Balada de la alondra persuasiva

alondrapajarito

En otra madrugada,
por vientos de ceniza,
obedecí al latido de la alondra.
El cielo no era cielo todavía.

La zona del hornero,
el tiempo de la encina
se inquietaban en lento aprendizaje
y el cielo no era cielo todavía.

Hubo un encantamiento
de flor y hierba fina,
un cauteloso antaño de rocío,
y el cielo no era cielo todavía.

Septiembre constelado
de dos campanas frías
rodaba por lugares de silencio
y el cielo no era cielo todavía.

En clima de obediencia
mi pulso recorría
todo un advenimiento de corolas
y el cielo no era cielo todavía.

No regresó conmigo
la alondra persuasiva
porque me desterró de su latido
cuando el cielo fue luz de mediodía.

María Elena Walsh, (1930-2011) fue una poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga y compositora argentina, considerada como «mito viviente, prócer cultural y blasón de casi todas las infancias.

 

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Qué hermosa eres, diablo…

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óleo de Vladimir Volegov “Woman in love”

Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero
mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi
abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican
a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca
el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan
los labios del clavel,
cundo eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te
me esfumas.

Mañana habrá en la playa otro marino cojo.

poema de Gilberto Owen, poeta, novelista y diplomático mexicano
nacido en El Rosario, Sinaloa, en 1904. Falleció en Filadelfia en 1952
Imagen: óleo de Vladimir Volegov “woman in love”

Hay algo en ti

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fotografía María J. Leza ©

Hay algo en ti que nunca he conquistado;
vana sombra que no me pertenece,
algo que me conturba y me estremece:
flor de amor que jamás he deshojado.

Es algo indefinible, atormentado;
noche que no se acaba ni amanece;
cual sórdido cilicio permanece
entre la carne viva, soterrado.

Algo entre la locura y el espanto.
Grito que va a llegar y nunca llega,
cercano al resplandor, próximo al llanto.

¡Oh trágico dolor de herida ciega!
Amor por quien suspiro y me levanto,
hay algo en ti que nunca se me entrega.

Dora Castellanos, poeta colombiana 1924
fotografía de María J. Leza ©

La lista de los reyes godos

lista reyes godos
imagen: blog de geografía e historia

Entre angustias y sudores
y calvario de los ojos,
padecimos sinsabores
por culpa de promotores
imperiales con antojos.

Con España hecha un erial
entre la hambruna masiva,
trajeron al pegujal
y escuelas del andurrial
a godos en comitiva.

Se empeñaron los jerarcas
con empeño denodado,
supiéramos de monarcas
que aún calzaban albarcas
y a la Hispania gobernado.

La lista estaba formada
por treinta y tres visigóticos,
y era así tan alargada
y tan densa y tan poblada
por reinar reyes caóticos.

Se morían de repente
o de pronto asesinados,
y otra coronada frente
ante aquel cuerpo presente
allí mismo nominados.

Candidatos eran varios
los aspirantes al trono,
y en aquellos escenarios
de títulos nobiliarios
disputaban con encono.

En círculo nos ponían
a coruchos escolares,
y salmodiar nos hacían
mientras espaldas crujían
a los godos seculares.

La lista la encabezaba
Ataúlfo, era el primero,
Sigérico al que heredaba
Walia y luego lo alcanzaba
Teodorico el guerrero.

Le sucedió Turismundo
y Teodorio después,
Alarico más jocundo
y nosotros ni un segundo
de recitar sin traspiés.

Después con el cisma arriano
Gelaelico cismático,
y Amalarico algo vano,
que fue un buen rey ciudadano
que se acomodó pragmático.

Tehudis, luego Teusidelo,
Agila y Atanagildo,
Liuva que miraba al suelo
y Leovigildo al cielo
por culpa de Hermenegildo.

Llegó Recaredo y Siuva,
Witérico y Gundemaro,
que dicen que el mosto de uva
lo trasegaba cual cuba
de tonel hispano avaro.

Nombres hay repetitivos
de ordinal correspondiente,
sobrevivían los vivos
si no acababan cautivos
del nuevo rey y de su gente.

Suíntila con Sisenando,
Thintila y sucedió Tulga,
Khindasvinto fue reinando
con Recesvinto esperando
como un can cuando se espulga.

Wanba delegó en Ervigio,
Egica reinó con Witiza,
¡cuánto rey, cuánto litigio!
sin llevar el gorro frigio
hartos de godos en liza.

Rodrigo fue el colofón
de tanto godo en el trono,
¡qué castigo, qué tostón!,
salmodiando relación
con voz meliflua en el tono.

