Diálogo con un retrato

volegov pintando
Vladimir Volegov

Surges amarga, pensativa,
profunda tal un mar amurallado;
reposas como imagen hecha hielo
en el cristal que te aprisiona
y te adivino en duelo,
sostenida bajo un mortal cansancio
o bajo un sueño en sombra, congelada.
En vano te defiendes
cuando tus ojos alzas y me miras
a través de un desierto de ceniza,
porque de ti nada existe que delate
si por tu cuerpo corre luz
o un efluvio de rosas,
sino temor y sombra, la caída
de una ola transformada
en un simple rocío sobre el cuerpo.
Y es verdad: a pesar de ti desciendes
y no existe recuerdo que al mundo te devuelva,
ni quien escuche el lánguido sonar de tus latidos.
Eres como una imagen sin espejo
flotando prisionera de ti misma,
crecida en las tinieblas de una interminable noche,
y te deslíes en suspiros, en humedad y lágrimas
y en un soñar ternuras y silencio.

Sólo mi corazón te precipita
como el viento a la flor o la mirada,
reduciéndote a voz aún no erigida,
disuelta entre la lengua y el deseo.
De allí has de brotar hecha ceniza,
hecha amargura y pensamiento,
creada nuevamente de tus ruinas,
de tu temor y espanto.
Y desde allí dirás que amor te crea,
que crece con terror de ejércitos luchando,
como un espejo donde el tiempo muere
convertido en estatua y en vacío.
Porque ¿quién eres tú sino la imagen
de todo lo que nutre mi silencio,
y mi temor de ser sólo una imagen?

Alí Chumacero, poeta y editor mexicano nacido en Acaponeta, Nayarit en 1918-2010

De su trayecto poético merecen destacarse los siguientes premios: “Xavier Villaurrutia”, “Alfonso Reyes”, “Nacional de Lingüística y Literatura”, “Amado Nervo”, “Nayarid” , y el “Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatine Lapointe” en 2003

Los hijos de la lluvia

niña lluvia

Los hijos de la lluvia        de la monotonía
las aves de la lluvia sorprendida
las colgadas lluvias de las rocas atlantes
las oscuras posesiones de la lluvia
la lluvia en nuestros gestos diluidos
desdibujados recuerdos de otras lluvias baldías
y un poco de tus ojos y los míos recostados
bajo la hierba de mil lluvias
mirando frente a frente a las nubes comunes
las lluvias destruidas
a los primeros destinos de la infancia
las lluvias colegiales
a los tejados de pizarra de la lluvia
a las primeras lluvias de nuestros hijos
tantas lluvias más tarde
y en nuestras alas de lluvia y de nostalgia
un algo de reencuentro
con nuestras lluvias perdidas para siempre
bajo la luz del río.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista

Un ratito en la ventana

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Busco la palabra en el eco que peina el aire,
pero es en las entrañas del silencio
donde cuaja el miedo de todos los suspiros.
Hay un libro encima de la mesa,
es un libro desconocido,
sus páginas seguro serán anhelo
de rayos en la oscuridad.
La muerte le pisa los talones a la vida,
le tiemblan las piernas al día,
se arrodilla la tarde bajo el entrecejo
de un Dios cansado,
de un sol flojo,
sólo el sosiego de las palomas
esperando que la lluvia cese,
hacen de la noche, aliento de ángeles.

Consuelo Jiménez, poeta nacida en Barcelona , 1961

Todo lo que tiemble te lo daría

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fotografía de Rudy y Peter Skitterians

Todo lo que tiemble te lo daría,
en silencio,
como un fruto en un templo
que anochece.
Pero no podré darte lo que no es sólo mio.
Ignoras que es de todos
ese mar,
ese error de los hombres cuando fingen
hombres, ese miedo
a lo tuyo,
a la noche,
ese amor insalvable que interpretan duramente
los cuerpos en tinieblas,
esa eterna tristeza conseguida entre todos
que se va por los montes,
que se va por los ríos a otro reino inventado.
Cuando se crucen nuestros trenes,
nuestros ojos,
un instante, todo habrá sido
posible.

Salvo decirnos nuestros nombres, nuestra verdad.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Si alguna vez te asaltan los recuerdos

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Si alguna vez te asaltan los recuerdos
y pintan en tu boca una esquiva sonrisa,
un pálpito inquieto de añoranza,
una emoción, un latido nostálgico…

Si se niega el sueño a plantar la noche en tus ojos
y sientes tu mano enlazada a otra mano,
un aliento inexistente subiendo por tu cuello,
un soplo en tu oído, unos dedos en tu pelo…

Si notas una lágrima nostálgica saliéndote del alma
y horadando lenta la soledad de tus mejillas
mientras recorres las mismas calles de antaño
ceñida a su cintura y miras por sus ojos la Giralda…

Si asaltan tu memoria caminos de luz llevándote de la mano
y un puente de piedra te sienta en su banco
donde la tarde borra el carmín de tus labios con besos
grabando a fuego su nombre en tu seno…

No te olvides, no lo olvides… No lo olvido.

