Escucha…

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Escucha.
Escucha.
Solo mantén la calma.
Está en el silencio.
No sabe a nada.
No dice nada.
Pero brota del vientre
de una rama que devora
la savia en las venas.
Escucha, amor.
Va oscureciendo
la lengua con su empuje.
Cómo se agarra a la tráquea
con su perfume.
Cómo te besa sin sexo
en el.pronombre.
Cómo desnuda tus ojos
En el viento.
Escucha.
El sonido es una
palabra nacida en el perfume
de un verbo dormido.
La.palabra es el.tesoro
que implora su libertad
bajo tu fragua.

Para María J. Leza

Isabel Rezmo, poeta nacida en Úbeda en 1975

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Sin normas

Robert radomski
Fotografía de Robert Radomski

Sin norma ni medida golondrinas
Son los versos caprichosos volanderos
Y sabiendo que otros versos son más veros
Se acomodan y destilan sus endrinas

Todo vale si es que surgen repentinas
Las pasiones que emanaron de te quieros
Todo sirve aunque saben que certeros
Otros son los que engalanan las esquinas

Sean todos , todos sean bienvenidos
Si su rima es caprichosa o asonante
Por surgir de los amores recibidos

Mas si puedo decantarme en este instante
Yo me inclino ante la norma y sus medidos
Voy dejando en un soneto consonante

Francisco Jesús Frías Luján (Defrijan), poeta nacido en 1958 en Enguídanos, Cuenca

Coreografía

francesca woodman
foto de la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman

En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.

Mía Gallegos, Costa Rica 1953. Es una de las poetas vivas más importantes de su país. Su poesía mítica y onírica es un ejemplo de la resistencia femenina ante un mundo hostil.
A los veintitrés años ganó el Premio Joven creación 1976 por su libro «Golpe de Albas», luego el premio Alfonsina Storni en 1977 y el Premio Nacional Aquileo Echeverría en 1985. Poemas suyos han sido traducidos al inglés e incluidos en importantes antologías de poesía latinoamericana.
Ha trabajado en periodismo durante varios años y ha sido encargada de relaciones públicas del Teatro Nacional de San José de Costa Rica.
Además es autora «Los reductos del sol» en 1985, «El claustro elegido» en 1989 y «Los sueños y los días» en 1995.

Carilda

CarildadOliverLabra
en la imagen la poeta Carilda Oliver Labra

Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.
Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.
Guardo una cinta inútil y un abanico roto.
Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.
Soy casi una burguesa con un poco de suerte:
mirando para arriba el sol se me convierte
en una luz redonda y celestial que canta…

Uso la frente recta, color de leche pura,
y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;
y tengo un novio triste, lejano como el mar.

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,
y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;
y sin embargo, a veces… ¡qué ganas de llorar!

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

Hablemos de otra cosa

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en la imagen la poeta

Abro mis ojos a la pureza ya hay bastante de mí para mirar la noche, toda la noche, todas las noches.
Y saber que me abandono al amor, papeles desordenados, el tiempo sumido en el caos…

No me hagáis preguntas, hablemos de otra cosa, de mi corazón cansado que ya no sabe amar, ni odiar, ni elevarse… ni tan siquiera volar. Hablemos de las miserias íntimas que alcanzan la cima del sufrimiento.

Sentada a la sombra del agua la melancolía me arrastra y sin dar importancia a la vida, se me acaba el mundo ignorando lo que es el amor y entre el mosaico de tus mareas, desnuda de luz, desciendo por mis huesos.

Nunca soñé con la huida aunque rocé todos los suspiros, bordeé todos los vientos, me perdí en la geografía de un recuerdo y de una negra rosa.

Hasta que mi cuerpo se transforme en ceniza, mi alma te será fiel. Hoy, sólo hoy, seré un pez de color ocre rojizo.

© Rafi Guerra, poeta cordobesa 1965

LLueve

foto Jose Villamill
fotografía de José Villamill

Llueve, tu voz late en mi silencio,
cristal de primavera,
casi roto, casi lágrima,
casi viento.

Llueve, el grito espera un día más,
la brizna de aliento
que yace en mi almohada.

Llueve, sonríe mi alma.

“No me digas
que los almendros ya florecen”

Llueve.
Llueve.
Llueve.

Dime, si querernos es destino
sin tiempo.

Llueve.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona , 1961

Se acabaron los limones…

adiosmujer

Se acabaron los limones
no voy a rezar fantasmas
ya no hay osos
en las noches que te nombran
ni peso muerto en el hombre que jamás serás
el hombre con las flores
la media luna a las dos de la tarde
el anillo en la Gran Vía
el beso porque sí
porque el deseo del deseo
te supera
y porque puedes
no, tú no conoces nada real que se parezca a mi dulzura
no tienes un banjo
ni los ojos azules
no leíste jamás mi primer libro
leerme no quisiste
adentro en lo real
no me escuchabas
y no, no llames más
no vuelvas con tus manos
inútiles manosque no saben separar el cabello de mi rostro
llévate las sobras de quienes te abandonaron
no quiero más palabras

antes en mí
había un lugar para la ternura
un animal
que yacía tranquilo.

Gabriela Rosas, poeta y narradora nacida en Caracas, Venezuela en 1976

La primavera besaba…

almendro en flor antonio martinez tomas
fotografía de Antonio Martínez Tomás

La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.

Hoy en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!

Antonio Machado, poeta español nacido en Sevilla en 1875 y fallecido en Collioure, Francia, en 1939. Doctor en Filosofía y letras, fue catedrático de francés en los Institutos de Soria, Segovia, Baeza y Madrid.
Es considerado como uno de los grandes poetas de la lengua castellana.

Tantas flores a la madrugada tanto vino blanco con los amigos…

vinoBlancobebemujer

Tantas flores a la madrugada tanto vino blanco con los amigos
íntima perdida última
tanta vida para la literatura
tanta hermosa fantasía desplegada
corazoncitos en los vidrios empañados en vez de amor
tanto lúcido ascendente iluminista buen alumno
aquellos mis amiguitos con su pacífico partido de izquierda
tanta prueba de amor colgada de un clavito
tanta vida tirada a los perros y a los cobardes
el recuerdo de algunos que en lo mejor de mi vida
en fin cambiemos de tema
después de besar a los íntimos todos los días
como si fuera la despedida del alma
puedo asegurarles que no les crearé ningún problema
soy muy inofensiva
no me pasearé por el mundo con plumas doradas
ni gritaré a destiempo
sólo que tal va consiga un bote al exilio
o todo termine en un claustro con una labor de petit point

Juana Bignozzi, poeta, traductora, y periodista argentina. Residió desde 1974 al 2014 en España.​
Fue galardonada con el Premio Municipal de Poesía 2000, Premio Konex y Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional Argentina en 2013.

Bignozzi retornó a la Argentina en 2004,​ donde falleció a los 78 años.

Sobre la poesía, Bignozzi opinó: «Quiero que lo que diga se entienda, pero no necesariamente que sea fácil de entender […] Se es poeta para trabajar con la lengua de otra manera. En la poesía tiene que haber algún misterio, algo que el poeta ve y que el público no. Tenemos la obligación de revelar los misterios pero de una manera distinta de la que tiene el periodismo»