Te espero

GEORGE HOYNINGEN-HUENE TOTO
En la imagen Toto Koopman, fotografía de George Hoyningen-Huene

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
Y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás…
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?

Mario Benedetti,  escritor, poeta y dramaturgo uruguayo. 1920-2009

En la imagen la modelo Catharina “Toto” Koopman fue una modelo indonesa que trabajó en París antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante esa guerra, fue espía de la resistencia italiana, fue capturada y mantenida prisionera en el campo de concentración de Ravensbrück.

George Hoyningen-Huene fue un fotógrafo estadounidense de origen ruso (nacido en San Petersburgo en 1900 y fallecido en Los Ángeles en 1968) que fue uno de los más célebres fotógrafos de moda de los años 20 y 30. Sus obras muestran referencias a los clásicos griegos y a las preferencias de los surrealistas de su época.

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Sonata para adiós y flauta

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Fotografía de María J. Leza ©  

Te vas tan sola como siempre
te echaremos de menos
yo y los abrazos de la tarde
yo y mi alma y mi cuerpo.

Tu larga sombra se resiste
a abandonarnos, pero
has decidido que se fuera
contigo a todo riesgo.

De todos modos no querría
que enterraras tu sueño
aquel en que tu amor de nadie
era como un estreno.

Te vas de nuevo no sé a dónde
y tu adiós es un eco
que se prolonga y nos alude
como un último gesto.

Nunca guardaste la ternura
como pan para luego
estoy seguro de encontrarla
liviana entre tus pechos.

Te vas con paso de derrota
pero no me lo creo
siempre has vencido en tu querella
contra el odio y el miedo.

Quién sabe allá lo que te aguarda
ese allá tan desierto
que se quedó sin golondrinas
todo erial, todo invierno.

Mas si una tarde te extraviaras
entre el mar y el espejo
recuerda siempre que aquí estamos
yo y mi alma y mi cuerpo.

Mario Benedetti,  escritor, poeta y dramaturgo uruguayo. 1920-2009

A tientas

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obra del pintor bielorruso Yuri Yarosh 

Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente
por lo común a contramano
de los convictos y confesos
en búsqueda tal vez
de amores residuales
que sirvan de consuelo y recompensa
o iluminen un pozo de nostalgias
se avanza a tientas/ vacilante
no importan la distancia ni el horario
ni que el futuro sea una vislumbre
o una pasión deshabitada
a tientas hasta que una noche
se queda uno sin cómplices ni tacto
y a ciegas otra vez y para siempre
se introduce en un túnel o destino
que no se sabe dónde acaba.

Mario Benedetti, escritor, poeta y dramaturgo uruguayo. 1920-2009

Ahora en cambio

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óleo sobre lienzo de Renso Castaneda, artista peruano

Hubiera entregado el Dios que no poseo,
Hubiera aprendido tres o cuatro signos,
Y así desalentado,
Así fiel, ceniciento,
Invariable como un recuerdo atroz,
Me hubiera respondido,
Me hubiera transformado en ademanes
Me hubiera convencido como todos,
Refugiado en el hambre universal,
Salvado para siempre y para nada.

Ahora en cambio estoy un poco solo,
De veras un poco solo y solo.
Mi tristeza es un vaso de oraciones
Que se derraman sobre el césped
Y desde el césped nace Dios
Y está también un poco solo,
De veras un poco solo y solo.

Mas yo le ayudo a conocer las aves
Y en toda su extensión la herejía vegetal,
Los corazones de sus alegres huérfanos,
La tierra que es la palma de su mano.

Mario Benedetti, poeta uruguayo 1920-2009