El sonido de las verdes huellas

El sonido de las verdes huellas está en la lluvia
nos llega desde la carretera
almas sedientas y faldas polvorientas llegaron del desierto
su ardiente respiración y el espejismo fundido
de sus bocas secas y cubiertas de polvo
nos llegan ahora desde la carretera
sus atormentados cuerpos, muchachas criadas en el dolor
la alegría alejada de sus rostros
corazones viejos y alineados de grietas
no surgen sonrisas en los inhóspitos océanos de sus labios
ni una lágrima brota del seco cauce de sus ojos
¡Oh Dios!
¿Podría ignorar si sus sordos llantos que saltaron del cielo
alcanzan las nubes?
El sonido de las verdes huellas está en la lluvia

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Nadia Anjuman, Afganistán, 1980-2005. Poeta afgana nacida y fallecida en Herat. Era la sexta hija de una familia numerosa. Terminó la escuela secundaria a pesar de dos años de interrupción debido a que el régimen talibán, de acuerdo con las enseñanzas del Corán, prohibía que las mujeres aprendieran a leer y escribir. Las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar y reírse en voz alta. Solo se les permitía coser y bordar. Anjuman y otras jóvenes pertenecían a los Círculos de Costura de Herat, y se reunían tres veces a la semana en una escuela de costura a estudiar literatura. Anjuman y sus compañeras estudiaban a escritores prohibidos como William Shakespeare, Honoré de Balzac, Fiódor Dostoevski, Charles Dickens, León Tolstoi, James Joyce y Nabokov. Si hubieran sido atrapadas, el régimen talibán las hubiera condenado a ser ahorcadas.

Sus padres la obligaron a casarse con Farid Ahmad Majid, licenciado en Literatura, conferencista de Filología y empleado administrativo en la facultad de Literatura de la Universidad de Herat. En 2004 publicó un poemario llamado Las flores oscuras. El poemario se hizo muy popular en Afganistán, Pakistán e incluso en Irán. Un año más tarde fue asesinada a golpes por su esposo.

Historias trágicas

Nadia Anjuman

Oh historias trágicas
han encontrado morada en nuestros corazones.
Estos ojos tristes, estas amarillentas mejillas huecas
estas son las sombrías marcas de tu presencia
Oh ramas del dolor
Cien primaveras y otoños han ido y venido
brotes marchitos con corazones desgarrados
cien bloqueos y cien caravanas pasan
el Faraón muere y la historia de Nemrod termina
aunque todavía estés joven y fresco
recién salido del útero del jardín

Oh ardiente miseria
deja la extensión de nuestros corazones
no son las únicas cosas por las que vale la pena arder
Por vez única, pasa por la casa de otro

Oh historias trágicas
su compañía nos abruma
Si no buscan una nueva casa deben tener cuidado
Mañana nos iremos de las tristes ruinas de la vida
y ustedes quedarán miserables y descubiertas
en el limbo del tiempo
sin ninguna morada

… … …

Nadia Anjuman, Afganistán, 1980-2005. Poeta afgana nacida y fallecida en Herat. Era la sexta hija de una familia numerosa. Terminó la escuela secundaria a pesar de dos años de interrupción debido a que el régimen talibán, de acuerdo con las enseñanzas del Corán, prohibía que las mujeres aprendieran a leer y escribir. Las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar y reírse en voz alta. Solo se les permitía coser y bordar. Anjuman y otras jóvenes pertenecían a los Círculos de Costura de Herat, y se reunían tres veces a la semana en una escuela de costura a estudiar literatura. Anjuman y sus compañeras estudiaban a escritores prohibidos como William Shakespeare, Honoré de Balzac, Fiódor Dostoevski, Charles Dickens, León Tolstoi, James Joyce y Nabokov. Si hubieran sido atrapadas, el régimen talibán las hubiera condenado a ser ahorcadas.

Sus padres la obligaron a casarse con Farid Ahmad Majid, licenciado en Literatura, conferencista de Filología y empleado administrativo en la facultad de Literatura de la Universidad de Herat. En 2004 publicó un poemario llamado Las flores oscuras. El poemario se hizo muy popular en Afganistán, Pakistán e incluso en Irán. Un año más tarde fue asesinada a golpes por su esposo.

