El arpa en la cueva

setas en irati
fotografía de María J. Leza ©

Ardía el bosque silenciosamente.
Las nubes del otoño proseguían
su cacería al fondo de los cielos.
posesión. Ya no oís la voz del cuco.
¿Qué ojo de dragón, qué fuego esférico,
qué tela roja, tafetán de brujas,
vela mis ojos? Llovió, y en la hierba
queda una huella. Mas he aquí que arde
nítido y muy lejano el bosque en torno,
un edificio, una pavesa sola,
una lanza hasta el último horizonte,
cual tirada a cordel. Nubes. El viento
no murmura palabras al oído
ni repite otra historia que ésta: ved
el castillo y los muros de la noche,
el zaguán, el reloj, péndulo insomne,
los cayados, las hachas, las segures;
ofertas a la sombra, todo cuanto
abandonan los muertos, el tapiz
dormido de hojas secas que pisamos
entrando a guarecemos. Pues llovía
-se quejaban las hojas- y el cristal
empañado mostró luego el incendio
como impostura. ¿Llegarán las lenguas
y la ira del fuego, quemarán
desde la base el muerto maderamen,
abrirán campo raso donde hubo
cerco de aire y silencio? No es inútil
hablar ahora del piano, los visillos,
las jarras de melaza, el bodegón,
los soldados de plomo entre serrín,
las llaves de la cómoda, tan grandes,
como en el tiempo antiguo. No es inútil.
Pero qué cielo éste del otoño.
La abubilla que habla a los espíritus,
la urraca, el búho, la corneja augur,
el gavilán, huyeron” Ni una sombra
se interpone entre el lento crepitar
y el cielo en agonía. Abrid un templo
para este misterio. Sangre cálida
dejó tu pecho suave entre mis manos,
amada mía: un goterón de púrpura
muy tembloroso y dulce. Como yesca
llameó la paloma sin quejarse.
La muerte va vestida de dorado,
dos serpientes por ojos. Qué silencio.
Tarda el fuego en llegar al pabellón
y hay que ir retirándose. Ni un beso
de despedida. Quedó sólo un guante
o un antifaz vacío. Cruces, cruces
para ahuyentar los lobos!
Un guerrero
trae la armadura agujereada a tiros.
En sus cuencas vacías hay abejas.
Lagartos en sus ingles. Las hormigas,
ah, las hormigas besan por su boca.
Espadas de la luz, rayos de luna
sobre mi frente pálida! Un instante
velando sorprendí a vuestro reflejo
la danza de Silvano. Ágiles pies,
muslos de plata piafante. El agua
lavó esta huella de metal fundido.
Y un resplandor se acerca. Así ha callado
el naranjo en la huerta, y el murmullo
de su brisa no envía el hondo mar.
Vivir es fácil. Qué invasión, de pronto,
qué caballos y aves. Tras las nubes
otras nubes acechan. Descargad
este fardo de lluvia. ¡Un solo golpe,
como talando un árbol de raíz!
Se agradece la lluvia desde el porche
cuando anochece y ya los fuegos fatuos
gimen y corretean tras las tapias,
como buscándonos. Recuerdo que encendías
un cigarrillo antes de irte. Luego
el rumor de tus pasos en la grava,
sobre las hojas secas. Nieve, nieve,
quema mi rostro, si es que has de venir!
Se agradece la lluvia en esta noche
del otoño tardío. Canta el cuco
entre las ramas verdes. Un incendio,
un resplandor el bosque nos reserva
a los que aún dormimos bajo alero
y tejas, guarecidos de la vida
por uralita o barro, como si
no estuvieran entrando ya los duendes
con un chirrido frágil
por esta chimenea enmohecida.

Pere Gimferrer Torrens, Barcelona 1945,​ es un poeta, prosista, crítico literario y traductor español. Su obra literaria está compuesta tanto de obras en castellano como en catalán. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1985. Premio Nacional de las Letras Españolas en 1998.

