Otoño: Hacer acopio de emociones

Juan GoñiOtoño
Otro otoño que retoña, otro florecer hacia dentro se nos viene encima. El ciclo comienza de nuevo con la inspiración. Inspiración en sus dos principales acepciones.

El otoño es el momento de aspirar, de coger aliento para el futuro que llega. El otoño aspira a tanto que anhela ser primavera y convierte cada una de las infinitas hojas de la arboleda en flores multicolores. Y después, coge aire, se come a sí mismo, y aguarda. En el otoño la natura se reconcome las meninges para ser el adagio del mundo que enmudece. Enmudece primero al observador, que ha de volverse hacia adentro y mirarse de nuevo, y aspirarse. Y cuando uno se mira dentro primero amarillea sus entrañas, y deja caer a sus pies los recuerdos de los días más largos.

El otoño nos convierte en detectives de nuestros sentimientos. Si en primavera cantan los paisajes, en otoño cantan cantautores y recitan poetas. El otoño es la estación del recuerdo, de las nostalgias, de la íntima introspección. Siempre suspendo la lección en la lejana primavera, y por eso toca recuperar y examinarse. En estas fechas el que no mira, el que no observa, el que no huele, acaricia y percibe, ese está perdido. Hay que proveerse del alimento abundante que en estas fechas se nos ofrece, alimento para el cuerpo pero sobre todo para el alma.

Hay que hacer acopio de emociones, de sentimientos, de ternuras, de cordiales atardeceres amarillos, de afectos y delicadezas. Si queremos sobrevivir al futuro tenemos que alimentar lentamente nuestra esencia con el adagio otoñal, tardío y levemente decadente, que nos reintegra sin demasiada delicadeza a lo más profundo de nuestras entrañas.

El otoño es el crisol donde germina todo, y se vuelve al suelo. Es el inicio del ciclo en el que los alrededores de nosotros mismos nos empujan a empezarlo todo de nuevo. Y por eso vamos retirando la savia de nuestro exterior y la retornamos al profundo territorio de nosotros mismos, más allí de las miradas, más allí de lo evidente. Es tiempo de forjar nuestros cimientos. El otoño es tiempo de raíces y de principios, es tiempo de concebir sostenes, razones y orígenes. Porque el otoño, sin duda, es la fuente de donde manan las causas de todos y de todo.

El otoño es una primavera que florece hacia adentro.

Juan Goñi

Foto: En Bertiz en Otoño despierta despacito.

Música: Daniel Barenboim (piano), Héctor Console (contrabajo) y Rodolfo Mederos (bandoneón ) interpretan “Otoño porteño”, una composición del gran Astor Piazzolla.
https://youtu.be/4wcaVCpFUAE

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Me quedo con las cosas más opacas…

foto de kriss carlos
fotografía de Maricris Carlos

Me quedo con las cosas más opacas
que tienen menos brillo , son insignificantes
y no engañan a nadie con sus párpados,
aunque debajo de ellos haya ojos que observan.
Me quedo con la lluvia en la mañana
porque huele distinto
y el paisaje que veo se pone en movimiento,
consecuencia del aire respirable.
Me quedo con las gentes que todavía llevan
un hueco transitable dentro del corazón,
aquellas que te llegan cargadas de dolores
pero aún marcan así tus manos para siempre,
pues sonríen a un tiempo con la luna.
Me quedo con el polvo que levanta el camino,
con mis sandalias rotas y el alma vulnerable,
con esa sensación de no ser pájaro,
y estar predestinada a pisar tierra.
Me quedo a ser posible
sin ayudas externas,
avanzando hacia ti que me conoces
y unes mis orillas,
que me abres la puerta sin poner decorados
solo para que baile y me quede en tu gruta.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.

