Saveur

PoemaIsabel

¿A qué sabrá el poema?
A un labio,
a centímetros
de tu boca,
a nieve helada
en el metro cúbico
de tus formas.
A veinte,
a 40 maneras
de amarme, antes que el limón
se funda en una inercia magnética-

¿A qué sabrá la
lengua con otra lengua,
con otro paladar distinto
que incorpora una cuenta sin término?

¿Qué sabor otorga la vida sin ti?

Los nublos atraviesan mi ventana.
Como un desamparo en los rótulos
de una cadera.
O de un alfeizar
entre las sierras.

¿Qué vida forjaré en el próximo
segundo cuando todas las agendas
pondrán un descaro entre
el pisapapeles,
la cuenta corriente, la espada
o la barandilla al salir del portal?
Todas las primaveras se extinguieron,
todas las maneras de ingresar en nómina
el mutismo entre las hojas.

Ni siquiera el invierno es un aliciente.

Di. Incesante como la miel.

¡Oh, mi razón se desboca como un pálpito¡

Trémula carne. Una voz.
Ciega. Viscosa, lúgubre,
proeza, puerto o locura.
Mañana en azul entre la brizna del trigo.

¿A que sabe?
¿A qué?

Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda en 1975

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Gozo

isabelPoesia

Soy un borde de descaro.
Si miro tus ojos.
Si miras los míos.
Si maquillas tus huellas
en mi cuerpo.
Si pudieras.
Si quisieras.
Si estuvieras
en este momento
en mis brazos.

Soy una fragua moviendo
las puertas.
Híbrida de mansedumbre
en mis tiempos.
En mi rutina.
Esperando a algo
impensable
que fuera locura.
Que fuera vida.
Que fuera plena.
Despegando del labio
a la carne.
Bajando tu recta silueta
hasta el vacío perfecto.
Perfecta agonía.
Perfecto placer.
Perfecto gemido.
Si pudieras.
Si quisieras.
Si estuvieras
en este momento
debajo de mis íntimos
despropósitos.
O encima de dos segundos
escondiendo tu lengua.
Escondiéndo la ceniza,
Escondiendo la evidencia.


Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda en 1975

 

Tu beso

el beso
imagen de art garret

Tu beso es un cordel de pétalos
en las laderas,
que sabe a cielo
cuando despierta su roce.

Retorna a su sitio
en la fragancia del aire,
de puntillas por el cuerpo,
sobornando tu valle,

rompiendo la escarcha,
gritando tu nombre.

Tu beso encuentra mis labios
y provocan el duelo,
encienden lujuria
y taladran el talle,

muriendo me encuentro
por salvar su hambre.

Poema de Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda en 1975

Entre los versos sigue el poeta

Entre los versos sigue el poeta
una transfusión,
un litigio.
364 días respirando rima.
Y un complot entre mis labios.
¿Qué puedo hacer?¿Dime?
Mi sangre no tiene sangre,
no tiene venas,
ni tiene ánforas.
Solo un pétalo durmiendo entre mis brazos.
Soy yo. Si .
Latiendo al compás de un pequeño sorbo
de cielo.
¡Ah, el tiempo!
Se me va entre mis musas.
Cuando mienten a mis ojos.
Cubren de besos mi conciencia.
Y cuando se van me abandonan como un reloj
sin sonido ni estirpe.
Entonces leo tu verso, tu hueco, tu aliento,
tu tacto.
El universo se encuentra diluyendo almas
para ponerlas al servicio de la luna.
Y en la duermevela,
el paisaje y la rosa
se convierten en tí.
Bella, bella alcurnia de poemas floridos,
¡Sílfide serpenteante entre los cielos!
Y me quedo aquí, esperando,
a no se qué
pavor o miedo…
Esperando o es mi prosa
la que espera, o huye,
miente,
miente
..me miente…

Poema de Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda 1975

Música: Adagio – Johann Sebastian Bach

Sum

1.0.2
pintura de Susan Ríos

Yo soy una gota en el océano.
Al son del aire se divide y vive.
Nadie retiene sus hilos.
Nadie me ama más allá del viento.
Las sonrisas emergen entre caminos,
desarman los cielos,
mueren entre huracanes.

