Noviembre me suena a siempre

JUanGoñifoto
Foto de Cesc Jurado
Llueve suavemente tras mi ventana. Llueven recuerdos en mi memoria en este día que amaneció como debe de amanecer un día de noviembre. Las gotas diminutas y leves desfiguran el paisaje lleno de brumas y de bosques de ámbar y oro que se apaga.

Huele a castañas asadas en mis recuerdos, a fuego en el hogar, aromas que me arrastran a casas de pueblo, aromas a alcoba cálida, a tostadas, a mermelada de higos, a uvas pasas y a mañanas oscuras en la cocina de la abuela; huele a abrazos dormilones.

Llueve a través de la atmósfera apagada pero dulce. Grises los cielos que lloran, avellana en las copas de los árboles, verde que oscurece y enfría mi mirada en el suelo empapado. Suena el mundo entero a mar que gotea desde el cielo, tan delicado, tan dócil, tan universal.

Desayunamos mi hijo y yo al calor de la estufa de leña que crepita. Café caliente y tostadas con aceite, cacao humeante y bizcocho recién horneado. El gato ronronea dormitando sobre su cojín a la vera del fuego; la mañana llora lágrimas que se deslizan tras la ventana.

Él me cuenta que ya decidió sus regalos de Reyes y que hizo más amigos en el colegio que recién ha estrenado, y chispean sus ojos vivos al mirarme. Yo me pregunto que recuerdos adornarán sus noviembres venideros, que aromas, que sensaciones evocará cuando desayune junto a su hijo en una lluviosa mañana dominical de otro otoño.

Llueve melancolía cálida en mi corazón, y en mis oídos resuena como una campanilla la cucharilla con la que torpemente revuelve su taza, mientras me cuenta cosas que ya sentí.

Noviembre me suena a Siempre.

Juan Goñi.

Foto: Cesc Jurado – “Paitsage de tardor” en Malerreka, #Navarra, #Nafarroa.

Música: Spencer Brewer, Nancy Rumbel y Eric Tingstad – Shadow Dancer:
https://youtu.be/DC08u8qIgcw

— con Cesc Jurado

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Notas de un viaje por Navarra / Bécquer

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fotografía antigua sacada en el palacio de Olite por María J. Leza

[…] Al dia siguiente, nuestro primer cuidado fué visitar el Castillo
Real. La fundacion de este castillo ó su completa renovacion data
del primer tercio del siglo XV y se debe á D. Cárlos III de Navarra,
llamado el Noble, el cual tuvo de ordinario en él su residencia. Hoy
dia es difícil determinar precisamente la planta de esta obra, de la
que solo quedan en pié muros aislados cubiertos de musgo y hiedra,
torreones sueltos y algunos cimientos de fábrica derruida que en
ciertos puntos permiten adivinar la primitiva construccion, pero que
en otros desaparecen sin dejar huella ostensible entre los escombros
y las altas yerbas que crecen á grande altura en sus cegados fosos y
en sus extensos y abandonados patios. Sin embargo, la vista de aque-
llos jigantes y grandiosos restos impresiona profundamente, y por
poca imaginacion que se tenga, no puede menos de ofrecerse á la
memoria al contemplarlos la imágen de la caballeresca época en que
se levantaron.
Una vez la fantasía elevada á esta altura, fácilmente se recons-
truyen los derruidos torreones, se levantan como por encanto los
muros, cruje el puente levadizo bajo el herrado casco de los corceles
de la régia cabalgata, las almenas se coronan de ballesteros, en los
silenciosos patios se vuelve á oir la alegre algarabía de los licencio-
sos pajes, de los rudos hombres de armas y de la gente menuda del
castillo que se adiestran en volar á los azores, atraillan los perros ó
enfrenan los caballos. Cuando el sol brilla y perfila de oro las alme-
nas, aun parece que se vén tremolar los estandartes y lanzar chis-
pas de fuego los acerados almetes; cuando el crepúsculo baña las
ruinas en un tinte violado y misterioso, aun parece que la brisa de
la tarde murmura una cancion gimiendo entre los ángulos de la torre
de los trovadores y en alguna gótica ventana, en cuyo alfeizar se ha-
lancea al soplo del aire la campanilla azul de una enredadera silves-
tre, se cree ver asomarse una forma blanca y ligera. Acaso es un gi-
ron de la niebla que se desgarra en los dentellados muros del casti-
llo, tal vez un último rayo de luz que se desliza fugitivo sobre los
calcinados sillares; ¿pero quién nos impide soñar que es una mujer
enamorada que aun vuelve á oir el eco de un cantar grato á su oido?

