Me quedo con las cosas más opacas…

foto de kriss carlos
fotografía de Maricris Carlos

Me quedo con las cosas más opacas
que tienen menos brillo , son insignificantes
y no engañan a nadie con sus párpados,
aunque debajo de ellos haya ojos que observan.
Me quedo con la lluvia en la mañana
porque huele distinto
y el paisaje que veo se pone en movimiento,
consecuencia del aire respirable.
Me quedo con las gentes que todavía llevan
un hueco transitable dentro del corazón,
aquellas que te llegan cargadas de dolores
pero aún marcan así tus manos para siempre,
pues sonríen a un tiempo con la luna.
Me quedo con el polvo que levanta el camino,
con mis sandalias rotas y el alma vulnerable,
con esa sensación de no ser pájaro,
y estar predestinada a pisar tierra.
Me quedo a ser posible
sin ayudas externas,
avanzando hacia ti que me conoces
y unes mis orillas,
que me abres la puerta sin poner decorados
solo para que baile y me quede en tu gruta.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.

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Hoy cayó toda el agua del cielo

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Hoy cayó toda el agua del cielo
mojando mi ropa,
calando los poemas
que dejo en la libreta.
De pronto la sinfonía
de la lluvia en el tejado
creó un momento de evasión,
una huida que me llevó en un salto
hacia dos enormes arco iris
que rompieron la cellisca.
¡ A tus ojos!!
donde he sentido en la mía
el pellizco sensorial
de tu mirada.
Que sepas que te espero
en la próxima tormenta.

Diego Bardallo Méndez, poeta tarteso

Sé su nombre

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Obra de Vladimir Volegov

Me sé en aquel poema
que escribí respirándome
en su perfume.
Ahora mis sentidos lo buscan
en el pasillo donde las sombras
tienen forma de rosa.
Hay pétalos en las yemas del viento,
estrellas en los cabellos de la lluvia,
versos que resbalan
en los cristales de las ventanas,
son ligeros,
dulces como el flujo
de mi alma cuando te escribe.
Existe una rosa en el horizonte
que rezuma verdad, sé su nombre.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961

Sobre tu frente

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obra de Alexander Akopov

Sobre tu frente
los lirios mal heridos.
Si de un racimo terso
como agosto,
al leño duro vas y vienes
¿qué me queda?
Acuno tu vehemencia,
la sosiego,
un pecho y otro doy
a tu embestida. Cristales
me acoracen. ¿Qué me queda?
La luna por almohada
ha de lavarte
la pena calcinada de la nuca.
La hilacha fiera
de la angustia
traza tristes telares,
tiende un ovillo persistente
en tus pupilas.
He de zurcir en tu iris gramos brillantes.
Tanta faena. ¿Qué más yo puedo,
qué dos brazos cruzados,
qué nada que me asista, ni qué nadie? ¿Y así?
Sobre tu frente
estos lirios mal heridos:
pues hierbabuena y mi fe.
¡Bebe el milagro!

Ana Istarú, poeta y actriz costarricense nacida en San José en 1960. Guiada por sus padres, inició muy joven la carrera literaria publicando su primer libro de poemas a los quince años. Junto a Eunice Odio y a Carmen Naranjo, stá considerada como una de las figuras más prominentes del panorama literario de su país, con reconocimientos internacionales como los premios españoles María Teresa de León para autoras dramáticas en 1995 y el premio Hermanos Machado de Teatro en 1999. En 1990 le concedieron la beca de creación artística de la Fundación Guggenheim. De su obra poética se destacan: Palabra nueva en 1975, Poemas para un día cualquiera en 1977,Poemas abiertos y otros amaneceres en 1980, La estación de fiebre y otros amaneceres en 1983, La muerte y otros efímeros agravios en 1988, Verbo madre en 1995 y Poesía escogida en 2002.

Elegía para decirme

Ghostly underwater dance inspired by the 'seawomen' of the South
en la imagen fotografía de Zena Holloway

Yo le recuerdo aquí: donde me duele
el color que le trajo a mi esperanza;
y le recuerdo aquí porque soy triste
y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.

¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha;
si no me pareciera tanto a mis ojeras,
ni a esta tarde de invierno, así doblada!

Pero me acuerdo aquí de que anda lejos
el que vivió a la vuelta de mi espalda.
Me acuerdo de su nombre perezoso
que casi no quería ser palabra.
Me acuerdo de su risa mal abierta
riñéndole por dentro a la mirada,
y de su frente que crecía;
y de su voz inútil como el alba
y de un secreto que quedó inconcluso
aquel domingo en que amó la nada.

¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha!
Pero me duele aquí, donde me canso,
aquel hombre agobiado por crisálidas.
Pero me duele aquí, donde soy sola,
esta verdad metida entre dos alas.
Qué corazón saldría de este insomnio…

Pero soy todo el blanco que se acaba,
y no me porto bien con la alegría
por lo que traigo al sur de mi garganta.

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

De paso por el sueño

alasdemariposa

Te levanto la noche de la vida.
Deshilvano una luz para tus sienes.
Te visito en el agua y no me tienes.
Cuando llego ya soy la despedida.

Se desangra tu voz como una herida
por el largo secreto donde vienes.
Te pareces al viento, y no detienes
este rostro de nube estremecida.

Pero soy lo que sabes: una pobre
que te pide algún pájaro que sobre,
o el oficio de luna candorosa.

No me quieras llevar a tu desvelo,
porque casi no miro para el cielo
me aburro del canto y de la prosa.

