En el reloj de la poesía, caben todos los segundos de tu tiempo

Katarzyna Kurkowska
obra de Katarzyna Kurkowska

Un poema viajero en los labios,
que cruza en el silbido melodioso
de la caída del estío de los canarios salvajes.
Camino de puntillas, me permito soñar
en un frasco de sales, en las burbujas
de un arroyo o en las farolas que encienden
lentamente entre los pliegues de tu carne
y los castaños doraros de un bosque.

El caballero sin sombra se arrodilla
ante las palomas mensajeras de tus besos,
que entran por las ventanas abiertas
del mirar de tus pasos.
Silencios quietos. El músico enredado
en las cuerdas de su instrumento
se desliza por las lámparas de rocío,
deshace los nudos del amor y del viento
que sopla en dirección transparente,
como las palmas de las manos blancas,
como el mármol cálido del latido
de unas pestañas.

La espesa niebla que sube de la tierra,
abre los labios y besa la rama del árbol
del coral rojo de la sien de tu cabeza,
el metal florece en el cabello de fuego
de la noche negra transformando
en cristal azul las piedras
de los veinte dedos de tus manos
agarrando por el talle al reloj de arena
enganchado al tac de la melodía de tus labios,
con dientes de huellas, con lengua de ámbar,
un grillo canta, me guiña la inteligencia.

La escalera ramifica cada peldaño de tu aliento,
la flor blanca brota del pozo de los espejos,
la mujer de nalgas de primavera
y sexo de lirio rojo, espera.
Las fuentes no dicen nada
y el agua quedó sin voz
en su primer cuarto creciente.
¿No me reconoces…?
soy la misma que salta la cuerda
y en caída libre, despierta.

Las gargantas oscurecidas en el ocaso de un sol
entre dos montañas, no hablan.

© mm65  Rafi Guerra,   poeta cordobesa 1965

Las horas cuerdas de un reloj

RafiG

Enrollo a la noche
la guardo en el cajón
de una mesilla,
no quiero que se marche
sin haber soñado
con los ojos del viento
que me acercan a tus labios.

Tus pasos sobre mi carne,
el silencio hecho pedazos
repleto de luz y esencias
al contacto con mi voz,
y pronuncio tu nombre
y me bebo la luna.

El reloj no canta,
se paró su cordura.

Rafi Guerra ©  poeta cordobesa 1965

¡Qué triste un juguete sin niño!

AlbertoKordaNIñaMuñecapalo
foto original de Alberto Korda 

Castigo eterno, ojos sin vida,
tacto sin piel, espacio
perenne de sueños, vacío.

Qué triste la expresión
de las muñecas, espalda
a la pared, inerte.

La orfandad de los mares y el llanto,
la raíz de los sauces, podrida.
Y la noche acuna al juguete sin niño,
se perdió en la magia del espejo dormido,
quedó sin reflejo, partido.

La negra perspectiva de las luces,
el júbilo pendiente de las bocas,
la luz en las pupilas cercenada.

Los abrazos caídos de la ausencia
quedaron sin rumbo, perdidos.

¡Qué triste un juguete sin niño!!

© mm65 (Rafi Guerra) & Jesús Sahuquillo Amoraga.

En la imagen Paula María, así se llamaba aquella niña que fue retratada junto a su muñeca de palo por Alberto Korda. Fue allá en Sumidero, Minas de Matahambre, Pinar del Río; corría el año 1959. Hasta ese pequeño pueblo de tabaqueros llegó el fotógrafo, que por aquel entonces era publicista de la Fábrica Sabatés. Iba buscando otras cosas pero con la mirada siempre curiosa de un artista, descubrió a esta pequeña y le hizo la foto. Dicen que luego dijo en varias ocasiones que esta imagen le cambió la vida, le hizo comprender que debía defender con su obra los ideales de la Revolución.

Me emborracho de putas

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En la imagen la poeta Rafi Guerra

Sólo queda un recuerdo
entre los párpados,
un silencio ahogado
entre los dedos.

Sólo la piel de Eva
me resguarda del frío,
instalado en mis huesos,
sin permiso.

No me encuentro en tu boca,
ni entre ellos,
ni bebiendo de un trago de ternura,
ni tan siquiera me encuentro,
en el hambre hambriento que palpita
en el bolsillo de esta tarde.