Nicolás Puente: Nací comenzada ya la madrugada de un 28 de febrero de 1963 en Dehesas, un pueblo de la provincia León, en la región del Bierzo. Acompañado desde mi infancia por la permanente presencia en el horizonte de las Medulas: Montañas heridas y horadadas por los romanos en su afán de llevarse hasta la última pepita de oro.
Mi niñez fue un permanente corretear por los prados verdes, entre los árboles frutales, entre las hortalizas. Recuerdo especialmente el aroma del trigo, la cebada y el centeno… Olores, sabores, sensaciones todas que ha ido formando mi sensibilidad y mantienen viva desde la lejanía la añoranza.
Con cuatro años mi madre me envió con mi abuela. Ella me encomendó al maestro, por amistad, para poder trabajar en el campo y para que jugara con los otros niños. Recuerdo que cada día me enviaba con una bolsita de caramelos para que no molestase. No sé si sería traste o no, pero el maestro, para que no me pegasen los mayores, me envió con su esposa a la escuela de las niñas. Y así, en tiempos de Franco, estudié en medio de muchachas.
De nuevo mi madre me trajo al pueblo y ahí empezaron mis problemas con la escuela y la zapatilla. El maestro se negó a que con cuatro años hubiera hecho primero y no me lo reconoció. El aburrimiento me impedía aparecer en clase por la tarde y la zapatilla de mi madre me recordaba mis obligaciones.
Con nueve años deje el pueblo y fui estudiando en varias ciudades hasta llegar a Madrid, donde acabe mis estudios. Ya en Madrid, en los tiempos de Tierno Galván, —y como anécdota—, me presenté a un concurso de poesía con un tema religioso y en contra de todos los pronósticos quedé el tercero.
Trabajé como docente en un Colegio durante cinco años y me vine a Alemania para hacer la tesis doctoral (no llegue a terminarla).
Aquí eché raíces y aquí sigo, en el Ministerio de Geología y Minas, frente a un ordenador con el que gano el sustento para mi familia y con el que escribo al dictado de los sueños.
Mi obra se reduce a un libro de cuentos de navidad, escrito junto con Paqui Valenzuela y publicado por Peripecias Libros y, en la misma editorial, un libro de poemas: “De amor, desamor y otros demonios”. Y ya con ‘Célebre Editorial, “La estrella de mis sueños”, también junto a Paqui Valenzuela.
Lo que escribo me lo dictan las casualidades cotidianas: Un artículo del periódico, un hecho en la calle que me llama la atención, un sueño… El resto es darle forma, corregir y volver a corregir.
No tengo grandes pretensiones ¡Quizá solo una! Que algo de lo que escriba se salve de la papelera.

Debate del cuerpo

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Alí Chumacero

Lamento que entre tumbas se consume
como época de sombra en una desatada tempestad,
mi corazón esparce su evidencia,
su dura flor de roca desolada
y al desbordarse forma
un cálido latir sobre la piel;
golpean más allá del cuerpo sus defendidos límites
prolongando su extrema vigilancia
contra un mundo al fin eco de mi sueño.

En ceniza y olvido ha de morir,
mas hoy insiste aquí como quien baña
con un lenguaje mudo sus palabras,
surgido de una voz que interminable se repite
acaso en sombra madurando,
a través de su luz dormida sobre los sentidos
para crear un mundo de armonía,
como un deshecho aliento que retoma a su origen
y vuelve a ser imagen de su fuente.

Y soy yo mismo su violento impulso
al anegarme entre mi propia carne,
viviendo en ella defendido,
cómplice de mi ser que contra el tiempo me levanta
con su voraz sentir la vida dentro,
y me abandona a cóleras y miedos,
me hunde en témpanos de espadas,
cuando al mover sus aguas con mis labios,
en lucha contra mi recuerdo,
frente a formas ajenas a mi imagen,
como un abismo ya sin nada cercano al corazón,
en ella me refugio, convencido
de que existo en la vida de mi piel,
habitando el sepulcro de mi cuerpo.

Aquí me encuentro oscuro e incorpóreo,
sin un viento que cambie mi identidad continua,
y luego me someto a su olvidado duelo
de lágrimas calladas,
como nace un olvido de otro olvido
y una roca es igual a su dureza.

Habito mi probable noche, mi laurel de adversario
sobre la arena trémulo abatido,
y viajo por mi cuerpo
en testimonio de que no existe un espejo
o simple fuente contra mí rebelde,
porque soy mi enemigo sentenciado,
mi propia víctima, la orilla
saciada entre sus límites, en un constante incesto
o presagio de mar que no requiere playa.

