Apoyado en la piedra…

El mar foto mia

Apoyado en la piedra, sobre el puente,
viendo correr el río,
he cerrado los ojos un instante
apenas y he creído

sentir que un aire puro me traía
olor a mar: a un mar que vi de niño
por vez primera, abriéndose a mi alma
su horizonte infinito.

Me pareció sentir que en el recuerdo
despertaba de nuevo aquel sentido
con ese olor a mar todavía
en mi sangre respiro.

José Bergamín Gutiérrez (Madrid, 30 de diciembre de 1895-Fuenterrabía, 28 de agosto de 1983) fue un escritor español que cultivó el drama, el ensayo y la poesía.

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El libro de las visitas

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Playa del silencio, Asturias

Yo buscaba escapar de una emboscada
de oficinas y risas de cemento,
cuando de ti me hablaron, Novellana,
con tu pequeña Playa del Silencio.
Por ti abandoné mi propia casa,
para ir a donde estabas en secreto
y preguntando quedeme sin palabras
y medida no puse a mis desvelos.
Las piedras levanté todas del alma,
para poder marchar algo ligero,
con sigilo, que nadie me notara,
ni se oyera cómo iba de contento.
Mi sigilo explotó como una salva
disparada al centro del sosiego,
pues cuanto más mi cuita yo cuidaba,
tornábase el estrépito más ciego.
¿En dónde te ocultas serena cala,
en qué orillas de susurros y anhelos,
ondula tu paz como una barca
libre ya del timón y de los remos?
¡Quién tuviera una mar que socavara
las costas de la risa de cemento
y unos ojos con luz de Novellana
para ver, la Playa del Silencio!
(La visita de la playa del silencio)

Manuel Asur, poeta asturiano nacido en 1947, escribe en asturiano y castellano. Considerado como el iniciador, en poesía, del Surdimientu (renacimiento de la poética moderna en asturiano), es uno de los más importantes en la actualidad en esta lengua. Es doctor en filosofía.

El retorno

DonostiFOTOMIA
San Sebastián, Guipúzcoa
Ya vuelvo, Euskadi mía,
ya vuelvo, amor a tí.
Montañas y distancias,
no sé si soy feliz
porque este sentimiento
que hay soterrado en mí
es tan tierno y tan viejo
que parece un sufrir.

Mas ya me habla a lo lejos
lo que no sé decir,
y golpea en mi pecho
el niño que yo fuí:
mil cosas olvidadas
que ahora me dicen <<sí>>
tan sólo con mostrarse
allí, y allí…,¡y aquí!

Aquí, sí, sobre todo,
pequeños y sin fín,
los detalles concretos
de un mundo sin desliz.
Paisaje de juguete,
verde y fácil, feliz,
donde los caseríos
detallan su perfil.

Te redescubro, Euskadi.
¡Ay, cuánto recorrí
mundos insospechados
para volver a tí!
Salir, siempre salimos
los vascos a vivir,
pero siempre volvemos
a la paz de tu <<así>>.

Euskadi, entraña mía,
madre en que yo nací,
y acoges al que vuelve,
cansado de vivir,
y ahí estás tan segura,
sin razón, porque sí,
tan cálida y tan honda
que al fín puedo dormir.

Mi Euskadi pequeñita,
mi pueblo, mi sentir
que ya no es necesario
ni explicar, ni decir.
Mi pasado es el tuyo.
Soy muy viejo: viví.
Euskadi, vengo herido,
ayúdame a morir.

Gabriel Celaya (Hernani, Gipuzkoa 1911-1991)

 

Desmesura

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En la imagen la bailarina y coreógrafa Luz Arcas

Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde su escarcha.
Y no supo qué hacer con tanta desmesura:
cerró los labios y escuchó al silencio.

Francisca Aguirre Benito (Alicante, 27 de octubre de 1930 – Madrid, 13 de abril de 2019), escritora española, nombrada Hija Predilecta de Alicante en 2012 y Premio Nacional de las Letras en 2018.

Lamento

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Para Amparo Gastón a la memoria de Gabriel Celaya

“El mar se llama Nunca y el pájaro que gira sobre él
obsesionado, le llama Muerte.
O le llama Esperanza si, con las alas abiertas,
se para en la playa donde la muchacha duerme.”