Días de mudanza

foto Juan lameirihas
Amanecer en Irati, Fotografía de Juan Lameirinhas

Días de mudanza estos de finales de agosto. Vaivenes alados en los cielos de mi tierra. Novedades entre mis amigas emplumadas; trasiego de almas volanderas que vuelven y marchan al mismo tiempo. Hace días que mis ojos no se deleitan con el vuelo vertiginoso de los vencejos, ni admiran el planeo elegante del milano negro. Hace días que partieron las golondrinas que habitaron la cuadra; el silencio se arrima al rincón desdibujado donde no hace tanto tiempo piaban sin parar cuatro boquitas incansables. Ya no oigo el trino del pinzón en el árbol junto a la huerta, cascada silbante del bosque. Y pocos son los carboneros, los herrerillos, los mitos o petirrojos que desgranan su canción entre la arboleda. Cambian las cosas con paso de gigante; inadvertidamente el mundo muda despacio la piel, la voz y el ademán. Llegan por millares los papamoscas cerrojillos, algunos aún vestidos de boda, aún con el blanco impoluto adornando retales de su estampa. Los abejeros ya cruzan los pasos pirenaicos, junto con las primeras cigüeñas negras. Todos se encaran con el futuro, todos afrontan el porvenir armados con su instinto, todos movidos por un ansia irremediable por vivir. El rio inagotable abrió sus compuertas en el Norte; innumerables almas aladas cruzan fronteras que no conocen y se dirigen a un futuro indefinido más allá del horizonte. Ellas se van con la promesa de volver, guardando en sus meninges los paisajes que hienden con su vuelo limpio y honesto. Y ellas siempre cumplen sus promesas.

El péndulo regresa al punto de salida, a cada instante, sin demorarse, sin atosigar ni atosigarse. Se afrontan nuevos menesteres, nuevos retos, nuevos riesgos. Nunca se detienen las entrañas del mundo en su circense manera de quedarse quieto. Juglar equilibrista, siempre a una migaja de caer al abismo, siempre en la cuerda floja de la proporción exacta, de la cordura, de la ecuanimidad. La eterna sensatez de jugarse la vida a cada instante, en la perpetua cordura de no acomodarse nunca demasiado en el mismo asiento.

Todo muda, todo escapa, todo regresa, pero nada huye, ni deserta, ni abandona. Todo es contrapeso, todo es equilibrio; estable en la mutación, todo es imparcial en la indestructible y eterna metamorfosis global.

Me cuesta adherirme al cambio. Chirrían los goznes de mi corazón, anquilosados ante tanto cambalache. Siempre me resisto al cambio vertiginoso. Aún no he comprendido que la vida no es otra cosa. Y aunque mis ojos ya lo han visto tantas veces, aun trata mi mirada de escurrirse del tiempo y quedarse aferrada al sol de agosto. Y por eso me gustaría irme con ellas, las aves, siguiendo al sol. Escabullirme, si me dejan las nieblas. Sortear el otoño que tanto me remueve y fugarme a otra primavera sonriente. Pero no te preocupes; son sandeces que sueña el pajarero mientras despide este agosto sin agosto.

Y mientras, el sol se demora un poco más cada mañana.

Juan Goñi.

Foto: Fuegos no-artificiales: Amanecer en Irati – Egunsentia Iratin, por mi amigo Juan Lameirinhas.

Música: Music for the Royal Fireworks – Música para los reales fuegos artificiales, por Georg Friedrich Händel
(¡Volumen, por favor!):
https://youtu.be/I38Kw-oG0kE

“El maestro de todos nosotros … el compositor más grande que jamás haya existido. Me dejaría al descubierto la cabeza y me arrodillaría ante su tumba.”
Ludwig van Beethoven sobre Georg Friedrich Händel.

— con Juan Lameirinhas.

Mírame Navarra al Natural

Hoy cayó toda el agua del cielo

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Hoy cayó toda el agua del cielo
mojando mi ropa,
calando los poemas
que dejo en la libreta.
De pronto la sinfonía
de la lluvia en el tejado
creó un momento de evasión,
una huida que me llevó en un salto
hacia dos enormes arco iris
que rompieron la cellisca.
¡ A tus ojos!!
donde he sentido en la mía
el pellizco sensorial
de tu mirada.
Que sepas que te espero
en la próxima tormenta.

