Cerca del agua te quiero llevar…

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Cerca del agua te quiero llevar
porque tu arrullo trascienda del mar.

Cerca del agua te quiero tener
porque te aliente su vívido ser.

Cerca del agua te quiero sentir
porque la espuma te enseñe a reír.

Cerca del agua te quiero, mujer,
ver, abarcar, fecundar, conocer.

Cerca del agua perdida del mar
que no se puede perder ni encontrar.

Miguel Hernandez

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Las desiertas abarcas

abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Miguel Hernandez, Orihuela (1910-1942),  poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX

Nanas de la cebolla

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obra de Pablo Picasso

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pones alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño;
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Poema de Miguel Hernandez, Orihuela 1910-1942, poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX

pintura de Pablo Picasso

Postrer sueño de Miguel Hernández

ANGEL Y MUJER DORMIDA GIF

Un claro rayo del sol que nace
     de la barraca cruza la puerta
     y pone tonos alegres de oro
     sobre la triste y oscura escena.
La madre escucha desconsolada
     lo que la hija pálida y yerta
     sobre la pobre cama tendida
     por una fiebre traidora presa,
     los ojos húmedos y alucinantes,
 la voz temblona, dice con pena:
     ¡Maere quería!
     Ven; ven más serca…
     que ni una sola de las palabras
     que he de desirte quiero que pierdas.
 Ven; así; junto a la mía tu cara
     y así mi boca junto a tu oreja…
     ascucha maere:
     cuando yo muera…
     –Aquí la madre lanza un gemido
 en el que toda su alma va envuelta–
     No llores maere por lo que digo…
     ¡No llores prenda!
     ¿Dios no lo quiere
     así…? ¡Pos sea!
 ascucha, ascucha:
     cuando me muera,
     antes de alsarme de la camica
     pa ir a tenderme sobre la mesa,
     saca del arca
 la saya blanca, la toca negra,
     los sapaticos de tersiopelo,
    el pañolico de fina sea…
    ¡tuícas las galas que no me he puesto
    dinde la fiesta…!
 Cuando las saques,
     con tuícas ellas
     me pones, maere, como una novia,
     como una perla,
     como pensaba yo de ponerme
 cuando él golviera…,
     pero me muero
     y él tal vez nunca más aquí güelva…
     –Exhala un hondo suspiro y sigue
     de nuevo, lenta:
 Y luego, maere,
     que esté una rosa temprana hecha,
     déjame ensima de la mesica;
     sal a la güerta;
     coje jasmines y malvarrosas,
 de las que brotan junto a la sequia;
     de los naranjos coje asahares,
     que están sus ramas con abril llenas;
     forma con ellos una corona
    y a mis cabellos señía la dejas…
 Cuando eso hagas
     mis ojos sierra
     pa que me quede como dormía
     por si él tornara aún de la guerra;
     ¡que no sospeche que yo me he muerto
 de esperar verle crusar la senda…!
     Maere, adiós maere… Que ni una sola
     de mis palabras… Ven, ven más serca…
     –Pierden los ojos su brillo intenso;
     baja hasta el pecho la frente tersa;
 entreabre un tanto la exangüe boca
     e inmóvil queda.
     La madre, loca,
     se abraza a ella
     y con sus besos y con sus lágrimas
 la cubre y riega…
     Ahogando luego los mil sollozos
     que en su alma pugnan por salir fuera
     álzase y marcha
     a hacer lo dicho por la hija muerta…
 Extrae del fondo de la vieja arca
     la ricas prendas
     y una tras una del cuerpo frío
     todas las cuelga:
     la saya blanca,
 la toca negra,
     los zapaticos de terciopelo,
     el pañolico de fina seda…
    ¡Todas las galas que no se puso
     la infeliz moza desde la fiesta!
 y una corona sobre su frente
    de malvarrosas y azahares hecha…
    ¡Qué hermosa se halla la huertanica!
    ¡Qué maja y bella…!
    ¡Si no parece que está sin vida!
 ¡Si está lo mismo que si durmiera…!
     Un arrogante y apuesto mozo
     llega sonriente desde la puerta:
     la pobre madre levanta el rostro
    donde hay de llanto recientes huellas
 y al ver al mozo sus ojos abre
     desmesurados, su cuerpo tiembla
     y al grito roto que lanza el mozo
    que ha comprendido la triste escena,
    dice ocultando su dolor negro
 con voz muy queda:
    ¡Chist! ¡Calla! ¡Calla! ¡Que no despierte!
    ¡Que no despierte…! ¡Contigo sueña!
*
Poemas sueltos I. Poesías completas.
Madrid: Aguilar, 1979, pp. 53-56.
Miguel Hernández, poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942)

 

Llegó tan hondo el beso…

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Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó los muertos.

El beso trajo un brío
que arrebató la boca de los vivos.

El hondo beso grande
sintió breve los labios al ahondarse.

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos.

Miguel Hernández poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX. (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942)