G. Celaya

Ahora que estamos todos en silencio
expectantes de floridos versos
gesta dos entre destellos de luna,
erigidos sobre ruinas de cielo,
surgiendo ante el pálido gemido
de ahogados gritos entre las rocas…

Ahora que os ceñís la lírica cítara
errante por las nubes
vais a escuchar tan sólo un triste canto,
clamor dejusticia por esas voces
que ya no pueden cabalgar al viento…

¿Por qué fingís terror
ante aquellos horrores de Hiroshima,
vosotros, asesinos de ilusiones,
verdugos de quimeras mutiladas
al iniciar su suelo,
tiranos que encubrís mediocridades
bajo una fria máscara de barroca
omnipotencia?

Ya la rosa ha irrumpido en suave llanto,
ferulizando su cálida sangre
áridos campos de la sinrazón…

Dormid tranquilos…
la sabiduría que brota del alma
no tiene acceso al férreo trono
del poder
que intenta gobernar los corazones;
cortaron su andadura
esos falsos profetas del progreso,
delincuentes de frac gris sin navaja,
transformistas de la paz
y la palabra…

Loa en nombre de los raros náufragos,
de los que aran en el vasto desierto,
el sueño de la práctica utopía
que sustenta la única esperanza…

Bendita sea la divina locura
-bella espina de los dioses-
en una tierra absurda de cordura…
fiel a ese multicolor universo
que anida en las entrañas
y que, a pesar de huracanes y nieve,
de cadenas y espadas de fuego,
nada ni nadie logrará robar.

Carmen Bereciartúa.
* Publicado en la revista Zurgai, número especial de diciembre de 1992.

Carmen Bereciartúa, poeta, profesora y actriz vizcaína nacida en Bilbao. Estudió historia y música en su ciudad natal, ampliando estudios en Italia.

Autora de Viajero del aire (1988), Sombra (1989), Arquitectura azul prefabricada (1990), Bocetos de una acrópolis sitiada (1991), Realidad oblicua (1998) y Líneas de fuerza y fuga (2001), entre otros poemarios.

Compagina la enseñanza con el teatro y la realización de recitales poéticos. Ha colaborado como actriz en producciones del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (Ministerio de Cultura), de Radio Clásica (Radio Nacional de España), del Festival Internacional de Alicante. En 1998, tras una larga trayectoria como recitadora, funda “Orphenica Lyra”, agrupación con la que realiza numerosos recitales poético-musicales en diferentes escenarios vascos. Es colaboradora de “Zurgai”, entre otras publicaciones.

Raíces

flor de arbol MIA

De las raíces de mi ser secreto,
en el lugar del tiempo,
vida vivaz florece y yo la siento
libando sangre y linfa
como el obsequio de una primavera.

Y más se aja mi rostro y más mis miembros
se cansan, más me veo igual
a flor y a fronda de una vida nueva.

Arturo Maccanti Rodrigues (Las Palmas de Gran Canaria en 1934-2014). Publicó sus primeros poemas en la revista universitaria Nosotros. Ha sido notable su labor de traducción, especialmente de poetas italianos. En 1985 fue incluido en la antología Chile en el corazón, editada en Barcelona. En 1986 la obra poética publicada por Maccanti hasta entonces fue objeto de un detenido estudio de Miguel Martinón en su libro La poesía canaria del mediosiglo. Recibió el Premio Canarias de Literatura en 2003.

 

 

Nuevas nupcias de Ceres

cardo azul
Cardo azul, fotografía de María J. Leza

 

Regresas en primavera sobre tus huellas antiguas
entre guijarros y arenas, donde a veces florece el cardo azul.
En tu imparable búsqueda a través de ríos y bosques,
una mañana vislumbras entre la niebla
retazos de ese misterioso laberinto, la vida.
Cuando crees poder gobernar alguno de sus reinos oscuros,
a medida que se aclara la visión,
es más nítido el rol de súbdito
bajo la tiranía de la resta:
rostros, años, sueños, piel…
Mas con esta luz nueva se embellecen los árboles y el mar;
incluso la tormenta: su rayo incendia las olas de la noche.
Resulta más leve anegarse bajo su manto
en un abrazo de amor.
Reina ahora de una tierra sumergida.

Carmen Bereciartúa, poeta, profesora y actriz vizcaína nacida en Bilbao. Estudió historia y música en su ciudad natal, ampliando estudios en Italia.

