Te propongo una cosa

matteo cotugno tempo

Te propongo una cosa, vamos a retroceder
hasta entonces el tiempo y nos quedamos,
para que los años no me dejen su huella
y vaya buscand0 en todas tus manos,
no conocernos o encantarnos, juntos la vida;
yo sigo sintiendo en tu hombro mis labios,
en tus labios mis labios y en tus pechos,
las callejas, los rincones más oscuros
para besar oscuros y lánguidos tus cabellos;
yo sigo en el espejo tu desnudez fantasma,
recordar cada curva, cada hallazgo y gesto,
estar contigo más allá de estar contigo
y no el quebranto de un pasado muerto,
mi pasión, delirio, mi mejor compañera,
tú, que dejaste en mí una coraza de huesos
más expuestos que una tumba abierta;
paseo tu nombre por el lomo de mis libros,
pobre amante, qué ángel sube y desciende
alojando tu cuerpo en mi camino,
rápido, como la margarita niega y cede;
yo sigo recordando tus rebeldes rizos
en cada rincón de aquella casa cercana,
sabores y mesas, luz, boca y pasillo.
Te propongo una cosa, ir hacia adelante,
aunque no te olvide, yo que todo olvido,
y tu hagas de tu vida distancia de la mía,
pondré si nos cruzamos el alma al saludarte
como el alma dejo en esto que despido.
.
Luís Gómez -Samudras-

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Manos de aceite

tusMANOSPOEMA
óleo sobre lienzo de Dorina Costras

Manos de aceite,
sin cansancio, manos infinitas;
manos de algas y de olas,
vanas manos en lo incierto.

Manos que retienen
los actos más puros,
manos impacientes
por los contornos.

De impasibles azules,
manos como gotas de agua,
oliendo a mar,
manos sin demora.

Manos de vidrio
¡ah, las manos de vidriosos
aconteceres!
como el vientre o la boca.

De blando camino,
de olivo verde,
verdes ramas,
manos verdes como el Sur.

Manos de dedos victoriosos,
frontera de las caricias,
fuego, navío, retama,
manos que se muestran.

Así, son, así tus manos,
¡ah, tus manos, tus manos
al borde de mi cuerpo!
así son tus manos, así.

Luís Gómez -Samudras-

En la imagen pintura de Dorina Costras

Porque no hay silencios…

mujer
Óleo de  Mikhail e Inessa Garmash

Porque no hay silencios que mal se entiendan,
si bien se hablan,
me hice entendedor de silencios
para que tú me oigas
y sonrías amplia como una mariposa.
Sólo para tu boca, niña temprana,
se ató ebrio un nudo a mi garganta
y rompió, mudo, el fulgor de mil estrellas.
Luz nocturna, faro de acantilado,
tierna pluma sagaz y bohemia
te alzas trémula y brillante.
Letras con sabor de agridulce Mediterráneo,
mar de mis noches inquietantes,
tú, te acercas como un pajarillo
y sueltas en bandadas tus ojos para escucharme;
me sostienes como la primavera nuevas lluvias
y mi voz se hace cómplice en tus retinas.
Mujer en las mañanas,
caudal nocturno,
carril de huellas descalzas sobre las playas,
también tú, en tus pasos de caracola errante,
cepa muda arraigada a la tierra,
maduraste frutos para entender mis silencios.

Luís Gómez del poemario Silencios de sal