Diego Bardallo Méndez, poeta tarteso

Si yo pudiera…

JuanGoñiBorda

Si yo pudiera contarte el tacto del musgo húmedo, el olor a tierra mojada, a saúco; el olor a vida al rededor. Si yo pudiese llevarte unas pinceladas de estas brumas eternas, o el sonido sordo y desordenado de las goteras que las hayas destilan aquí y allí, el extraño trinar de los cencerros lejanos, los mil reclamos de las aves que me persiguen…

Si yo pudiera contagiarte esa forma que tiene la hojarasca de hundirse bajo mis botas, ese crujir de mil pequeñas ramas que se rompen a mi paso; esparcir por tu memoria el color de las viejas hojas de haya, arremolinadas por doquier, esas hojas que esperaron un otoño y esperarán mil más. Si yo pudiese divulgar por tu mundo la serenidad que me invade al observar el vuelo del buitre, el planeo del milano, las cabriolas aéreas del herrerillo, que, como siempre boca abajo, se alimenta en el haya que me cobija…

Si yo pudiera narrarte al bosque y sus palabras, sus historias grandes y pequeñas, sus canciones sin final, su paciencia infinita, su forma de amarme cuando me tiene dentro… Si yo pudiera expandir esta entelequia incomprensible, este “no acabar nunca” tan del bosque, este deseo incalculable de ser de aquí y de quedarme aquí. Si yo pudiese medir de algún modo la espiral asombrosa de belleza y vida que emana de la arboleda inacabable…

Si yo pudiera infectarte con este virus vital e inocente, de este germen pacífico, de esta obsesión tan mía de meterme dentro todos los bosques que amo…

Si pudiera callarme contigo ante el verde sin final, y mirar profundo esas arboledas que te componen, y meterme allí para siempre. Si me dejaras acariciar tu piel húmeda hasta no distinguirla jamás del musgo, y oler tu cuello, tan de árbol. Si me dejaras respirar tu cabello al viento, divagar por tus curvas tan de madre, tan de tierra, tan de Tierra Madre. Si yo pudiera beber de ti, y saborearte, y con ello sanarme, y convertirme también yo en arroyo, afluente tuyo, y los dos del bosque. Si aún pudiésemos emboscarnos juntos para ser, quizá definitivamente, seducidos por los espacios sin final del bosque, tan acogedor, tan útero. Si pudiese coincidir contigo en este dulce “estar cautivo” entre ramas y boscajes, entre trinos y nubes, entre aguas y tierras…

Si nos dejáramos llevar…

¿Y si nos fuéramos para siempre, escondidos en las alas del tiempo…?

Juan Goñi

Foto: Borda abandonada, montañas de Malerreka, Navarra, Nafarroa.

Música: Mo Chailin Dileas Donn – Capercallie.
https://youtu.be/7vcAw8I2hPE

 

Sé su nombre

vladimir (101)
Obra de Vladimir Volegov

Me sé en aquel poema
que escribí respirándome
en su perfume.
Ahora mis sentidos lo buscan
en el pasillo donde las sombras
tienen forma de rosa.
Hay pétalos en las yemas del viento,
estrellas en los cabellos de la lluvia,
versos que resbalan
en los cristales de las ventanas,
son ligeros,
dulces como el flujo
de mi alma cuando te escribe.
Existe una rosa en el horizonte
que rezuma verdad, sé su nombre.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961

Sobre tu frente

Akopov@leugimfigueroa (11)
obra de Alexander Akopov

Sobre tu frente
los lirios mal heridos.
Si de un racimo terso
como agosto,
al leño duro vas y vienes
¿qué me queda?
Acuno tu vehemencia,
la sosiego,
un pecho y otro doy
a tu embestida. Cristales
me acoracen. ¿Qué me queda?
La luna por almohada
ha de lavarte
la pena calcinada de la nuca.
La hilacha fiera
de la angustia
traza tristes telares,
tiende un ovillo persistente
en tus pupilas.
He de zurcir en tu iris gramos brillantes.
Tanta faena. ¿Qué más yo puedo,
qué dos brazos cruzados,
qué nada que me asista, ni qué nadie? ¿Y así?
Sobre tu frente
estos lirios mal heridos:
pues hierbabuena y mi fe.
¡Bebe el milagro!