Autora de Viajero del aire (1988), Sombra (1989), Arquitectura azul prefabricada (1990), Bocetos de una acrópolis sitiada (1991), Realidad oblicua (1998) y Líneas de fuerza y fuga (2001), entre otros poemarios.

Compagina la enseñanza con el teatro y la realización de recitales poéticos. Ha colaborado como actriz en producciones del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (Ministerio de Cultura), de Radio Clásica (Radio Nacional de España), del Festival Internacional de Alicante. En 1998, tras una larga trayectoria como recitadora, funda “Orphenica Lyra”, agrupación con la que realiza numerosos recitales poético-musicales en diferentes escenarios vascos. Es colaboradora de “Zurgai”, entre otras publicaciones.

Electra en la vereda de las azaleas

aurelia, otto plath y sylvia
Aurelia y Otto Plath con Sylvia

El día que moriste me tragó la tierra,
me abismé en el oscuro agujero donde las abejas,
con sus rayas negras y doradas, hibernan a salvo de la ventisca,
como piedras hieráticas, y el terreno es tan duro.
Aquel sueño invernal me valió la vida durante veinte años:
hice como que nunca hubieses existido, como si hubiese
nacido del vientre de mi madre preñada de Dios,
y su cama ancha luciese la mancha de la divinidad.
No me sentí culpable ni nada semejante cuando volví
a rastras a cobijarme bajo su corazón.

Pequeña como una muñeca, con mi vestido de inocencia,
me tendí a soñar tu poema épico, imagen tras imagen.
Nadie moría ni se ajaba en ese escenario.
Todo acontecía en una blancura perenne.
El día que desperté, abrí los ojos en Churchyard Hill.
Encontré tu nombre, tus huesos, todo
registrado en una necrópolis minúscula, atestada,
tu lápida mohosa e inclinada junto a una verja de hierro.

En esta casa de caridad, este asilo para pobres, donde los muertos
se amontonan pie contra pie, cabeza contra cabeza, ni una flor
hiende el suelo. La Vereda de las Azaleas: así se llama.
Un campo de bardanas se abre al sur.
Dos metros de grava amarilla te cubren.
La salvia artificial que pusieron en la lápida
contigua, metida en un cesto de plástico, adornado
con ramas, ni se agita padre
aunque las lluvias la disuelvan en un tinte rubro:
sus pétalos falsos gotean, y sus gotas son de un rojo sangre.

Pero hay otra clase de rojo que me molesta:
el día en que tu vela distendida se bebió el aliento de mi hermana,
el mar liso se tiñó de púrpura, como el aciago mantel
que desplegó mi madre la última vez que volviste a casa.
Estos pilares en los que apoyarme los saqué de una tragedia antigua.
La verdad es que una vez, a finales de octubre, el día de mi primer llanto.Un escorpión se aguijoneó la cabeza sin querer,
y mi madre vio tu rostro en sueños, bajo el agua.
Los actores pétreos hacen una pausa para serenarme y recobrar el aliento.
Saqué fuerzas de mi amor para soportar aquello, y entonces moriste.
Fue la gangrena- me contó mi madre- quien te consumió
hasta los huesos; moriste como cualquier otro hombre.
¿Cómo envejeceré yo en este estado mental?
Soy el espectro de una infame suicida,
la navaja de afeitar se oxida en mi garganta.
Ah, padre, perdona a quien llama a tu verja buscando
perdón: tu perra de caza, tu hija, tu amiga.
Fue mi amor lo que nos mató a ambos.

De Poesía completa, edición de Ted Hughes, traducción de Xoán Abeleira

Sylvia Plath (Boston; 27 de octubre de 1932 – Londres; 11 de febrero de 1963) fue una escritora estadounidense especialmente conocida como poeta. También fue autora de obras en prosa, la novela semiautobiográfica La campana de cristal (bajo el seudónimo de «Victoria Lucas»), relatos y ensayos.

Junto con Anne Sexton, Plath es reconocida como una de las principales cultivadoras del género de la poesía confesional, iniciado por Robert Lowell y W. D. Snodgrass.

Estuvo casada con el escritor Ted Hughes, quien tras su muerte se encargó de la edición de su poesía completa.

Nota: Si algo marcó emocionalmente a Sylvia Plath desde su juventud fue el fallecimiento en 1940 de su padre, Otto Emil Plath, cuando ella sólo tenía ocho años. La salud de Otto Plath comenzó a resentirse en 1935, poco después del nacimiento de su hijo Warren. Estaba convencido de sufrir cáncer de pulmón y se negó a recibir tratamiento alguno. En 1940 una infección en un pie reveló que lo que tenía en realidad era una diabetes en estado avanzado. Le amputaron la pierna pero poco tiempo después fallecería.

