Amantes

amantes de rodin

El que todo lo ama con las manos
despierta la caricia de las cítaras,
siente el silencio y su pesada carne
fluyendo como ungüento entre los dedos,
lame la lenta lengua de sus manos
el hueso de la tarde y sus sortijas
se enredan en el ave adormecida
del viento. Labra en mármoles de humo
el cuerpo palpitante del abrazo
extenuado cual cervato agónico,
y con el pico frío de sus uñas
monda la oliva efímera del beso.
El que se ama solo, el que se sueña
bajo el deseo blanco de las sábanas,
el que llora por sí, el que se pierde
tras espejos de lluvia y el que busca
su boca cuando bebe el don del vino,
el que sorbe en la axila de la rosa
la pereza oferente de sus hombros,
el que encuentra los muslos del aljibe
contra sus muslos, como un saurio verde
sobre el mármol desnudo e inviolado,
ese que pisa, sombra, desdeñoso
el pavimento de las madrugadas.
El que ama un instante, peregrino
voluble, de flauta hasta los labios,
de la trenza al cítiso, de los cisnes
a la garganta, de la perla al párpado,
de la cintura al ágata, del paje
a la calandria y tras él, silente
va talando el olvido de las mieses altas,
tirso áureos de espigas, leves brotes,
todo un bosque confuso de recuerdos,
y él va cantando, ruiseñor nocturno,
capricho y galanía, bajo la luna.
Y el que besa llorando y el que sólo
sabe ofrecer y aquel que cubre el pecho,
para no amar, de oscuro arnés, sonrisa
y un gerifalte lleva silencioso
devorando su corazón de gules.
Todos, la noche maga con su rezo
los enloquece, clava en sus pupilas
el helor de su vaga nieve negra,
les da a beber rencor entre sus manos,
los hurta en el arzón de sus corceles,
los trae y los lleva como mar en cólera,
coronadas las olas de sollozos,
de cabelleras náufragas, de sangre,
y los devuelve dulces, poseídos,
hasta la playa bruna y solitaria.

Pablo García Baena, (Córdoba, 29 de junio de 1923- ). Poeta español perteneciente al Grupo Cántico

En la imagen:  El Beso de Auguste Rodin (1840 -1917), en torno a 1882. Mármol

Envíame una carta…

 

enviameunacarta

Envíame una carta, aunque se pierda.
Envíame unas velas encendidas, no sé,
un monte, por ejemplo, que me mire desde arriba.
Envíame sonatas, pergaminos,
capiteles corintios que apuntalen
esta luz de la tarde que resbala.
Algo de Brahms, el mar y su epicentro.
Banderas sin mancharse de colores,
que se puedan pintar como se quiera.
Y sobre todo aire, sin cauces, aire suelto.
De momento, la carta, aunque se pierda.

© Blanca Sarasúa, Bilbao 1939
Photo by Edouard Boubat

Ayer cuando la luna…

 

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Ayer cuando la luna se apagaba
mi musa nocturna
visitó mi piel
mi rincón de secretos
guardados
entre susurros y caricias…
Hoy al despertar
le he dejado un poema
y un cielo
que aunque nublado
guarda tesoros
y momentos de risa
y juego,
placeres que no lleva el viento
y los labios recuerdan
con cada gota de lluvia
que acaricia el recuerdo
y la complicidad
de los encuentros
a la luz de una luna que se apaga…

Joaquin Haizegoa Iriarte 

Escribir de Hasier Larretxea

IsidroEtxeberriaSara

Fotografía de Isidro Etxeberría © (todos los derechos reservados)

Escribir
es el paisaje desde donde contemplar

El mirador
desde donde ver
a través de la niebla,
a través de los límites del horizonte,
sorteando y volando sobre ermitas, pastos y portillos.

Escribir la visión
en lo alto del monte,
el sendero, el helecho recién pisado,
la bellota que lanzamos hasta el riachuelo.

Escribir es insuflar (el viento del norte),
acunarlo al sonido del cencerro
y a las gotas de lluvia que se ahogan
en el charco del prado,
el movimiento del tractor
y la soledad del perro.

Escribir
la única manera de atravesar el valle
sin pisarlo.
del poemario De un nuevo paisaje

Hasier Larretxea, escritor nacido en Arráyoz, Valle de Baztán, Navarra (España), en 1982