Ana Istarú, poeta y actriz costarricense nacida en San José en 1960. Guiada por sus padres, inició muy joven la carrera literaria publicando su primer libro de poemas a los quince años. Junto a Eunice Odio y a Carmen Naranjo, stá considerada como una de las figuras más prominentes del panorama literario de su país, con reconocimientos internacionales como los premios españoles María Teresa de León para autoras dramáticas en 1995 y el premio Hermanos Machado de Teatro en 1999. En 1990 le concedieron la beca de creación artística de la Fundación Guggenheim. De su obra poética se destacan: Palabra nueva en 1975, Poemas para un día cualquiera en 1977,Poemas abiertos y otros amaneceres en 1980, La estación de fiebre y otros amaneceres en 1983, La muerte y otros efímeros agravios en 1988, Verbo madre en 1995 y Poesía escogida en 2002.

Elegía para decirme

Ghostly underwater dance inspired by the 'seawomen' of the South
en la imagen fotografía de Zena Holloway

Yo le recuerdo aquí: donde me duele
el color que le trajo a mi esperanza;
y le recuerdo aquí porque soy triste
y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.

¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha;
si no me pareciera tanto a mis ojeras,
ni a esta tarde de invierno, así doblada!

Pero me acuerdo aquí de que anda lejos
el que vivió a la vuelta de mi espalda.
Me acuerdo de su nombre perezoso
que casi no quería ser palabra.
Me acuerdo de su risa mal abierta
riñéndole por dentro a la mirada,
y de su frente que crecía;
y de su voz inútil como el alba
y de un secreto que quedó inconcluso
aquel domingo en que amó la nada.

¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha!
Pero me duele aquí, donde me canso,
aquel hombre agobiado por crisálidas.
Pero me duele aquí, donde soy sola,
esta verdad metida entre dos alas.
Qué corazón saldría de este insomnio…

Pero soy todo el blanco que se acaba,
y no me porto bien con la alegría
por lo que traigo al sur de mi garganta.

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

De paso por el sueño

alasdemariposa

Te levanto la noche de la vida.
Deshilvano una luz para tus sienes.
Te visito en el agua y no me tienes.
Cuando llego ya soy la despedida.

Se desangra tu voz como una herida
por el largo secreto donde vienes.
Te pareces al viento, y no detienes
este rostro de nube estremecida.

Pero soy lo que sabes: una pobre
que te pide algún pájaro que sobre,
o el oficio de luna candorosa.

No me quieras llevar a tu desvelo,
porque casi no miro para el cielo
me aburro del canto y de la prosa.

II
Me lo aprendí una noche de azul lento,
bajo la luna abierta encaramada
como niña de luz, en la portada
sonámbula oficial del firmamento.

Me lo aprendí esa noche. De su acento
salía una caricia inusitada;
y en la esquina tenaz de su mirada
me tropecé desnuda con el viento.

Desde entonces anuncia cada cosa
que ha tirado a mis pies, como una rosa,
el corazón absurdo en que vivía.

Y no sé si por eso me persiste
este alegre dolor de ser tan triste
con que sigo durando todavía.

III
Mi corazón de vértigo y remanso,
mi corazón difícil como un nudo
se me zafó una tarde en que no pudo
cuidarse este latido que te alcanzo.

Porque llegaste al aire en que me canso,
amaneciendo mi dolor desnudo,
te quiero así: con amarillo mudo,
inútilmente, y hasta e! tiempo manso.

Me trajeron tan lacia y parecida
a una estatua de carne arrepentida,
que apoyada a la izquierda de tu nombre,

desde mi soledad, casi sonora,
cada noche que estudia para aurora
te espero como a Dios… y vienes hombre.

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

…Y fue la luna de enero…

vicent van goh almendro
Almendro en flor de Vicent Van Gogh

…Y fue la luna de enero
que quedó su plenilunio
clavado en tus ramas secas
como una cifra de ceros.

De ceros que florecían
en la yema de tus dedos.

…Y fue la nieve cogida
por las manos del almendro;
plumas de blancas palomas
mensajeras de luceros.

Canas de Dios enredadas
entre ramas y entre viento.

…Y son tus flores la blanca,
la blanca luz de los cielos.
Te respiro candorosamente pura
en el hojal del invierno,
en mis sentidos te siento
primavera primera de almendro.

El campo pone la mesa
y en la mesa un gran florero.

Jesús Delgado Valhondo, poeta extremeño nacido en Mérida en 1909-1993