El verso

Es un coloquio
que me bebe;
no me orienta, me adentra,
responde a mi ceguera
y acaba perdonándome en su rostro.
Trae fortunas heredadas,
abrazos de otros, leyendas visibles,
invisibles, rectas de la muerte,
volutas del momento,
cántico rodado de hace mucho,
el verso.

Resbala del pelo a la garganta,
me hace tropezar de veras,
guiña su ojo
tiende el mar
y yo me tiento.

El verso es un ojo
pensado para ciegos,
para mí,
un caballo al fondo
volver a casa
y encender la lámpara del miedo,
del miedo o la pregunta.

Tanto
me estrecha la cintura,
se escapa de mis brazos,
me adentra en la campana del llanto,
de oros con llanto, del din don,
en la plegaria.
Y coge mi mano recién hecha
al vacío
y no me deja en paz
aunque lo mate.

El verso
puede con mi vida
sin pedirme permiso para la muerte.

Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1947) poeta y gestora cultural española, premiada con el premio Adonáis en 1970 por Lugar común. Su obra ha sido traducida al inglés y al alemán.

Probablemente nada

ilustración de Dakota Barnell

Probablemente nada
probablemente nadie
probablemente tierra
probablemente el aire
probablemente un beso
probablemente tú
sin decir adiós
te irás

Probablemente el cielo
se llenará de signos
probablemente solos
probablemente hundidos.
Probablemente un día
volvamos a encontrarnos
probablemente nunca
podrá olvidar.

Probablemente nada
probablemente nadie
esperará mi vuelta
preparando el paisaje

Ni flores, ni esperanza
ni ventanas abiertas

Probablemente nunca
podré volar.

*** *** ***

Charo Ruano, Salamanca 1957. Periodista y escritora. Desde la aparición en 1984 de su primer libro, Hicimos de la noche un largo poema, ha sido una voz constante en el mundo de la poesía. Es autora, asimismo, de varios libros infantiles. Fue directora de la revista Los libros en Castilla y León durante varios años. Directora y presentadora durante más de doce años del programa cultural El cuarto de atrás, de Televisión Salamanca. Es colaboradora habitual en prensa y radio, tanto en páginas de opinión como en páginas culturales.

Ayer llegó el amor

Ayer llegó el amor
a La Frontera

Fueron tantas horas
caminando juntos
que al final
sus labios se buscaron
afanosos

Recuperaron el deseo
mientras se amaban
descubriendo un cuerpo diferente
que respondía, sabio
a las caricias

Inventaron quizás
una mentira
para ser más felices
y costó deshacer el abrazo

Por un minuto
esto fue el paraíso
pero el amor es frágil
Y a los dos les esperaban
al otro lado

del poemario La Frontera 1993

Charo Ruano, Salamanca 1957. Periodista y escritora. Desde la aparición en 1984 de su primer libro, Hicimos de la noche un largo poema, ha sido una voz constante en el mundo de la poesía. Es autora, asimismo, de varios libros infantiles. Fue directora de la revista Los libros en Castilla y León durante varios años. Directora y presentadora durante más de doce años del programa cultural El cuarto de atrás, de Televisión Salamanca. Es colaboradora habitual en prensa y radio, tanto en páginas de opinión como en páginas culturales.

Deseo

Si me abriera sus brazos
un cedro,
entre las arboledas de honduras y de años.
Si me guardara
de las perlas y velas tentadoras.

Si yo tuviera sus raíces,
y se anclara mi rostro tras su triste corteza.

Me haría entonces nubarrones y rayos
en lontananza,
este país de confianza.

Mas todo ramo en las arboledas
de honduras y de años, viviendo yo,
es fuego sobre mi frente,
fuego de fiebre, de perdición,
que devora la tierra que me guarda.

Traducción de Pedro Martínez Montávez

Ali Ahmad Said Esber (n. Al Qassabin, 1 de enero de 1930), conocido por su seudónimo Adonis o Adunis, es un poeta y ensayista sirio.