Alí Chumacero, poeta y editor mexicano nacido en Acaponeta, Nayarit en 1918-2010

De su trayecto poético merecen destacarse los siguientes premios: “Xavier Villaurrutia”, “Alfonso Reyes”, “Nacional de Lingüística y Literatura”, “Amado Nervo”, “Nayarid” , y el “Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatine Lapointe” en 2003

Tendremos que oponernos algún día

guillermo meza
Obra de Guillermo Meza

Tendremos que oponernos algún día
a las pulidas mecánicas del odio
a los tornos altamente veloces del cielo manejado
a la producción eficaz de los peligros.
Tendremos que oponer los émbolos que ascienden
palomas breves por tubos de órganos
a un cielo separado.
Tendremos que desdeñar secretamente las verdades de la confusión.
Tendremos que lavar algunos muertos
antes de procrear muertos distintos
y respirar por ellos en máquinas distintas.
Tendremos que luchar por otras cosas
que las que nos pusieron en las sienes
que las que nos mandaron asumir
sellándonos el aire transparente con ruido apoderado.
Tendremos que cambiar los nombres los colores
los gestos del amor almacenado en épocas distintas.
Tendremos que pintar nuevos paisajes en los ojos del hombre
a la sombra del viento sin origen
como rugiendo ternuras diferentes
como llorando en otras manos
acaso descubriendo el verdadero centro equivocado
del camino emprendido
acaso sonriendo al débil horizonte al amigo perdido
al compañero humilde que entiende los silencios
a la anciana solitaria que pasa por la calle
o lava en casa ropas innecesarias lienzos nocturnos
o toca el piano del recuerdo con dedos inconexos.
Tendremos que oponer seguramente
las más oscuras vetas de los hombres
a las protuberancias de los cielos
como los viejos los niños y los locos
indicando con dedos inseguros el proceso que avanza.

Carlos Aurtenetxe (San Sebastián, 1942), poeta, narrador y ensayista, empezó a publicar en 1962. Fue colaborador de las revistas literarias Kurpil y Kantil. En 1977, con el relato Los lemmings, ganó el Premio de Cuentos Ciudad de San Sebastián.
Su primer libro de poemas salió en 1979 (Caja de silencio) en la colección “Ancia”, que dirigía Jorge G. Aranguren. Por sus poemarios Pieza del templo, Figuras en el friso y Las edades de la noche, recibió los premios Ciudad de Irún (1982), Blas de Otero (1982) y Alonso de Ercilla (1983). En 1990 la Universidad del País Vasco editó el volumen Palabra perdida / Galdutako hitza (1990) que abarca veintiún poemarios escritos entre 1977 y 1989, dos de ellos originariamente en francés. Se trata de una antología, pero recoge la mayor parte de su creación poética de ese periodo.

Desde entonces ha publicado en la editorial Bermingham, de San Sebastian.
Aquí han salido sus libros dedicados a tres grandes escultores vascos. Estos libros son:
La casa del olvido (1999) (Eduardo Chillida)
La piedra acontecida (2000) (Jorge Oteiza)
Acanto ciego (2006) (Remigio Mendiburu

Y el poemario Los cormoranes (2002) con prólogo de Carlos Rojas.

Ha traducido al castellano dos libros del poeta Jean Mambrino

En 2012, también en Bermingham, sale Aspera llama, una antologìa poética de casi 400 páginas que abarca los años 1977 a 2006. Realizada por el propio autor y con prólogo de Patricio Hernández, esta antología es fundamental para conocer la obra de Carlos Aurtenetxe.

Si aquella mañana no hubiésemos coincidido

rostro mujer
Si aquella mañana no hubiésemos
coincidido, si tu cintura no me hubiese
domado con su golpe certero
y mi ansia predecible,
un momento de debilidad humana,
no te hubiese obedecido,
tal vez ahora,
que quiero ser feliz en la habitación
de siempre, en ti encontrase
miradas de otro tipo,
como las que se dan a un desconocido
mientras pasa.

Pero la química hace su trabajo,
y no lo sé, funciona igual para todos,
buscando la caricia que nos guía
cuando el deseo va más rápido que las manos
y el beso sale disparado por los ojos.

Seguramente,
eso que llaman amor para toda la vida,
la excusa que sirve al pero,
el no exhibiendo poder,
entrados ya en su reino de mentiras,
al final,
tú sabes tanto como yo
que hubiera dejado en la puerta mi maleta
repleta de renuncias elegidas.

Me he dado cuenta ahora,
quizás porque no te encuentro,
quizás porque te perdí,
que si al verte en la calle un día
me hago el despistado,
es porque debiera ser yo ese
y no el otro con quien caminas.

Recordando tu sombra poblada y desnuda,
demasiado tarde me piden las arrugas
haberte dado
un poco más de amor que de química.

Si aquella mañana no hubiésemos
coincidido, si hubiese sabido ignorarte
en la escalera, aquel primer encuentro
hubiera sido una leve brisa que rozó
nuestros hombros sin notarlo.

José María Garrido, (1975) poeta madrileño

En el principio

blas de otero 1
Blas de Otero

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 15 de marzo de 1916 – Majadahonda, Madrid, 29 de junio de 1979) fue uno de los principales representantes de la poesía social y la poesía intimista de los años cincuenta en España