Tras el humo del quinto cigarrillo

alexandre salles
obra de Alexandre Salles

Noches vomitadas, embriagadas
de música y tabaco.

Tras el torbellino del humo
del quinto cigarrillo,
tu silueta se pierde
bajo todas las formas posibles,
donde hieren las aguas
de las playas de cristal.

Hay momentos en que la soledad
tiene más poder que tu orgullo y surge la voz,
en una metamorfosis de mi misma,
desafiando el peligro.

Ni tan siquiera entonces
tu imagen guardada en la cueva del alma
podrá tirar de las ruedas del sueño,
del arte de las noches,
o de la balanza roja
de los corazones hechizados.

Sal a coger las rosas
y el vuelo del pájaro,
desliza tras el cristal
las letras pálidas
y el diamante de tus ojos,

para vivir en la estación
donde el metal florece,
esa, donde el rocío nocturno
despierta sobre ti,
desnuda de caricias.

Llena de versos estrellados contra los muros,
olvidé que allá lejos estaba el mar.

Una bala en mi final,
los muertos no saben odiar.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

Blanco y negro

rafiii

Despacio, muy despacio, se paró el tiempo bajo mis pies, fingiendo que no duelen las memorias despeinadas.

El tiempo pasa y pasa, y sólo quedan brasas
de lo que fue el sendero por el que paseaba.

Se tornaron mustias las flores de mi frente,
y ya casi no me importa perder el color de sus pétalos.

Me desangro sobre un folio en blanco, o sobre ti,
siento en mis manos la fosa que cavaste para enterrar mis sueños.

No trates de enjaular mi alma en un poema.
No trates de borrar las huellas de mis Dioses.

Que se callen los pájaros de la muerte para que puedan seguir mis ojos volando a las estrellas.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

PLUMA SOBRE PIEL

Carrie Vielle
Obra de Carrie Vielle

En esta tarde
recién iniciada
no era mi intención escribir,
ni tan siquiera leer,
pero al ver la arquitectura
curvilínea de tus labios
sobre el asiento forrado
de tela, sólo me apetece
sumirme en los sillones
profundos,
adormecerme en tus
suaves brazos de lana.

Ceñida,
la falda azul de seda
sobre mi piel, queda
privada de movilidad
mi silueta al contacto
con tus lanas.
Mis ojos salpicados
de copos dorados
con delicados hoyuelos
de sombra, titilaban
sobre el color de tus ojos.

Saboreo despacio
y enteramente
las delicias del abandono,
se tensan las piernas,
laten los labios,
que se van cargando
de sangre.
Despacio,
muy despacio,
mi mano resbala
por tu vientre,
rodeado de penumbra.

Tapo mi cuerpo
con una manta de cachemira
porque yo no quería escribir,
ni tan siquiera leer,
pero lo hice sobre tu cuerpo.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

Señora libertad

Pascal llueve
Obra de Pascal Chove

En realidad
no tengo por qué
aceptar que las
rosas no tengan
aroma, que la luna
se niegue a bailar,
que la cortina
no quiera tapar
la luz de las
hienas, que los
peldaños del
puente no quieran
bajar, que una
cigarra grite más
que un silencio,
que la mujer sin
sombra se oculte
tras sus ojeras,
que la belleza
enferma cumpla
un deseo,
y tantas cosas más…

Mujer,
tus manos salieron
a volar en poesías,
tus dedos acarician
el cielo en cada verso,
eres libre de soñar,
de vivir, de aceptar.
Eres mujer.

 ©Rafi Guerra, , poeta cordobesa 1965

Hablemos de otra cosa

rafiGuerra
en la imagen la poeta

Abro mis ojos a la pureza ya hay bastante de mí para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
Y saber que me abandono al amor, papeles desordenados, el tiempo sumido en el caos…

No me hagáis preguntas, hablemos de otra cosa, de mi corazón cansado que ya no sabe amar, ni odiar, ni elevarse… ni tan siquiera volar. Hablemos de las miserias íntimas que alcanzan la cima del sufrimiento.

Sentada a la sombra del agua la melancolía me arrastra y sin dar importancia a la vida, se me acaba el mundo ignorando lo que es el amor y entre el mosaico de tus mareas, desnuda de luz, desciendo por mis huesos.

Nunca soñé con la huida aunque rocé todos los suspiros, bordeé todos los vientos, me perdí en la geografía de un recuerdo y de una negra rosa.

Hasta que mi cuerpo se transforme en ceniza, mi alma te será fiel. Hoy, sólo hoy, seré un pez de color ocre rojizo.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

Melodía de otoño

Lidia Wylangowska (42)
obra de la pintora polaca Lidia Wylangowska

La tarde va muriendo
entre álamos dorados,
el viento
que la acompaña
arrastra las hojas secas
del otoño…
la luz se va apagando
y a la altura del segundo piso
oigo un tarareo…
”Te recuerdo Amanda”
suena la música
de “Víctor Jara”.
Te miro a la cara,
sonrío…
sonríes…
los pasos se detienen
y apenas dos momentos después
tus dedos me agarran…
bailas…?
las notas nos acompañan.
La música cesa
en el cuarto beso
que ya desliza
por el tercer lunar
de mi espalda,
ignoro las horas pasadas,
ignoro las melodías sonadas,
sólo sé que me perdí
en tus manos
y amanecí
en las sábanas sedosas
de tu Alma.

