Quemé la luz, fui miel en la dulzura…

patricia avellaneda
Inmersión, óleo/tela de Patricia Avellaneda

Quemé la luz, fui miel en la dulzura,
gota en la lluvia y llama con el fuego,
aroma en cada rosa, instante ciego,
y nardo que dio envidia a la blancura.

Fui sombra en la profunda noche oscura,
silencio en la raíz, raudo despego,
y al fin a tu distante orilla llego:
roto el timón, la brújula insegura.

Al borde de tu barba se me queda
detenida la voz, mudo el acento
como el viajero exhausto en la vereda.

La caricia que tejo y que alimento
se apaga en una suavidad de seda
hasta morir hilada por el viento.

Carmen González Huguet, poeta salvadoreña 1958

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Felicidad y Luis pasean de la mano por un parque de Londres

paseo pareja llueve

Has llegado al final de las acacias.

Miras atrás
y sola
el guiño de la casa te transporta
al estéril terruño, ciertas son
campanadas de Astorga.

Lo otro
fue distinto.
Hoy, el cielo gris y el amarillo rostro de los campos
traen a tu pecho la nostalgia cruda
del árido amor, del mal amor,
del tiempo.

Suena el Big-Ben.
Estás en Londres con un impermeable blanco
bajo la lluvia blanca.
Hoy eres joven y sonríes,
y alguien
que al menos tuvo para ti una palabra
que al menos te ama porque la belleza
está presente en ti y él ama
la belleza
por encima de todos los tentadores dones
que la vida le ofrece,
está contigo.

Te bastará su mano entre tu mano
una mañana
por el parque de Londres mientras llueve,
cuando la niebla sube y vuestros rostros
son apenas esbozos, desdibujados trazos
de la felicidad.

Te bastará tu mano entre su mano
para reconstruir el mundo que perdiste,
la ignorada belleza que ofrecías.

Segura estés
de aquel paseo por el parque,
de vuestro instante quieto entre la niebla
como un tesoro efímero y enorme.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

Y se tiñó de mar…

alfonsina-storni-

 

Alfonsina Storni
Cae una lluvia torrencial sobre Mar del Plata, Alfonsina Storni yace presa del dolor que le produce el cáncer de mama que le aqueja. Llegada la madrugada, haciendo honor al significado de su nombre (dispuesta a todo), toma una determinación. Escribe una nota escueta: Voy a dormir.
Se dirige al Club Argentino de Mujeres y se arroja al mar desde uno de sus espigones. La prestigiosa poeta tenía tan sólo 46 años.
El cadáver es recuperado horas más tarde. El doctor Belleti la reconoce, conmocionado al destapar su rostro. La versión oficial determina que, al saber que se hallaba condenada a una muerte inminente, decidió acabar con su vida. Alfonsina consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío, y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también poeta suicida Horacio Quiroga.

A Alfonsina Storni, en su vocación de mar

Y se tiñó de mar
para ser mar mismo,
para balancearse bajo el rizo de las olas.
Se licuó en sal y agua
para besar otras playas y otras rocas.
Pergeñó un viaje infinito como agua misma
a través de océanos imposibles
y besó, con sus mil lenguas líquidas,
los cuerpos que se aventuraban en ellas.
Inundó pequeños pueblos y ciudades,
bajó a las simas más profundas,
se trocó pez entre los peces,
acuchilló, libre, los líquidos inmensos
y quiso volar como un alcatraz
hasta los acantilados
que contemplan con fruición
los mares incontenibles
y se dejan besar por las olas.
Pero el mar la retuvo
en un abrazo eterno de complacencia
y se hizo mar al instante
y se expandió su espíritu por el azul inmenso
y cabalgaron sus poemas como delfines
sobre las ondas marinas,
o se aposentaron en los fondos más profundos
disfrazados de anémonas imposibles…
y ya, agua y sal ella toda,
fue mar para siempre…

Javier Sánchez Durán
“Versos de un viajero confuso” Ed. NIEBLA

Poema imperfecto

dream-joan-brull-i-vinyoles
Obra de Joan Brull Vinyol

Entre tú y yo, un mar de tempestades
aún sin ritmo de lunas, roto en las oquedades
de un mundo blanco… Un mar de otras edades.

(¡Barco de mi esperanza desde entonces
arriba de las olas…!)

Entre tú y yo, un río
turbio inflan las lluvias del estío
y se va desatado monte abajo… ¡Un gran río!

(¡Barco de mi esperanza, palmo a palmo
contra de la corriente…!)

Entre tú y yo, un lago de aguas muertas;
agua podrida, bocas abiertas
de caimanes que duermen la hora de la siesta.

(¡Barco de mi esperanza, que floreces
caminos en el fango…!)

Entre tú y yo, una estrella…
¡Tan sólo ya la gota de agua de una estrella,
el agua que cabría en una estrella…!

(¡Barco de mi esperanza, naufragado
en una gota de agua…!)

