La canción del gitano

mujerbordando

Mientras la niña
borda el pañuelo,
desde las ramas
del árbol seco
que con tristeza
se mece el viento,
dos pajarillos
ven en silencio
de la doncella
los rizos negros,
la falda blanca,
el albo cuello,
las manos suaves,
los finos dedos
que van y vienen
sobre el pañuelo…

Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
lo mismo veo…
¿Tendrá la niña
los ojos negros?
Sus dulces labios
¿serán tan bellos
como las flores
color de fuego
de los granados
y los mastuerzos
que tras la tapia
o entre los setos
brillan y fingen
soles pequeños?…

¿Será su frente
como el reflejo
que a veces vaga
sobre el sendero
cuando la nieve
tendió su velo
y a media noche,
como en los sueños,
mientras la luna
se alza en silencio,
sus rayos bajan
buscando el suelo
y entre la nieve
dejan un beso?…

Su rostro amado
es un misterio…
Tanto se inclina
sobre el pañuelo,
que sólo he visto
sus rizos negros
cayendo en ondas
sobre sus dedos…

En vano agito
y alzo el pandero;
en vano el oso
gasta su ingenio…
-¡Aquí, Nelusko!
¡Venga el sombrero!
¡baile una jota!
¡hágase el muerto!…
y el oso, grave,
que toma en serio
cuantos papeles
para él invento,
hace piruetas
baila un bolero,
pide la mano,
toca en un cuerno,
y en un platillo
junta el dinero,
mientras las risas
de los chicuelos
que en ondas suben
al firmamento,
muy pronto apagan
los roncos ecos
que por los aires
dejó el pandero…
Mas todo en vano;
en vano vengo,
en vano el oso
gasta su ingenio…
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
tan sólo veo,
-cual mariposas
que junta el viento-,
sus manos blancas
de finos dedos
que van y vienen
sobre el pañuelo…

María Enriqueta Camarillo y Roa, poeta mexicana 1872-1968