(Fragmento del libro de notas de Bécquer)

Muchos han sido los viajeros, nobles, escritores, historiadores, etc… que desde la Edad Media hasta nuestros días se han sentido atraídos por Olite, en especial por su imponente Palacio, considerado uno de los más grandes y lujosos de Europa.

En el British Museum de Londres, por ejemplo, hay un diario de un viajero alemán que data del siglo XV que reza: “Seguro estoy que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso y de tantas habitaciones doradas”.

También, nuestro gran Gustavo Adolfo Becquer, se sintió atraído por las ruinas de este castillo y le dedicó un pequeño ensayo “Castillo Real de Olite. Notas de un viaje por Navarra”. Es un corto relato que os animo a leer, pues tiene una descripción detallada de la exacta sensación que provoca Olite cuando la visitas y te adentras en sus calles.

Notasdeviaje BecquerOlite

Al borde

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Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Gloria Fuertes, poeta y autora de literatura infantil y juvenil. Madrid 1917-1998

De senectute

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Mujer sentada en la puerta de su casa en Guijo de Galisteo (Cáceres) / Vicente Elizo

Cuando yo era muy niña
las viejas se peinaban como diosas.
Me gustaba acercarme y contemplar
el sencillo ritual de cada día:
las viejas, sentadas a la puerta,
esperaban tranquilas a sus hijas
que llegaban alegres, bulliciosas,
a deshacer el moño del día anterior.

Con la mirada absorta de la infancia,
observaba caer los escasos cabellos
sobre los hombros secos y la espalda abatida.
Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro
con los ojos cerrados
y no podía yo quitar mis ojos
de la piel transparente de sus sienes,
de la azulada red de duras venas,
de los largos mechones apagados.

Así avanzaba otro día,
se tejían las trenzas con esmero,
se trataban asuntos de mujeres,
a veces susurrados,
a veces relatados con viveza,
mientras peinas y horquillas
flotaban en la blanca palangana.

Cuando yo era muy niña
las viejas iban siempre de negro
y vivían
cara al sol en silencio y con los ojos cerrados,
y se peinaban
como si fueran diosas.
Pero aquel elegante recogido que tanto me gustaba
acababa cubierto por un pañuelo negro,
un día más, oculto.
un día más, perfecto.

De “Ningún mensaje nuevo” Editorial Hiperión 2008

Irene Sánchez Carrón poeta nacida en Cáceres 1967

Te espero

GEORGE HOYNINGEN-HUENE TOTO
En la imagen Toto Koopman, fotografía de George Hoyningen-Huene

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
Y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás…
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?

Mario Benedetti,  escritor, poeta y dramaturgo uruguayo. 1920-2009

En la imagen la modelo Catharina “Toto” Koopman fue una modelo indonesa que trabajó en París antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante esa guerra, fue espía de la resistencia italiana, fue capturada y mantenida prisionera en el campo de concentración de Ravensbrück.

George Hoyningen-Huene fue un fotógrafo estadounidense de origen ruso (nacido en San Petersburgo en 1900 y fallecido en Los Ángeles en 1968) que fue uno de los más célebres fotógrafos de moda de los años 20 y 30. Sus obras muestran referencias a los clásicos griegos y a las preferencias de los surrealistas de su época.

Déjame

Errikarte
En la imagen Elsa Nguema, fotografía de Errikarte Agirre Etxeberría ©

Déjame que me deshaga en sinrazones.
Que sean nulas las esperas de llegadas mordientes.
Que no regrese de lo hallado
cubriéndome el semblante en la sombra de mi mano.
Déjame enfilarme en tu llanto.
Que mis versos se salen
sin lágrimas de dolientes partidas.
Déjame.
Si, déjame,
no escapar de la huída.
Haz nido donde el gris sea claro,
y la tormenta dormite en relámpago sin rayo.
Descansa en tu vuelo.
yo seré eco entre membranas,
tañendo el aire.

Poema (Déjame),del poemario
« Palabra duende sin final »

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona en 1961

La tarde

pajaritosenunaFuente

He bebido del chorro cándido de la fuente.
Traigo los labios frescos y la cara mojada.
Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura
de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.

El cielo ostenta una limpidez de diamante.
Estoy ebria de tarde, de viento y primavera.
¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante?
¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?

Elástica de gozo como un gamo he corrido
por todos los ceñudos senderos de la sierra.
Y el galgo cazador que es mi guía, rendido,
se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra.

¡Ah, qué inmensa fatiga me derriba en la grama
y abate en tus rodillas mi cabeza morena,
mientras que de una iglesia campesina y lejana
nos llega un lento y grave llamado de novena!