Dulce María Loynaz, poeta cubana (1902-1997), considerada una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. Mereció el premio Miguel de Cervantes en 1992

Hay una carita en el cielo…

luna bonita

Hay una pequeña esfera
que se desnuda blanca
en el cielo,
es un verso de magestuoso silenciar,
se deja mirar,
cómplice del desvelo
se adueña de la flaqueza,
parece una boca sin dientes,
se traga el titubeo,
se traga el desaliento,
sólo el zumbido de una mosca
hace que la nombre, luna.
Luna, compañera muda
que escribe con la luz de sus ojos,
lo que yo no logro con palabras.
Imagino su brillo en el ayer dormido,
mientras se despide con un beso.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona , 1961

No sé qué esperáis de mí

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…No sé qué esperáis de mí.
Hace tiempo que me despojé de la corteza de mis versos,
y hoy la brisa se levantó y arrancó de mi piel
las últimas metáforas.
Aquí estoy desnudo sin recato.
Os muestro mi cuerpo exento de aspavientos y artificios.
Aguardo vuestras miradas sin decoro, ni pudor
que evite mi desabrigo voluntario.
Soy yo mismo sin disimulo ni disfraz.
Con los años y el buen uso
se me suavizó la piel que me envuelve
y es agradable al tacto y a los roces.
Ahora espero de vosotros los mismos actos,
el mismo comportamiento,
dejad que el viento se lleve los oropeles,
que el agua lave vuestra piel y se muestre limpia de artefactos.
No pongáis fronteras al sol, ni al aire, ya sea huracán o brisa,
y dejad que la lluvia humedezca vuestros ojos,
y resbale por vosotros sin ningún impedimento,
que el viento sacuda vuestro pelo
y lanzaos sin miedo sobre la hierba húmeda
que el sol se encargará de escurriros con mimo y sin reparo.
No hay fronteras tampoco para los besos y caricias,
para las ternuras expresadas con nuestros dedos o con nuestros labios,
ni tampoco para el amor o el sexo necesario.
Es preciso el abrazo porque no tiene precio,
y hoy se necesita y urge aquello que escasea
y no compran los comerciantes
porque no ha sido tasado,
ni se puede medir en cantidades concisas y concretas.
Es hora de dejar los mercados
y acudir a las donaciones o dádivas profundas
sin que medie ningún regateo o trato.
Es la vida que nos llama y nos exige
cumplir nuestros actos
y asumir el papel primigenio y originario
anterior a los precios
y anterior al comercio de lo que no tiene tasa

Versos de un viajero confuso” Ed. NIEBLA

 Fco Javier Sánchez Durán  (Cortelazor -Huelva- 1953) es Licenciado en Psicopedagogía, y ha sido profesor de Lengua Castellana y Literatura en varios centros IES.

Para contar cualquier historia vieja

angel edecio
obra de Angel Edecio Cárdenas

Hoy mi playa se viste de amargura
Porque tu barca tiene que partir
A buscar otros mares de locura…

Para contar cualquier historia vieja. Para que el tiempo
reconozca que sangre, o grito, o verso es vida. Para decir
tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía. Para
que las flores de Baudelaire encuentren esa capacidad de
asombro y abrir al hombre a una memoria compartida.
Para que las palabras que evitan desangrarse pierdan esa
solemnidad de pompas de jabón. Para que este dolor de
piedra y ala que se alza desde el pecho hasta la luna encuentre
la cicatriz precisa. Para que este miedo con percusión oscura
de campanas se seque al sol. Para que esto y aquello no se nos
vuelva añicos, debemos usar algo la locura.
Detesto a las abejas desde niña porque jamás poseerán
Los mares.

De “Bolero” 1993

Luzmaría Jimenez Faro, poeta, editora, ensayista y antóloga madrileña 1937-2015

Canción de mediodía

rostro triste

Uno, a veces, quisiera no haber sido
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
el rostro del dolor ante el espejo,
surcado por la angustia, castigado,
perdidos los encantos y el cabello
del solitario rostro: la tristeza
como una madreselva invadiéndolo todo.

Y uno siente en los huesos que hace frío,
que el brasero no enciende, que en la casa
penetra lentamente el viento de la tarde
como un azogue triste de soledad y desprecio.

¡Qué sola va la vida en ese mediodía
cuando sales al parque deambulando
por tu propio calor como una fiera!

Qué sola irá la vida entre los bulevares
si apenas tu mirada puede ver los azules
presentes que la aurora dejó sobre los árboles.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
la lluvia del dolor por las aceras,
marcado por un rumbo, desterrado,
perdidas la esperanza y la alegría
en los húmedos ojos: la tristeza
como una muchedumbre invadiéndolo todo.

Y uno siente, de pronto, la llamada,
la llamada en los labios, y en los ojos
penetra lentamente el sol de una sonrisa
como la dulce lámpara que salta al corazón.

Uno, entonces, quisiera ser de nuevo
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

Bajo la lluvia

evalluvia
Eva Yerbabuena en el espectáculo “LLuvia”

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

Juana de Ibarbourou, conocida popularmente como Juana de América, fue una poeta uruguaya. 1892- 1979

Así es la rosa

rosa blanca

De la matriz del día
se alzó la rosa vertical y blanca
mientras todo rugía:
la tierra, el aire, el agua.

Tendí la mano para protegerla,
criatura de paz y de armonía,
completa, virgen, intocable, exacta
en la extensión total del mediodía.

Y me llevó el brazo la metralla.
Impávida seguía
en su serenidad y su victoria,
aunque en mi sangre la embebía.

Ni mi alarido hizo temblar sus pétalos
ni apagó su fragancia mi agonía.
Era la rosa, la perfecta y única.
Nada la detenía.

Juana de Ibarbourou, conocida popularmente como Juana de América, fue una poeta uruguaya. 1892- 1979