No deseo abrir la boca

Nadia Anjuman

No deseo abrir la boca
¿A qué podría cantar?
A mí, a quien la vida odia,
tanto me da cantar que callar.
¿Acaso debo hablar de dulzura
cuando es tanta la amargura que siento?
Ay, el festín del opresor
me ha tapado la boca.
Sin nadie a mi lado en la vida
¿a quién dedicaré mi ternura?
Tanto me da decir, reír,
morir, existir.
Yo y mi forzada soledad
con mi dolor y mi tristeza.
He nacido para nada
mi boca debería estar sellada.
Ha llegado, corazón, la primavera,
el momento propicio del festejo.
¿Pero qué puedo hacer si un ala
tengo ahora atrapada?
Así no puedo volar.
Llevo mucho tiempo en silencio,
pero nunca olvidé la melodía
que no paro de susurrar.
Las canciones que brotan de mi corazón
me recuerdan que algún día
romperé la jaula.
Volando saldré de esta soledad
y cantaré con melancolía.
No soy un frágil álamo
sacudido por el viento.
Soy una mujer afgana
Entiéndase pues mi constante queja.

» Estoy enjaulada en este rincón
llena de melancolía y pena…
Mis alas están cerradas y no puedo volar…
Soy una mujer afgana y debo aullar. «

…@…@…@

Nadia Anjuman, Afganistán, 1980-2005. Poeta afgana nacida y fallecida en Herat. Era la sexta hija de una familia numerosa. Terminó la escuela secundaria a pesar de dos años de interrupción debido a que el régimen talibán, de acuerdo con las enseñanzas del Corán, prohibía que las mujeres aprendieran a leer y escribir. Las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar y reírse en voz alta. Solo se les permitía coser y bordar. Anjuman y otras jóvenes pertenecían a los Círculos de Costura de Herat, y se reunían tres veces a la semana en una escuela de costura a estudiar literatura. Anjuman y sus compañeras estudiaban a escritores prohibidos como William Shakespeare, Honoré de Balzac, Fiódor Dostoevski, Charles Dickens, León Tolstoi, James Joyce y Nabokov. Si hubieran sido atrapadas, el régimen talibán las hubiera condenado a ser ahorcadas.

Sus padres la obligaron a casarse con Farid Ahmad Majid, licenciado en Literatura, conferencista de Filología y empleado administrativo en la facultad de Literatura de la Universidad de Herat. En 2004 publicó un poemario llamado Las flores oscuras. El poemario se hizo muy popular en Afganistán, Pakistán e incluso en Irán. Un año más tarde fue asesinada a golpes por su esposo.

Cadenas de acero

Obra de Shansia Hassani

¡Cuántas veces se ha quitado de los labios
mi canción, y cuántas veces
silenciado el susurro de mi espíritu poético!
El significado de la alegría era
enterrado por la fiebre de la tristeza. Si con mis versos que noten una luz:
esto sería el resultado de mis imaginación profundas.
Mis lágrimas no se utilizaron para nada
y se puede hacer nada más que esperanza. Aunque soy la hija de ciudades de poesía,
mis versos eran mediocres.
Mi trabajo es como una planta carente de atención,
de la que no se puede esperar mucho. En los archivos de la historia,
Esto es todo lo que me es.

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Nadia Anjuman, Afganistán, 1980-2005. Poeta afgana nacida y fallecida en Herat. Era la sexta hija de una familia numerosa. Terminó la escuela secundaria a pesar de dos años de interrupción debido a que el régimen talibán, de acuerdo con las enseñanzas del Corán, prohibía que las mujeres aprendieran a leer y escribir. Las mujeres tenían prohibido trabajar, estudiar y reírse en voz alta. Solo se les permitía coser y bordar. Anjuman y otras jóvenes pertenecían a los Círculos de Costura de Herat, y se reunían tres veces a la semana en una escuela de costura a estudiar literatura. Anjuman y sus compañeras estudiaban a escritores prohibidos como William Shakespeare, Honoré de Balzac, Fiódor Dostoevski, Charles Dickens, León Tolstoi, James Joyce y Nabokov. Si hubieran sido atrapadas, el régimen talibán las hubiera condenado a ser ahorcadas.

Sus padres la obligaron a casarse con Farid Ahmad Majid, licenciado en Literatura, conferencista de Filología y empleado administrativo en la facultad de Literatura de la Universidad de Herat. En 2004 publicó un poemario llamado Las flores oscuras. El poemario se hizo muy popular en Afganistán, Pakistán e incluso en Irán. Un año más tarde fue asesinada a golpes por su esposo.