos estíos.

Mis manos quedarán húmedas de tu seno.
De mis obstinaciones te quedará el veneno,
Flotante flor de angustia que bautizó el destino.

De nuestros dos silencios ha de brotar un día
El agua luminosa que dé un azul divino
Al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.

Carlos Pellicer, poeta mexicano 1897-1977