Saturnino Caraballo Díaz
El Poeta Corucho

Fervor

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“El ocaso de la voluntad” de Omar Ortiz

Hoy
que sigues siendo mi tierno amante,
el viento y la ciénaga nos guiña el ojo
como un labio encierra su llamarada
como el deseo primitivo de poseernos.

Hoy
que estamos tan juntos en el gozo
duermes tranquilo ante el futuro
ningún lobo te gruñe para controlarte
ni los fantasmas de la palabra te hieren.

Este pedestal que revive nuestras horas
dos cuerpos destinados a ser uno
la lluvia cotidiana que ríe del instinto
imparable del deseo sin límite de amarnos.

Aquella
trasgresión del recuerdo cabalga
y camina cardiaca por tu desnudez,
descubrimos el rito del beso eterno
la pasión del cuerpo por el fervor del otro.

Hoy
tu noche ha vuelto a mi
hoy para ti sólo son mis besos.
Vendrás con plétoras doradas
y yo aceptaré tu voluntad a ciegas
cabalgarás mi cima lunar,
melodiosa de pasado y silencio.

Aquí mis mejores versos se rinden,
tendidos al sol se acunan en tu pecho.

Del libro: Pétalos de fuego.

Lina Zerón, (Ciudad de México, 1959), es una poeta  mexicana cuya obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, serbio, esloveno, árabe y rumano. Estudió Relaciones Internacionales en la ENEP Acatlán, UNAM.

Navidad

Navidad Cena soneto

Una noche más se cumplió el rito
De ver toda la mesa engalanada
De oír sin escuchar ni creer nada
De dar la libertad al gorgorito

De ver el desfilar del cuchifrito
De oír el parabien de la cuñada
De dar el aguinaldo a la mesnada
En torno al villancico a puro grito

El árbol casi ardiendo luminoso
A medias deglutado el polvorón
Y alguno derramando el espumoso

Un año, un año más, frente al turrón
Queriendo ser sin duda el más gracioso
Cantando sin cantar, ¡será bribón!

Francisco Jesús Frías Luján

La robaron el sueño, amor, se lo robaron…

Christian Schloe - Austrian Surrealist Digital painter - Tutt'Art@ (11)
Obra de Christian Schloe

La robaron el sueño, amor, se lo robaron.
La muñequita tonta, vestida de alfileres
que siempre muere acunando un sueño púrpura
entre brazos que no le pertenecen.
De noche fue, cuando siempre se mueren realidades.
Y se quedó mirando la luz del farol
en el aljibe-memoria.
Se habrá quedado allí, en el agua, dolor,
buscando las vertientes.
El sueño boquiabierto de estrellas
como el sapo del cuento.
La muñequita ojos cerrados de luna
volverá a su país sin duda
cuando acabe el número de sueños permitidos.
Habrá estatuas de cal y viejos terciopelos.
A su pequeño sol, al fin, lo habrán anochecido.

De “Los espejos y los puentes” 1978

Paulina Vinderman, poeta y traductora argentina nacida en Buenos aires en 1944

 

Soneto

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Fotografía de María J. Leza ©

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino 1900-1978

La palabra

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Secret of the rosa de Christian Schloe

En cada ser, en cada cosa, en cada
palpitación, en cada voz que siento
espero que me sea revelada
esa palabra de que estoy sediento.

Aguardo a que la diga el firmamento,
pero su boca inmensa está callada;
la busco por el mar y por el viento,
pero el viento y el mar no dicen nada.

Hasta los picos de los ruiseñores
y las puertas cerradas de las flores
me niegan lo que quiero conocer.

Sólo en mi corazón oigo un sonido
que acaso tenga un vago parecido
con lo que esa palabra puede ser.

Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino 1900-1978

Otra vez cúpulas en el poema…

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Óleo de Leonid Afremov

Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad.
Las travesías se volvieron copias
de ciudades tocadas sólo por supervivencia,
para regresar a la mía.
Como si ella contuviera todos los números, los secretos,
las pasiones del mundo.
Alguna vez una calle me devuelve el desierto
y cuando oscurece,
las sombras de las bolsas de basura
son instalaciones de museo, que sólo puedo ver
cuando mi memoria agotada olvida el mar, aquellas grúas
detrás de las cercas, la mujer del turbante azul que
me vendió la caja mágica y la oportunidad
de atesorar mis miedos como mariposas atrapadas
en la belleza de su oro.
Hay que aprender la asfixia como se aprende un idioma.
Nadie llorará por la ausencia de las alas contra el cielo.

De “El muelle” 2003

Paulina Vinderman, poeta y traductora argentina nacida en Buenos aires en 1944