Adonis ha desarrollado su carrera literaria principalmente en el Líbano y Francia. Ha publicado más de veinte libros de poemas en árabe, y es considerado desde hace varios años uno de los aspirantes a obtener el Premio Nobel de Literatura

Jinetes del apocalipsis

No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
sueña con llanuras que
parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.


Irene Gruss, (Buenos Aires, 31 de agosto de 1950- 25 de diciembre de 2018) fue una poeta argentina. Escribió La luz en la ventana, El mundo incompleto y La mitad de la verdad. Fue coordinadora de talleres literarios y formaba poetas. En los años 70 fundó el grupo de poetas «Taller Mario Jorge De Lellis».

Derrota

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme
es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quién me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces
más burlado en mi ridícula ambición
que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo
(«Ud. es muy quedado, avíspese despierte»)
que nunca podré viajar a la India
que he recibido favores sin dar nada a cambio
que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
que me dejo llevar por los otros
que no tengo personalidad ni quiero tenerla
que todo el día tapo mi rebelión
que no me he ido a las guerrillas
que no he hecho nada por mi pueblo
que no soy de las FALN y me desespero por todas esas cosas y por otras
cuya enumeración sería interminable
que no puedo salir de mi prisión
que he sido dado de baja en todas partes por inútil
que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
que me niego a reconocer los hechos
que siempre babeo sobre mi historia
que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas
haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo
que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
que nunca usaré corbata
que no encuentro mi cuerpo
que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme,
barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotación,
mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente
me suicido al alcance de la mano
me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros
y de mí hasta el día del juicio final.

Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, 8 de abril de 1930) es un poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. En 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2009 el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, en Guadalajara, México, entre muchos otros, Cadenas también fue galardonado en 2018 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana,1​ y en 2022 con el Premio Cervantes, siendo el primer venezolano en recibir el reconocimiento.

Su poema «Derrota» fue fundamental en la poesía venezolana de los años 60.

Vivir solo

A veces me da miedo vivir solo.
Descubro entre la ropa que no uso
una placa de oro con mi nombre
y mi grupo sanguíneo en el reverso,
un mechero regalo de mi padre
cuando estaba bien visto que fumáramos,
el anillo de boda de mi abuela…
¿Alguien podría hallar estos residuos
sin previa indicación de que existieron?
A veces me da miedo vivir solo.
Me viene a la cabeza mi vecina,
preocupada después de algunos días
sin cruzarse conmigo en la escalera,
entrando a casa con su propia llave:
la música y la luz aún encendidas,
seguramente un libro en mi regazo
y la mirada ausente tras las gafas.
Por eso me da miedo vivir solo,
por si después no encuentran los recuerdos
escondidos en todos los rincones.
Lo que mis ojos sí dirán seguro
es en lo que pensaba en ese instante:
que los secretos nunca están a salvo,
que el mar no puede verse desde aquí
y que me fui pensando en vuestros nombres.

— — —

Javier Bozalongo (Tarragona, España, 1961). Ha publicado los poemarios Líquida nostalgia (2001), Hasta llegar aquí (2005), Viaje improbable (Renacimiento, 2008, XI Premio Surcos de Poesía) y La casa a oscuras (Visor, 2009, Accésit del Premio Jaime Gil de Biedma). En 2012, el Festival de poesía de Costa Rica publicó la antología Nunca el silencio; y en 2015 se ha publicado en México la antología Has vuelto a ver luciérnagas. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, árabe, rumano, macedonio, portugués, italiano, chino y griego. Dirige la colección de poesía de Valparaíso Ediciones

Me he sentado en el centro del bosque

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

He respirado al lado del mar fuego de luz.

Lento respira el mundo en mi respiración.

En la noche respiro la noche de la noche.

Respira el labio en labio el aire enamorado.

Boca puesta en la boca cerrada de secretos,

respiro con la savia de los troncos talados,

y, como roca voy respirando el silencio

y, como las raíces negras, respiro azul

arriba en los ramajes de verdor rumoroso.

Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce

sombrío de mis venas toda la luz del mundo.