II
Me lo aprendí una noche de azul lento,
bajo la luna abierta encaramada
como niña de luz, en la portada
sonámbula oficial del firmamento.

Me lo aprendí esa noche. De su acento
salía una caricia inusitada;
y en la esquina tenaz de su mirada
me tropecé desnuda con el viento.

Desde entonces anuncia cada cosa
que ha tirado a mis pies, como una rosa,
el corazón absurdo en que vivía.

Y no sé si por eso me persiste
este alegre dolor de ser tan triste
con que sigo durando todavía.

III
Mi corazón de vértigo y remanso,
mi corazón difícil como un nudo
se me zafó una tarde en que no pudo
cuidarse este latido que te alcanzo.

Porque llegaste al aire en que me canso,
amaneciendo mi dolor desnudo,
te quiero así: con amarillo mudo,
inútilmente, y hasta e! tiempo manso.

Me trajeron tan lacia y parecida
a una estatua de carne arrepentida,
que apoyada a la izquierda de tu nombre,

desde mi soledad, casi sonora,
cada noche que estudia para aurora
te espero como a Dios… y vienes hombre.

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

…Y fue la luna de enero…

vicent van goh almendro
Almendro en flor de Vicent Van Gogh

…Y fue la luna de enero
que quedó su plenilunio
clavado en tus ramas secas
como una cifra de ceros.

De ceros que florecían
en la yema de tus dedos.

…Y fue la nieve cogida
por las manos del almendro;
plumas de blancas palomas
mensajeras de luceros.

Canas de Dios enredadas
entre ramas y entre viento.

…Y son tus flores la blanca,
la blanca luz de los cielos.
Te respiro candorosamente pura
en el hojal del invierno,
en mis sentidos te siento
primavera primera de almendro.

El campo pone la mesa
y en la mesa un gran florero.

Jesús Delgado Valhondo, poeta extremeño nacido en Mérida en 1909-1993

Todo sube en la quietud levemente azulada

denisNuñex
en la imagen obra de Denis Núñez

Todo sube en la quietud levemente azulada
de esta infinita mujer de tala y sauce,
esta mujer de aquí,
asomada al cielo caído en el río
como un flor de luz.
La vida tenue se escapa,
casi transparente, por las chimeneas de las casitas, loma arriba.
¿Qué será esto inclinado al paisaje
mirador de lo verde y lo lejano?

Son tan tiernos el pájaro y la nube
que en un momento parecen escucharse y comprenderse,
y la vaca, como un árbol más del campo,
apenas vuelve sus ojos, comprendiendo.

Pienso en el hombre que tiene su raíz en esta tierra,
que alimenta su mirada hacia las lomas rojizas
y así, con sus pies nacidos en lo hondo de la hierba,
ha tenido que ponerle ruedas a su rancho.
Mientras, el campo sigue bajando hacia el atardecer
y la brisa pasa como blando cuchillo,
cortándoles el olor a los retoños.
En cada hoja ondea un oculto deseo
de abrazar la tierra y morir
para nacer nuevo
y seguir siendo joven, húmeda y brillante.

¡No, no! No tiene dueños la tierra verdadera:
el chisperío rojo del seibo ¿para quién florece?
O su hermano gemelo el cardenal
¿quién le ordena su canto?…

El río sigue llevando la tarde
y desata poco a poco su cinta roja
entre los juncos amorosos.

Poema de Juan José Manauta, novelista poeta y periodista argentino (1919-2013)
del libro La mujer de silencio

Imagina que el tiempo es solo lo que amas

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Fotografía de María J. Leza ©

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.
Imagina la vida como no lo es ahora.
No quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos.
Un tributo al azar, sin otro destino que el
confín fugitivo de un eco sin rostro.
Y después, cualquier cosa.
Con qué precisión va la edad hilvanando
el espino, y qué extraña urgencia de ir en pie
hasta la ola. Celebrar lentamente,
que aniquilé mi huella. Mi escritura de hombre.
Mi certeza de surco.
Ser la alta misión de lo que nunca concluye,
como no cierra el mar su recado en la orilla.
Pero no es estar quieto, la razón ni la meta.
Sino un querer más pequeño,
una conquista más clara.
Ver la vida llegar de su noche, a tu noche,
en un cuerpo ajeno. Pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada. Desear su vacío.
Delirar sin camino, sin mapa, sin fuego
hasta el tiempo sin tiempo, del país
que no haremos.

Poema de Antonio Lucas, poeta y periodista. Madrid 1975
Fotografía de María J. Leza ©

** Poema inédito, recitado en La Noche en Vela, de RNE,
la noche del Jueves 14 de noviembre de 2013.

Las nubes

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“bailarinas en el cielo” fotografía de María J, Leza ©

Inútilmente interrogas.
Tus ojos miran al cielo.
Buscas detrás de las nubes,
huellas que se llevó el viento.

Buscas las manos calientes,
los rostros de los que fueron,
el círculo donde yerran
tocando sus instrumentos.

Nubes que eran ritmo, canto
sin final y sin comienzo,
campanas de espumas pálidas
volteando su secreto,

palmas de mármol, criaturas
girando al compás del tiempo,
imitándole la vida
su perpetuo movimiento.

Inútilmente interrogas
desde tus párpados ciegos.
¿Qué haces mirando a las nubes,
José Hierro?

De “Cuanto sé de mí” 1957-1959

Poema de José Hierro, poeta madrileño 1922 -2002