Me he sentado en el centro del bosque

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

He respirado al lado del mar fuego de luz.

Lento respira el mundo en mi respiración.

En la noche respiro la noche de la noche.

Respira el labio en labio el aire enamorado.

Boca puesta en la boca cerrada de secretos,

respiro con la savia de los troncos talados,

y, como roca voy respirando el silencio

y, como las raíces negras, respiro azul

arriba en los ramajes de verdor rumoroso.

Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce

sombrío de mis venas toda la luz del mundo.

Y yo era un gran sol de luz que respiraba.

Pulmón el firmamento contenido en mi pecho

que inspira la luz y espira la sombra,

que recibe el día y desprende la noche,

que inspira la vida y espira la muerte.

Inspirar, espirar, respirar: la fusión

de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.

Ebriedad de sentirse invadido por algo

sin color ni sustancia, y verse derrotado,

en un mundo visible, por esencia invisible.

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.

Me he sentado en el centro del mundo a respirar.

Dormía sin soñar, mas soñaba profundo

y, al despertar, mis labios musitaban despacio

en la luz del aroma: «Aquel que lo conoce

se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido».

Poema de Antonio Colinas poeta, novelista, ensayista y traductor español. Ha publicado una obra variada que ha recibido, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura en 1982.

Fotografía de María J. Leza © en la selva de Irati

Nubes

fotografía de María J. Leza ©

Islas del cielo, soplo en un soplo suspendido,
¡Con pie ligero, semejante al aire,
Pisar sus playas sin dejar más huella
Que la sombra del viento sobre el agua!
¡Y como el aire entre las hojas
Perderse en el follaje de la bruma
Y como el aire ser labios sin cuerpo,
Cuerpo sin peso, fuerza sin orillas!

Octavio Paz, poeta mexicano 1914-1998

Fe de vida

Fotografía María J. Leza

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas)
sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas.)
Ser sólo la brisa en la copa del pino grande,
el aroma del azahar, la noche de las orquídeas
en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa
y no regresa; quedar
esperando a que el cielo amarillo
arda y se limpie con los relámpagos
que llegarán saltando de una isla a otra isla.
O contemplar la nube blanca
que, no siendo nada, parece ser feliz.
Quedar flotando y transcurriendo de aquí para allá,
sobre las olas que pasan,
como un remo perdido.
O seguir, como los delfines,
la dirección de un tiempo sentenciado.

Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,
que se adormecen entre narcisos y faros.
Dejadme, no con la luz del conocimiento
(que nació y se alzó de este mar),
sino simplemente con la luz de este mar.
O con sus muchas luces:
las de oro encendido y las de frío verdor.
O con la luz de todos los azules.
Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,
que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,
a los días tensos, a las ideas como cuchillos.

Ser como olivo o estanque.
Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.
O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma
para que el corazón –al fin- pueda ver.
Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí.
Dejadme compartiendo el silencio
y la soledad de los porches,
la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme
con el plenilunio de los ruiseñores de junio,
que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes.
Dejadme con la libertad que se pierde
en los labios de una mujer.

…***…
Antonio Colinas, 1946 La Bañeza, León. Poeta, novelista, ensayista y traductor español. Ha publicado una obra variada que ha recibido, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura en 1982.

El mar pliega las alas al atardecer

El mar pliega las alas al atardecer,
tú no eres sino una pálida burbuja
navegando al golpe del aliento,
un negro trino,
el sol que sale en el centro del pecho
en mitad de la calle,
un silencio en la música dura
de la ciudad sin límites.

Para atravesar ese océano,
ese golpe de luz en la siesta,
no bastaría la eternidad.

Blanca Leonor Varela Gonzales, fue una poeta peruana, considerada como una de las voces poéticas más importantes del género en América Latina (1926-2009)

Permanencia

Fotografía de María J. Leza ©

Ahora vivo en el sendero del silencio.
Todos esos árboles que caminaban en fila
se han agachado a observarme.
A todos hablo entonces de las heridas en las
migraciones, de los hielos continentales,
de los poemas inaccesibles, de los triunfos en las
batallas del odio, del dolor en las manos,
de las rosas amarillas, de la más dulce suavidad,
del pálido rojo de su boca, de sus caricias como nubes
blancas, de su cuerpo, esa playa en la que me refugio,
de sus brazos, la extensión de todos los vientos apretando,
del profundo color que evapora mi alma, de sus
besos de agua y pluma.
Después de todo el estupor, los árboles vuelven
a sus jardines y yo cohabito mi silencio
que no es más que otra forma de expresarte,
de permanencia en ti.

Juan Ramón Madariaga (Bilbao 1962), Se licenció en Filología Vasca y realizó los estudios de doctorado en ese mismo campo en la Universidad de Deusto, donde fue profesor durante años. Comparte su pasión por la literatura con la pasión por el monte. Es alpinista, escalador y montañero.

Charco en el muelle

Puerto de San Sebastián

Te miras en un charco del muelle y un velo de arcoíris
esmalta tu semblante, rastros de gasoil que te conducen a
un remoto paraíso.

