Recuerdo

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fotografía de Lucy Zharikova 

El regreso no atiende a encargos.
Mentira,
buscaba cerrar los ojos,
ser rastro del desierto
donde el viento sacude la huella,
siendo el recuerdo lluvia de púrpurina
en el clamor del angosto eco del olvido.
Mentira,
buscaba seguir existiendo,
pisando suelo que sin ser gris divino
me asista en ligero camino.
Mentira,
yo sólo quería no dudar de la duda,
aletear en la certeza de versos
escritos en el desorden de las palabras
imaginando que los segundos
estallan en mis manos, caen en el minuto,
como el sol en la sombra, sin arrastre.

 Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961 

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Canción rota

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collage de Federico Hurtado 

Siempre que iba a cantar
algo se interponía
y a mí no me importaba,
¡había tanto tiempo!

Mi canción se quedaba en el alero,
confiada,
meciéndose en la espera
cuajada de horizontes.

Si alguna vez con mudo gesto
antiguo
acaricio las cuerdas,
el aire se retira
y el corazón me late nuevamente
con aquellos latidos turbulentos,
heraldos de mi canto.

¡Ay, mi canción truncada!
Yo nunca tenía prisa
y la dejaba siempre,
amor,
para después.

Carmen Martín Gaite 

 Nombre imprescindible en la literatura femenina española. Nació el 8 de diciembre de 1925 en Madrid y falleció el 22 de julio del 2000. Entre muchos de los premios que recibió a lo largo de su vida se encuentra el Nadal, uno de los más añorados por los escritores de novela.
Entre visillos” es su obra más importante, y le ha valido numerosos reconocimientos. Esta obra trata sobre el conformismo y lo chocante que resulta para ciertas personas descubrir de pronto que hay otras que esperan mucho más de la vida. Un grupo de muchachas acostumbradas a una vida plana, banal y vacía, se ve sacudido de pronto por la llegada de un hombre absolutamente opuesto al pueblo, quien comenzará a darles clases de alemán y les hará ver que existe un mundo “ahí afuera”.
Otras de las novelas con las que Gaite se ha destacado son “El balneario“, “Retahílas” y “La reina de las Nieves“. Además, Carmen ha publicado varios poemarios, como “A rachas” y “Todo es un cuento roto en Nueva York“.

Ahora vamos envueltos en consignas hermosas

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malinche en flor 

Las mañanas cambiaron su signo conocido.
Ahora el agua, su tibieza, su magia soñolienta
es diferente.
Ahora oigo desde que mi piel conoce que es de día,
cantos de tiempos clandestinos
sonando audaces, altos desde la mesa de noche
y me levanto y salgo y veo “compas” atareados
lustrando sus botas o alistándose para el día
bajo el sol.
Ya no hay oscuridad, ni barricadas,
ni abuso del espejo retrovisor
para ver si me siguen.
Ahora mi aire de siempre es mas mi aire
y este olor a tierra mojada y los lagos allá
y las montañas
pareciera que han vuelto a posarse en su lugar,
a enraizarse, a sembrarse de nuevo.
Ya no huele a quemado,
y no es la muerte una conocida presencia
esperando a la vuelta de cualquier esquina.
He recuperado mis flores amarillas
y estos malinches de mayo son mas rojos
y se desparraman de gozo
reventados contra el rojinegro de las banderas.

Ahora vamos envueltos en consignas hermosas,
desafiando pobrezas,
esgrimiendo voluntades contra malos augurios
y esta sonrisa cubre el horizonte,
se grita en valles y lagunas,
lava lagrimas y se protege con nuevos fusiles.
Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros
y yo invento palabras con que cantar,
nuevas formas de amar,
vuelvo a ser,
soy otra vez,
por fin otra vez,
soy.

Gioconda Belli, poeta nicaragüense 1948

la Virgen sonríe muy bella…

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imagen de Bruchey

La Virgen,
sonríe muy bella.
¡Ya brotó el Rosal,
que bajó a la tierra
para perfumar!

La Virgen María
canta nanas ya.
Y canta a una estrella
que supo bajar
a Belén volando
como un pastor más.

Tres Reyes llegaron;
cesa de nevar.
¡La luna le ha visto,
cesa de llorar!
Su llanto de nieve
cuajó en el pinar.

Mil ángeles cantan
canción de cristal
que un Clavel nació
de un suave Rosal.

Poema de Gloria Fuertes
imagen de Bruckey

En el filo del gozo

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fotografía de Greg Kadel 

I

Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:
que estrelle en ti sus olas funestas sin tocarme
y resbale en espuma deshecha y humillada.
Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,
palabras que los vientos dispersan como pétalos,
campanas delirantes al crepúsculo.
Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,
todo lo que los lagos atesoran de cielo
más el bosque y la piedra y las colmenas.

(Cuajada de cosechas bailo sobre las eras
mientras el tiempo llora por sus guadañas rotas.)

Venturosa ciudad amurrallada,
ceñida de milagros, descanso en el recinto
de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

II

Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,
rompiéndome en el filo del gozo o mansamente
lamiendo las arenas asoleadas.
(Bajo tu tacto tiemblo
como un arco en tensión palpitante de flechas
y de agudos silbidos inminentes.
Mi sangre se enardece igual que una jauría
olfateando la presa y el estrago.
Pero bajo tu voz mi corazón se rinde
en palomas devotas y sumisas.)

III

Tu sabor se anticipa entre las uvas
que lentamente ceden a la lengua
comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es el júbilo.
Cuando partes, arrasas jardines y transformas
la feliz somnolencia de la tórtola
en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas
el ánimo turbado te presiente
como los ciervos jóvenes la vecindad del agua.

De De la Vigilia Estéril

Rosario Castellanos  (1925-1974), narradora y poetisa, considerada una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX.

Sólo tu amor y el agua

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Obra del pintor chileno-español Sergio Martínez Cifuentes 

Sólo tu amor y el agua… Octubre junto al río
bañaba los racimos dorados de la tarde,
y aquella luna odiosa iba subiendo, clara,
ahuyentando las negras violetas de la sombra.
Yo iba perdido, náufrago por mares de deseo,
cegado por la bruma suave de tu pelo.
De tu pelo que ahogaba la voz en mi garganta
cuando perdía mi boca en sus horas de niebla.
Sólo tu amor y el agua… El río, dulcemente,
callaba sus rumores al pasar por nosotros,
y el aire estremecido apenas se atrevía
a mover en la orilla las hojas de los álamos.
Sólo se oía, dulce como el vuelo de un ángel
al rozar con sus alas una estrella dormida,
el choque fugitivo que quiere hacerse eterno,
de mis labios bebiendo en los tuyos la vida.
Lo puro de tus senos me mordía en el pecho
con la fragancia tímida de dos lirios silvestres,
de dos lirios mecidos por la inocente brisa
cuando el verano extiende su ardor por las colinas.
La noche se llenaba de olores de membrillo,
y mientras en mis manos tu corazón dormía,
perdido, acariciante, como un beso lejano,
el río suspiraba…
Sólo tu amor y el agua…

poesía de Pablo García Baena, nacido en córdoba en 1923, en 1947 fundó, junto a Ricardo Molina, Juan Bernier y Julio Aumente, la revista «Cántico», punto de encuentro de un grupo de escritores andaluces que reivindicaba una mayor exigencia estética y enlazaba con la poesía del 27.