Su muerte fue un suceso traumático para Sylvia. Una fuente de conflictos que marcarían su vida desde ese momento y que quedaron reflejados en distintos poemas. ‘Electra en la vereda de las Azaleas’ es uno de ellos. Describe una visita al cementerio de su padre («En esta casa de caridad, este asilo para pobres, donde los muertos se amontonan pie contra pie, cabeza contra cabeza») utilizando como marco de referencia la tragedia griega. Ella se siente abandonada («Saqué fuerzas de mi amor para soportar aquello, y entonces moriste.») y, sobre todo, culpable («Fue mi amor el que nos mató a ambos »).

 

Buho

buho

Las campanas dieron las doce. La Calle Mayor
No mostraba más que su suburbio arbóreo: nimbada
Pero vacía, sujetaba sus escaparates
De pasteles de boda,

Anillos de diamantes, macetas de rosas, pieles de zorro
Rojizas cubriendo los maniquíes de cera
Es un vidriado cuadro de opulencia.
Desde los más profundos sótanos,

¿Qué fue lo que movió entonces a la pálida
Rapaz a ulular por encima
De las farolas y los cables, extendiendo las alas
De una pared a otra, controlando

Las corrientes transportadoras, con su vientre
Tupido de plumas, pavorosamente suave,
Al acecho? Los dientes de las ratas destripan la ciudad
Temblando ante el cuchillo del búho.

26 de junio de 1958

De Poesía completa, edición de Ted Hughes, traducción de Xoán Abeleira
Sylvia Plath (Boston; 27 de octubre de 1932 – Londres; 11 de febrero de 1963) fue una escritora estadounidense especialmente conocida como poeta. También fue autora de obras en prosa, la novela semiautobiográfica La campana de cristal (bajo el seudónimo de «Victoria Lucas»), relatos y ensayos.

Junto con Anne Sexton, Plath es reconocida como una de las principales cultivadoras del género de la poesía confesional, iniciado por Robert Lowell y W. D. Snodgrass.

Estuvo casada con el escritor Ted Hughes, quien tras su muerte se encargó de la edición de su poesía completa.

Patíbulo para un pueblo

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Iglesia de Santa Eulalia en Susín, pueblo abandonado de Huesca

A un pueblo abandonado camino del pirineo

Te habitan los fantasmas del invierno
colgando en recias sogas las leyendas.
No quedan hornacinas ni espejo en las alcobas,
pueblo muerto,
no queda ni tu nombre,
huyó de ti tu gente y sus verbos transitivos
sin saber lo que eran.
pueblo de sol a sol,
de esparto y de velas,
entronizado en lágrimas,
celliscas y tasajos.
Hace tiempo hubo fiestas
ardiendo por tus células,
el patrono se ungía
de fustán y milagros,
volaban las campanas
con el viejo mensaje
y tus muertos cambiaban de postura
en la tierra.
¿y me quieres decir, pueblo mínimo, osario,
qué hago yo con tu muerte
si odio los columbarios, los límites, las cercas?
¿Y me quieres decir que hago yo con tu santo
si esquiva mis preguntas con sus ojos románicos
y mira a las vidrieras?
¿Y me quieres decir, nigromántico pueblo,
dónde estoy, qué me pasa,
por qué sigo mirándote
y no quiero creer que no estás, que te has muerto?

Blanca Sarasua Muñoz (Bilbao, 2 de noviembre de 1939), es una escritora y poeta española. Comenzó a escribir a los cuarenta años, mientras acompañaba a su marido, el pintor Ignacio Ipiña.​ Publicó su primer libro, Cuando las horas son fuego, con 44 años, y lo presentó de la mano de Ramiro Pinilla, uno de sus maestros, junto con Bernardo Arrizabalaga.​

Amante de la música, su libro Música de Aldaba coge el título de una anécdota sobre Beethoven y cómo surgió la Quinta sinfonía.​ Ha colaborado en revistas literarias como Zurgai,​ Albor (editada por la Academia Castellano y Leonesa de la Poesía), Amilamia, Alborada, y periódicos como El Correo o el Diario de Ávila, entre otros.