Juana de Ibarbourou, conocida popularmente como Juana de América, fue una poeta uruguaya. 1892- 1979

Idílio

OleoMiguelRodriguezNuñez
óleo sobre lienzo de Miguel Rodríguez Núñez

Adolezco de fútiles cariños
unos con otros ayuntados.
Bebo no sin ternura mi taza de café. Conservo
retratos azarosos y animales domésticos.
Me absorben los rumores en la calle,
los muros blancos al amanecer,
la lluvia, los jardines públicos.
Mapas antiguos, mapas nuevos, llenan mi casa.
La música más frívola complace mis oídos.
Innumerables, leves,
como la cabellera de los astros,
giran en torno a mi destino minucias y misterios.
Red que la vida me lanza;
piélago seductor entre cuyo paisaje voy sembrándome.

Jaime García Terrés, (1924-1996) Editor, diplomático, ensayista, cronista, traductor y poeta mexicano. Fue director del Fondo de Cultura Económica.

  * Fútil,  adj. De poco aprecio o importancia.

Otoño: Hacer acopio de emociones

Juan GoñiOtoño
Otro otoño que retoña, otro florecer hacia dentro se nos viene encima. El ciclo comienza de nuevo con la inspiración. Inspiración en sus dos principales acepciones.

El otoño es el momento de aspirar, de coger aliento para el futuro que llega. El otoño aspira a tanto que anhela ser primavera y convierte cada una de las infinitas hojas de la arboleda en flores multicolores. Y después, coge aire, se come a sí mismo, y aguarda. En el otoño la natura se reconcome las meninges para ser el adagio del mundo que enmudece. Enmudece primero al observador, que ha de volverse hacia adentro y mirarse de nuevo, y aspirarse. Y cuando uno se mira dentro primero amarillea sus entrañas, y deja caer a sus pies los recuerdos de los días más largos.

El otoño nos convierte en detectives de nuestros sentimientos. Si en primavera cantan los paisajes, en otoño cantan cantautores y recitan poetas. El otoño es la estación del recuerdo, de las nostalgias, de la íntima introspección. Siempre suspendo la lección en la lejana primavera, y por eso toca recuperar y examinarse. En estas fechas el que no mira, el que no observa, el que no huele, acaricia y percibe, ese está perdido. Hay que proveerse del alimento abundante que en estas fechas se nos ofrece, alimento para el cuerpo pero sobre todo para el alma.

Hay que hacer acopio de emociones, de sentimientos, de ternuras, de cordiales atardeceres amarillos, de afectos y delicadezas. Si queremos sobrevivir al futuro tenemos que alimentar lentamente nuestra esencia con el adagio otoñal, tardío y levemente decadente, que nos reintegra sin demasiada delicadeza a lo más profundo de nuestras entrañas.

El otoño es el crisol donde germina todo, y se vuelve al suelo. Es el inicio del ciclo en el que los alrededores de nosotros mismos nos empujan a empezarlo todo de nuevo. Y por eso vamos retirando la savia de nuestro exterior y la retornamos al profundo territorio de nosotros mismos, más allí de las miradas, más allí de lo evidente. Es tiempo de forjar nuestros cimientos. El otoño es tiempo de raíces y de principios, es tiempo de concebir sostenes, razones y orígenes. Porque el otoño, sin duda, es la fuente de donde manan las causas de todos y de todo.

El otoño es una primavera que florece hacia adentro.

Juan Goñi

Foto: En Bertiz en Otoño despierta despacito.

Música: Daniel Barenboim (piano), Héctor Console (contrabajo) y Rodolfo Mederos (bandoneón ) interpretan “Otoño porteño”, una composición del gran Astor Piazzolla.
https://youtu.be/4wcaVCpFUAE

Me quedo con las cosas más opacas…

foto de kriss carlos
fotografía de Maricris Carlos

Me quedo con las cosas más opacas
que tienen menos brillo , son insignificantes
y no engañan a nadie con sus párpados,
aunque debajo de ellos haya ojos que observan.
Me quedo con la lluvia en la mañana
porque huele distinto
y el paisaje que veo se pone en movimiento,
consecuencia del aire respirable.
Me quedo con las gentes que todavía llevan
un hueco transitable dentro del corazón,
aquellas que te llegan cargadas de dolores
pero aún marcan así tus manos para siempre,
pues sonríen a un tiempo con la luna.
Me quedo con el polvo que levanta el camino,
con mis sandalias rotas y el alma vulnerable,
con esa sensación de no ser pájaro,
y estar predestinada a pisar tierra.
Me quedo a ser posible
sin ayudas externas,
avanzando hacia ti que me conoces
y unes mis orillas,
que me abres la puerta sin poner decorados
solo para que baile y me quede en tu gruta.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.