Postal III (vista aérea)

Es en los tejados,
lo que importa sucede en los tejados;
es decir,
bien poca cosa.
Pero tú te asomas a la ventana
y observas un horizonte de antenas,
seres aún más esbeltos
que la radiografía de nuestras almas.
¡Qué terribles son las antenas,
qué regias e inasibles,
siempre de perfil!
Erguidas contra el tiempo
ocultan bajo una fronda
de hojas perennemente caducas
su descorazonamiento vertical.
Aun así,
lo que importa sucede en los tejados.
Es decir,
bien poca cosa,
tan solo
esta conversación de arquitectura y sombra
tan inerte como la radiografía de nuestras almas.

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Naufragio intermitente

He visto tres pájaros muriendo en pleno vuelo
y la tristeza del agua cuando se evapora

He sobrevivido al silencio de su huida

He oído a la tierra romperse
mientras el hielo echaba raices
en su más honda carne
y mi carne ha sobrevivido al ruido de la ausencia

He contemplado la sequía y su desolación
en las cuencas vacías del animal
y he llorado los estragos de la inundación
el lodo invadiendo la cocina y petrificando el pan

He sobrevivido a la sed y a su rencor
y a la putrefacción del llanto

Las horas son muy largas para quien sobrevive

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1996)

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

La ceniza

Digo que no existe el olvido
hay muerte y sombras de lo vivo,
hay naufragios y pálidos recuerdos,
hay miedo e imprudencia
y otra vez sombras y frío y piedra.

Olvidar es solo un artificio del sonido;
tan sólo un perpetuo acabamiento que va
de la carne a la piel y de la piel al hueso.
Así como las palabras primero son de agua
y luego de barro
y después de piedra y de viento.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1996)

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Jarrón y tempestad

Como descenso por la flor desapacible
Todos los equipajes
Más ligeros que la eternidad de las víctimas
Se dispersan en el mar de los astros de lana verde.
Las fronteras, la trompeta arcaica, el río circular
Los veloces juguetes de la felicidad, sobre todo
La unidad del error.
Todo menos frágil que la eternidad de las víctimas.
No ha llegado a la retina el enjambre que anima el amor
Ni el sol bajo el oro místico distante a la pasión de volar.
La circulación del ácido en la heredad florida
El puente de cieno, las bridas del horizonte
que se ciernen sobre la enorme marea en la encrucijada sin tiempo
El leviatán desde lejanas horas
Devorando el vidrio de la caligrafía, sus benditos perfumes.
Todo más espeso que la eternidad de las víctimas.
Tal vez los ellos, tal vez las letras en ese jarrón de flores
Atraviesen el sueño del barco perdido
Hasta el puerto todo carcasa en su comienzo marino
Abrazados en la ruta de los ritos
Eternidad de la inmovilidad parapetada
En el cielo delirante donde duerme
Llora, avanza, ama, se exilia lo exiliado de la verdad
Y se abriga el frío de las ardillas que se esconden
Como barco de papel ante la tempestad de las maderas.
Nada tan evidente como la eternidad de las víctimas
Trasparente como la amenazadora belleza de la flor.

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Azogue

Vivimos de costado
pasamos de puntillas.

Gracias a dios nadie quedará para recordar
en nombre de quién
habrá de dirimirse la venganza.

Cuando el tiempo se escapa sin rostro de las manos
dejando un polvo amarillo en el azogue
es menester estar atentos.

Cuando los días huyen a hurtadillas
despreciando nuestro estupor
(mientras se pudre el grano en el almiar)
es menester ser precavidos.

Cuando la vida se oculta en los rincones
y no hay perro de caza que pueda hallar su rastro
solícitos acudimos a las puertas del miedo.

El bosque de certezas ardió hace tres noches.

Y yo he venido a pregonar
la escarcha de la duda.

(De El libro de Lilit. Ed. Renacimiento, 1995)

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Estas ruinas…

Guadalupe Grande

Estas ruinas que una vez fueron carne y voz
están hoy abandonadas a nuestro cuidado
somos los responsables de su eternidad
Después de cocinar el adobe
llegó la alegría de los muros
y el aliento de las ventanas
caía la tarde
como por la cuchara resbala la miel
atardecía despacio
dándonos tiempo para entender la noche
descendían las horas
en la desnudez del aire
el viento aromaba las sombras
caída la tarde
el miedo no tenía nombre

De: «El libro de Lilit»

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

La huida

Vivimos como de prestado
vivimos como sin querer
vivimos en vilo y nuestro destino es la espera
vivimos fatigados de tanto sinvivir

Huí, es cierto.

Huir es un naufragio,
un mar en el que buscas tu rostro, inútilmente,
hasta convertirte en náufrago de sal,
cristal en el que brilla la nostalgia.
Huir tiene el olor de la esperanza,
huele a cierto y a traición,
se siente vigilado, está perdido
y no hay ningún imán que guíe
su insensato paso migratorio.
Huir parece alimentarse de tiempo,
respira distancia y mira, desde muy lejos,
un horizonte de escombros.
Huir tiene frío y en la piel de su vientre
resuenan palabras graves valor asombro lluvia.
Huir quisiera ser un pez abisal que ha llegado a la superficie:
despues de tanto oscuro,
de tantos siglos anegado en la profundidad,
brillan las primeras gotas de luz
sobre su lomo albino de criatura castigada.
Pero huir es un naufragio
y tu rostro un puñado de sal
disuelto en el transcurso de las horas.

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.

Junto a la puerta

La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón

Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
-peor: esperar-,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.

Guadalupe Grande, Madrid 1965-2021, poeta, ensayista y crítica española.