Y yo era un gran sol de luz que respiraba.

Pulmón el firmamento contenido en mi pecho

que inspira la luz y espira la sombra,

que recibe el día y desprende la noche,

que inspira la vida y espira la muerte.

Inspirar, espirar, respirar: la fusión

de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.

Ebriedad de sentirse invadido por algo

sin color ni sustancia, y verse derrotado,

en un mundo visible, por esencia invisible.

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

Me he sentado en el centro del mundo a respirar.

Dormía sin soñar, mas soñaba profundo

y, al despertar, mis labios musitaban despacio

en la luz del aroma: «Aquel que lo conoce

se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido».

Poema de Antonio Colinas poeta, novelista, ensayista y traductor español. Ha publicado una obra variada que ha recibido, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura en 1982.

Fotografía de María J. Leza © en la selva de Irati

Años de internado

Pureza Canelo

Tiempo de mi corazón jugando a la guerra
y la guerra era un llanto en todas las paredes
y yo vivía allí.
Palabras absurdas que oía a la sombra
y quería ser perro para matarlas
y decir que la mentira más grande
se vestía de blanco y negro.
Castigos que no podía inventarlos un loco,
ni un suicida,
entre hachís y las flores tan bellas del altar.
Años en que solo las moscas eran mis amigas,
la torpeza de mi corazón cansado de rebelarse
mientras miraba mis senos de madrugada.

Fui mala oveja en esos años,
esto me contenta ahora,
mala conductora del calor por donde querían remediarme,
cosía mis medias
y no pensaba nunca en el infierno.
Era ese mi triunfo cuando jugaba sin truco
ni impaciencia.

No puedo recordar nombres,
cuando lo intento me duele la espalda y la cabeza,
se me hace un nudo en los hombros,
me atraganto de pan y fruta que me daban
si ese favor resistiera las ganas de morir que tenía.
Malo, malo, malo,
historia triste y grandísima de mí
porque no agitaron nunca mi árbol
excepto para verme ahora valiente
y maldecir aquellas tristes figuras
en blanco y negro.

Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1947) poeta y gestora cultural española, premiada con el premio Adonáis en 1970 por Lugar común. Su obra ha sido traducida al inglés y al alemán.

Yo negro

El día que me di cuenta
de que yo era negro
hice una fiesta
y luego un funeral.
Estuve horas y horas
frotándome la piel
para saber si debajo
tenía otras pieles.
Era agosto y sudaba.
Me pregunté
con voz de asombro
por qué y cómo
no me había dado cuenta antes.
Yo era negro, sí.
Tenía 25 años
y era negro. Sí.
Me lo gritó un desconocido
desde la ventanilla
de una guagua.
Yo iba tan tranquilo
con mi novia del brazo
y aquella voz
me abrió los ojos.
«¡Negro, suelta a esa rubia!“
Ella ni siquiera se dio cuenta.
No supo de la fiesta
que entonces comenzó,
del funeral al que estaba asistiendo.
Ella me vio frotar mi piel
y me besó como besan
las novias que van a durar poco.
Luego me vio tirar
y escoger varias pieles
y me ayudó a probármelas.
Yo me las ponía, me las quitaba,
modelaba con ellas.
Y no recuerdo
si estaba triste o no.
Solo que mis andares
parecían otros.
Y cuando ya, por fin
comprendí que la negra
era la piel que mejor me quedaba
decidí no pagar.
Ella, mi ex novia, fue mi cómplice.
Me fui con la piel puesta
sin pasar por caja.
Y llevo media vida así,
de fiesta y funeral
feliz con la piel que me escogió
mi ex novia.
Y al tonto de la guagua
a estar alturas
no sé si odiarlo
o darle un reconocimiento.
………………
De mi libro IPHOEMAS (2019)

Alexis Díaz-Pimienta, nació en La Habana, Cuba, en el año 1966, escritor, repentista, investigador y docente. Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada, y Sub-director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado (CIDVI), ambas con sede en La Habana, Cuba.