© mm65  Rafi Guerra,   poeta cordobesa 1965

 

En el reloj de la poesía, caben todos los segundos de tu tiempo

Katarzyna Kurkowska
obra de Katarzyna Kurkowska

Un poema viajero en los labios,
que cruza en el silbido melodioso
de la caída del estío de los canarios salvajes.
Camino de puntillas, me permito soñar
en un frasco de sales, en las burbujas
de un arroyo o en las farolas que encienden
lentamente entre los pliegues de tu carne
y los castaños doraros de un bosque.

El caballero sin sombra se arrodilla
ante las palomas mensajeras de tus besos,
que entran por las ventanas abiertas
del mirar de tus pasos.
Silencios quietos. El músico enredado
en las cuerdas de su instrumento
se desliza por las lámparas de rocío,
deshace los nudos del amor y del viento
que sopla en dirección transparente,
como las palmas de las manos blancas,
como el mármol cálido del latido
de unas pestañas.

La espesa niebla que sube de la tierra,
abre los labios y besa la rama del árbol
del coral rojo de la sien de tu cabeza,
el metal florece en el cabello de fuego
de la noche negra transformando
en cristal azul las piedras
de los veinte dedos de tus manos
agarrando por el talle al reloj de arena
enganchado al tac de la melodía de tus labios,
con dientes de huellas, con lengua de ámbar,
un grillo canta, me guiña la inteligencia.

La escalera ramifica cada peldaño de tu aliento,
la flor blanca brota del pozo de los espejos,
la mujer de nalgas de primavera
y sexo de lirio rojo, espera.
Las fuentes no dicen nada
y el agua quedó sin voz
en su primer cuarto creciente.
¿No me reconoces…?
soy la misma que salta la cuerda
y en caída libre, despierta.

Las gargantas oscurecidas en el ocaso de un sol
entre dos montañas, no hablan.

© mm65  Rafi Guerra,   poeta cordobesa 1965

Las horas cuerdas de un reloj

RafiG

Enrollo a la noche
la guardo en el cajón
de una mesilla,
no quiero que se marche
sin haber soñado
con los ojos del viento
que me acercan a tus labios.

Tus pasos sobre mi carne,
el silencio hecho pedazos
repleto de luz y esencias
al contacto con mi voz,
y pronuncio tu nombre
y me bebo la luna.

El reloj no canta,
se paró su cordura.

Rafi Guerra ©  poeta cordobesa 1965

¡Qué triste un juguete sin niño!

AlbertoKordaNIñaMuñecapalo
foto original de Alberto Korda 

Castigo eterno, ojos sin vida,
tacto sin piel, espacio
perenne de sueños, vacío.

Qué triste la expresión
de las muñecas, espalda
a la pared, inerte.

La orfandad de los mares y el llanto,
la raíz de los sauces, podrida.
Y la noche acuna al juguete sin niño,
se perdió en la magia del espejo dormido,
quedó sin reflejo, partido.

La negra perspectiva de las luces,
el júbilo pendiente de las bocas,
la luz en las pupilas cercenada.

Los abrazos caídos de la ausencia
quedaron sin rumbo, perdidos.

¡Qué triste un juguete sin niño!!

© mm65 (Rafi Guerra) & Jesús Sahuquillo Amoraga.

En la imagen Paula María, así se llamaba aquella niña que fue retratada junto a su muñeca de palo por Alberto Korda. Fue allá en Sumidero, Minas de Matahambre, Pinar del Río; corría el año 1959. Hasta ese pequeño pueblo de tabaqueros llegó el fotógrafo, que por aquel entonces era publicista de la Fábrica Sabatés. Iba buscando otras cosas pero con la mirada siempre curiosa de un artista, descubrió a esta pequeña y le hizo la foto. Dicen que luego dijo en varias ocasiones que esta imagen le cambió la vida, le hizo comprender que debía defender con su obra los ideales de la Revolución.

Me emborracho de putas

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En la imagen la poeta Rafi Guerra

Sólo queda un recuerdo
entre los párpados,
un silencio ahogado
entre los dedos.

Sólo la piel de Eva
me resguarda del frío,
instalado en mis huesos,
sin permiso.

No me encuentro en tu boca,
ni entre ellos,
ni bebiendo de un trago de ternura,
ni tan siquiera me encuentro,
en el hambre hambriento que palpita
en el bolsillo de esta tarde.

No me fui, pero no quiero encontrarme,
con la respuesta hipócrita de un adverbio,
con el bostezo amargo de unos labios,
con el ruido incesante de un martillo,
que golpea con furia,
las sienes de un lamento.

Me emborracho de putas y te alejo.
Se apagaron las luces de la escena,
todas ellas, todas a un tiempo,
y quedó sólo silencio.

© Rafi Guerra