No me fui, pero no quiero encontrarme,
con la respuesta hipócrita de un adverbio,
con el bostezo amargo de unos labios,
con el ruido incesante de un martillo,
que golpea con furia,
las sienes de un lamento.

Me emborracho de putas y te alejo.
Se apagaron las luces de la escena,
todas ellas, todas a un tiempo,
y quedó sólo silencio.

© Rafi Guerra

 

Soledad

Steve HanksMujer
Acuarela de Steven Hanks

Soledad,
déjame hablar
no calles mi voz, 
mi corazón arado de alondra
no quiere sentarse
en la escalera de la bruma.
Soledad,
borra el silencio
de los tejados rojos
de una ciudad o una aldea
de una casa que ya habito.
Soledad,
deja que al aire
le crezcan alas,
que vuele más allá
de los muros de mis noches
y se refugie en el espacio
de mis sueños.
Soledad,
no ciegues mis ojos
que ya lo veo
sobre el taburete
del escenario,
déjame acariciar
todo lo que él será.
Soledad,
siéntate a tejer calceta
que ahora quiero vivir
en el latido de la
cortina
que aún no alzó nadie
y me despido de ti,
soledad,
no te dejo un lugar
ni en las burbujas
de mi sombra.

© mm65 (Rafi Guerra) poeta cordobesa

En la imagen, acuarela de Steve Hanks San Francisco, EE UU., 1949 – 21 de abril de 2015, EE UU.)
Inicialmente, sus obras fueron dibujos a lápiz y óleos pero una reacción alérgica a estos le obligó a experimentar con acuarelas. El uso de las técnicas aprendidas de sus otros medios le llevó a crear acuarelas con el terminado de óleos.

Steve Hanks, es uno de los artistas más famosos de Norteamérica, fue un maestro del movimiento pictórico del foto-realismo o hiperrealismo , cuya técnica está en la frontera de la fotografía, traducción fiel de sus técnicas.

Este excelente artista ha ganado muchos premios y honores. Entre 1994 y 1996 situó su nombre entre los primeros artistas de América. En 1992 la National Watercolor Society Merit Award and the National Academy of Western Art le concedió a Steve Hanks la Medalla de Oro.

Ahora con su reciente muerte en 2015, a buen seguro su obra se revalorizará.

información obtenida de foroxerbar.com

Hoy te quiero más que ayer…

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Vientos misteriosos de los bosques,
llega la soledad que me consume de pena,
voy por la tarde callada,
mi cabellera ondulada,
morenos lunares,
ramitos de azucenas.

Tus ojos color de cielo,
una nube preñada de tormenta,
que el aire me lleve
donde me esperan
sin miedo a la noche negra.

Boca de reina, cuerpo de dama,
mis sedas duermen
entre el campo de espliego
y la madrugada,

el viento finge lamentos,
solitario el silencio,
y le pregunto a la brisa,
¿Por qué está mudo el silencio?

La sed del alma insaciable,
te busco siempre
sin encontrarte nunca,
el muro me presta su sombra
para que descanse.

Tarde de abril en los labios,
el sol pierde su adolescencia,
resuena el espacio,rasgo el aire,
y no te encuentras.

Cierro los ojos
y me quedo pensando
antes de hacer nada,
no tiene final lo eterno
y suspira el viento en mi cara.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

En la imagen la poeta

Aprendí a volar… de Rafi Guerra

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Aprendí a volar,
poquito a poco,
despacio, 
muy despacio.

Y sentir a la poesía
incomprendida,
que camina lento,
sobre la cuerda
de una guitarra.

En cada amanecer,
siento el pálpito del poeta,
el pálpito de su aliento.

Y vuelo,
poquito a poco,
despacio,
muy despacio,
sobre los labios pintados de rojo
de una poesía dormida,
sobre el último destello
de una luna de fuego.

Salpicada de ti,
de tu aliento.
Llevo el alma en los dedos,
por ti,
por mí,
por el momento de vivir,
para realizar un sueño,
el tuyo,
el mío,
y vuelo…

Entre versos de amor
de un poema viajero,
que sintió,
como se siente a la poesía
que camina lento,
por la cuerda incomprendida
de una guitarra.

Y aprendí a volar,
con alas de luna,
pero luna de fuego.

© Rafi Guerra
Derechos registrados de autor.

en la imagen la poeta