La luz saca la lengua por última vez antes de que en el agua
se borre tu ectoplasma. Te ves dentro, como una Ofelia
que acepta junto al sauce su accidente.

Discutes con los círculos que la punta del paraguas dicta
en tu reflejo.

La luna trae a remolque barcas sanándose al sol, galipote,
huellas en la arena que la misma arena desmaña, sangre,
redes, olor a algas en el pelo, a salitre en la falda.

Susurras una canción que habla de remos.

Tu fortuna se predijo cuando la pupila de aquel delfín
moribundo se enredó en tu pupila: “Con tu aliento
inflarás las velas. Con purpurina vestirás las anclas”.

Te tapas los oídos por no escuchar la voz letal de un
marinero.
Adoquines salpicados de pintura, maquillaje de fiesta.
Delantales de mahón en los balcones, lentejuelas de
escamas. Bolardos oxidados, inmóviles carrozas.

Llevas en las muñecas dos estrobos, sogas de palabras que
te atan a nada.

¿Por qué no aprendiste a jugar con anzuelos? A ti, que
confiabas en la nobleza de los peces, te roen ese corazón
tuyo empeñado en investigar nuevas fórmulas de botánica.

Quisieras pescar en la hondura del pozo y sacarte a ti
misma.

Pero el hilo se rompe.
Y tu imagen se escapa.

Y el agua vaciada deja que te alejes surcando cenizas, en el
puerto, sola.


Miren Agur Meabe Plaza (Lequeitio, Vizcaya, 7 de octubre de 1962) escritora y traductora en euskera.​ Diplomada en Magisterio por la Escuela de Profesorado de Derio en la especialidad de Ciencias Sociales. Posteriormente se licenció en Filología Vasca. Como escritora su obra se desarrolla sobre todo en torno a la poesía y la literatura infantil y juvenil. A lo largo de su carrera ha sido galardonada con distintos premios. Varias de sus obras han sido traducidas al catalán, al español y al gallego. Desde el año 2006 es miembro colaborador de La Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia

El agua

Fotografía en la selva de Irati, Navarra de María J. Leza ©

Salta, ríe, trina, canta,
presurosa, alegre, inquieta,
y embellece tu pirueta
fugitiva
con tus himnos de poeta.
¡Que suene dulce y discreta
tu tonadilla emotiva!
Agua que canta y que huye,
que fascina mientras fluye
con armónico temblor,
da con sus sonrisas vida
a la pradera escondida
de mi valle, todo en flor…
Salta, ríe, trina, canta,
que tu tonada levanta
dicha, abundancia y amor;
corre alegre, presurosa,
con alas de mariposa,
con cantos de ruiseñor.
Que en mi valle que adormece
tus arpegios
nunca cese
de escucharse tu laúd.
¡Agua de eterna inquietud,
sin remansos y sin calma!
¡Quién así tuviera el alma:
transparente,
cristalina,
cantarina
como tú!

。・♡゚• 。♡゚・。

Elisabeth Mulder Pierluisi, o de casada Elizabeth Mulder de Dauner (Barcelona, 9 de febrero de 1904 – 28 de noviembre de 1987), escritora, poeta, traductora, periodista y crítica literaria española, que por edad puede inscribirse en la Generación del 27 femenina, las Sinsombrero.

Tan arduamente el mar…

mar mio

Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.
Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso…

Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo…

Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.

Idea Vilariño, (Montevideo, 18 de agosto de 1920-Montevideo, 28 de abril de 2009)1​ fue una poeta, ensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45. Dentro de sus facetas menos conocidas se encuentran la de traductora, compositora y docente.

Apoyado en la piedra…

El mar foto mia

Apoyado en la piedra, sobre el puente,
viendo correr el río,
he cerrado los ojos un instante
apenas y he creído

sentir que un aire puro me traía
olor a mar: a un mar que vi de niño
por vez primera, abriéndose a mi alma
su horizonte infinito.

Me pareció sentir que en el recuerdo
despertaba de nuevo aquel sentido
con ese olor a mar todavía
en mi sangre respiro.

José Bergamín Gutiérrez (Madrid, 30 de diciembre de 1895-Fuenterrabía, 28 de agosto de 1983) fue un escritor español que cultivó el drama, el ensayo y la poesía.

Raíces

flor de arbol MIA

De las raíces de mi ser secreto,
en el lugar del tiempo,
vida vivaz florece y yo la siento
libando sangre y linfa
como el obsequio de una primavera.

Y más se aja mi rostro y más mis miembros
se cansan, más me veo igual
a flor y a fronda de una vida nueva.

Arturo Maccanti Rodrigues (Las Palmas de Gran Canaria en 1934-2014). Publicó sus primeros poemas en la revista universitaria Nosotros. Ha sido notable su labor de traducción, especialmente de poetas italianos. En 1985 fue incluido en la antología Chile en el corazón, editada en Barcelona. En 1986 la obra poética publicada por Maccanti hasta entonces fue objeto de un detenido estudio de Miguel Martinón en su libro La poesía canaria del mediosiglo. Recibió el Premio Canarias de Literatura en 2003.