Yo soy una garganta profunda,
tejo la voz en sonidos diurnos
o en carne noctámbula,
mientras el hueso libera el músculo
de las acciones, o de la inercia.

Clavarme en tu rodilla es un intento
fallido entre la puerta y la ventana.
La tormenta aun no me gana,
y la calma acelera mi huida.

Yo soy un segundo entre la duermevela,
el espacio callado y la termita interna.
El pétalo blanco y el pómulo sedoso,
la caricia que gime,
el sexo que grita.

Yo soy lo que no me dejaron ser,
soy lo que quiero hacer ahora,
o no quiero hacer después de una siesta.
La contracorriente libre
en las vertientes de los ríos,
en las lindes de las huertas,
en la piedra callada, increpa.

Pero frente al amor que llora
en un macabro desasosiego:
Yo soy… lo que quieras tú que sea.

Isabel Rezmo, Úbeda, Jaén, 1975

Oigo el mar

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Le Penon en Francia, fotografía de María J. Leza © (todos los derechos reservados)

Oigo el mar,
como la vida,
una maraña de cabello en mis ojos desorbitados.
Me doy cuenta, me hago la pregunta a la indisciplina de la respuesta.
Me hago una muerte en los ojos cerrados.
Caigo en la cuenta.
Quiero proteger un suspiro, las horas,
quiero navegar en la espuma de la playa sin nombre.
Quiero seducirme en tu cuello,
en tus brazos,
los brazos del abrazo y de la respuesta a cualquier clase
de amor que no lleve a la desesperación.
Que no lleve al letargo. A la frialdad del propio destino,
de no saber, de no querer, de no decir,
pronunciar, disparar,
olvidar, doler, seducir, soñar…
El sueño es como un arrecife de historias dormidas
en rocas serpenteadas por ruidos del ser…
Querer ser, querer ir, simplemente querer…
¿Y en la madrugada? Como el náufrago.
Acércate. Es un susurro. Mi voz, se descuelga del teléfono
en un páramo,
en la vieja arena de un gladiador
el que me tensa el cuerpo, y me incita,
a perder una condena,
a ganar una sentencia,
menospreciar la quietud, que no tengo.

Texto tomado del poemario Paisajes de una Dama, 2013

Isabel Rezmo

La fuente

fuenteIsabelRezmo

Pasaba la tarde con una inquietud. Traspasaba la tarde como un mortal veneno cuando la plaza dormía en sus afluentes, entre el ruido del agua…
¡Oh eras tú! Entre la neblina, o la arena tardía de una acera.
¡Eras tú! Quien ocultaba sinuosa tanta alegría al rozar un eco,
o un verbo, o un intervalo entre la boca.
Pasaba las horas, como un deseo, un pliegue azul en la marisma del atardecer en rosa carmín de tus labios.
Mientras la sonoridad es un juego de niños entre las campanas,
entre el gentío donde se para las niñas a derretir la sonrisa entre una clave de sol.
Las mujeres al unísono enjambre de sus voces, incesante muslo que contiene la vida, la muerte, la rutina sin par en los meteoritos.
Y allí viendo pasar el aleteo de una guadaña sin par, alzas tu piedra caliente o caliza forma, esbelta, ágil, doliente arroyo de rutina.
Alli donde las cicatrices de la infancia deja su hastío en cuerpos inmóviles de sal ¡divina proeza!
Allí solo allí, entre los bordes del roce que dicta susurros al mediodía o a la noche de los amantes, labio a labio, cuerpo a cuerpo, o quizás sin rubor; allí sólo en ese lugar mágico de puntiaguda observancia; allí, reinas como las damas, secuestras el óbito conjugado bordeando la linea continua que debe cruzar al parque, y de allí al descanso perpetuo.

Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda en 1975