Hallarás en el bosque mansa fuente…

adi dekel
fotografía de Adi Dekel

-Hallarás en el bosque mansa fuente
que, al apagar tu sed, copie tu frente.

Dijo, y le respondí: -No tengo antojos
de ver más fuente que tus dulces ojos;

sacian ellos mi sed; son un espejo
donde recojo luz y el alma dejo…

-Escucharás, entonces, los latidos
del gran bosque en los troncos retorcidos;

o el rumor de la brisa vagarosa
que huye y vuela cual tarda mariposa…

-Bástame oír tu voz; tiene su acento
gritos de mar y susurrar de viento.

-Hay allí flores, como el sol, doradas,
y otras níveas cual puras alboradas.

-En tu mejilla rosa está el poniente
y la blanca alborada está en tu frente.

-Hay allí noches profundas y tranquilas…
—Esas noches están en tus pupilas.

-Hay sombra en la maleza enmarañada…
-Hay sombra en tu cabeza alborotada…

-Lo que se siente allí, no lo has sentido.
-A tu lado el amor he presentido.

-¡Ven! Ese bosque misterioso y quieto
va a decirte al oído su secreto…

-¡Es en vano el afán con que me llamas!,
¡si tú ya me dijiste que me amas!…

-Hay un árbol inmenso, majestuoso,
de altísimo follaje rumoroso;

en él, como serpiente, está enredada
una gigante yedra enamorada…

-Tú eres ese árbol majestuoso y fuerte:
¡deja que en ti me apoye hasta la muerte!.

María Enriqueta Camarillo y Roa, poeta mexicana 1872-1968

Abre el libro…

samuel melton fisher
Obra de Samuel Melton Fisher

Abre el libro en la página que reza:
‘Donde se ve que Amor sólo es tristeza’,
y con tu voz de oro
que tiene sortilegios peregrinos,
¡ahuyenta, como pájaro canoro,
la sombra de esa frase, con tus trinos!…
Porque es tu voz tan dulce y lisonjera,
que si dices que Amor tiene dolores,
el dolor se resuelve en primavera,
y todas sus espinas echan flores…
¡Deja escapar tu voz, oh, dueño mío!,
y haz de esa frase triste sólo un canto:
tú puedes, con las lágrimas y el llanto,
hacer notas y perlas de rocío.
Es tu voz el crisol en que se funde
la invencible tristeza;
tan pronto como empieza
su acento a levantarse, luz de aurora
en el viento sus ráfagas difunde,
y en los abismos el dolor se hunde…
¡Es tu palabra eterna triunfadora!
Abre ya el tomo, y con tu voz suave,
destruye ese sofisma peregrino.
Seremos, mientras hablas, tú, cual ave,
y yo, como viajero absorto y grave
¡que se para a escucharte en el camino!…

María Enriqueta Camarillo y Roa, poeta mexicana 1872-1968

La canción del gitano

mujerbordando

Mientras la niña
borda el pañuelo,
desde las ramas
del árbol seco
que con tristeza
se mece el viento,
dos pajarillos
ven en silencio
de la doncella
los rizos negros,
la falda blanca,
el albo cuello,
las manos suaves,
los finos dedos
que van y vienen
sobre el pañuelo…

Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
lo mismo veo…
¿Tendrá la niña
los ojos negros?
Sus dulces labios
¿serán tan bellos
como las flores
color de fuego
de los granados
y los mastuerzos
que tras la tapia
o entre los setos
brillan y fingen
soles pequeños?…

¿Será su frente
como el reflejo
que a veces vaga
sobre el sendero
cuando la nieve
tendió su velo
y a media noche,
como en los sueños,
mientras la luna
se alza en silencio,
sus rayos bajan
buscando el suelo
y entre la nieve
dejan un beso?…

Su rostro amado
es un misterio…
Tanto se inclina
sobre el pañuelo,
que sólo he visto
sus rizos negros
cayendo en ondas
sobre sus dedos…

En vano agito
y alzo el pandero;
en vano el oso
gasta su ingenio…
-¡Aquí, Nelusko!
¡Venga el sombrero!
¡baile una jota!
¡hágase el muerto!…
y el oso, grave,
que toma en serio
cuantos papeles
para él invento,
hace piruetas
baila un bolero,
pide la mano,
toca en un cuerno,
y en un platillo
junta el dinero,
mientras las risas
de los chicuelos
que en ondas suben
al firmamento,
muy pronto apagan
los roncos ecos
que por los aires
dejó el pandero…
Mas todo en vano;
en vano vengo,
en vano el oso
gasta su ingenio…
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
tan sólo veo,
-cual mariposas
que junta el viento-,
sus manos blancas
de finos dedos
que van y vienen
sobre el pañuelo…

María Enriqueta Camarillo y Roa, poeta mexicana 1872-1968