Poema dentro de un sobre blanco

rio

Ay, de todos los ríos que he visto y he cantado,
de los que son un llanto, de los que se perdieron
y por mucho que buscan no encuentran su destino,
y de los orquestales, y de los escondidos
a los que baja a veces a bañarse la luna,
uno solo quisiera, uno pequeño y recto,
uno con nombre fácil de tres o cuatro letras,
y quisiera arrancarle a la tierra ese río,
borrarlo de los mapas y subirlo a tu casa
para que te cruzara la palma de la mano.

Aunque se malograran las cosechas,
aunque todos los astros se apagaran un poco,
aunque la primavera no llegase a las ramas,
yo no devolvería a la tierra ese río
y pasaría todo el resto de mi vida
mirándote, mirándote, mirándote…

De “Del amor, del olvido”

Miguel D’Ors (Santiago de Compostela, 1946) profesor y poeta español. Hijo del jurista Álvaro d’Ors y nieto del escritor Eugenio d’Ors. Su poesía es elogiada por la conjunción de un perfecto dominio técnico de las formas poéticas con la renovación de una temática (biográfica, religiosa, política, elegíaca) en principio calificada de ‘tradicional’. Su obra ha influido en numerosos poetas jóvenes. Se le ha incluido en diversas antologías. Ha sido traducido al inglés, francés, portugués, alemán, ruso, armenio, polaco, italiano, eslovaco y checo.

Obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de Navarra, donde trabajó como profesor entre 1969 y 1979. Desde 1979 fue profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada, donde se jubiló en 2009.

Ha publicado trabajos de investigación en Literatura Española, especialmente sobre Manuel Machado y poesía española actual. Es autor de tres volúmenes misceláneos: Virutas de taller, Más virutas de taller y Todavía más virutas de taller, con reflexiones ensayísiticas.

Montserrat Gudiol

Foto-Montserrat-Gudiol-
Montserrat Gudiol

En sus manos las manchas de este mundo
se convierten en almas deslumbradas.
La forma de una rosa adolescente
abre continuamente sus figuras.

El miedo de ser música la lleva
del color a las luces de la sombra.
Sus ojos asombrados reconocen
los reinos indecibles que parecen.

Que parecen ser rostros y son sólo
las voces de una noche que se oculta
Bajo el jardín doliente de las bocas,
las frentes, los cabellos, las ausencias.

Grises incertidumbres comunican
a su rojo extasiado la tristeza
de la hierba arrasada, de la ciega
doncella que se va cuando los ángeles.

Juan Eduardo Cirlot Laporta (Barcelona, 9 de abril de 1916 – íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.
Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos, que sigue reeditándose con éxito.

Flor de almendro

flor de almendro

Y soy también los barcos y el cielo que los cubre
(J. Saramago)

En la primera hora del solsticio,
una arteria de luz roja y mojada
desborda la mañana
sobre el desmayo blanco del último lucero
del frío anterior al día y anterior a la noche
residual de las vísperas.

Se agitan en el monte sus últimas banderas
moradas, las arrastra
un viento ciego y negro.

Como la muerte mínima, como la muerte anónima
que anuncia una campana
con su pena pequeña en la clausura
del huerto monacal en la ciudad antigua
donde tañe la luz con la frialdad del bronce
y el peso del estaño
en sus últimas fugas.

Porque hoy levanta el aire
la sábana callada del silencio
que corta la mañana con cuchillas de escarcha.

El tiempo y el rumor
de las campanas húmedas
flotan sobre la niebla,
bajo el frío que han dejado
las estrellas que han muerto y brillan todavía
en su noche de muérdago, líquida y transparente.

Su silencio es igual que el silencio que tienen
los almendros en flor que el viento blanco arrasa,
la sombra del helecho o la raíz amarga de la ortiga
en el letargo fósil del pez de la memoria.

En la niebla amarilla con lámparas de aceite,
en su antigua penumbra indiferente,
no tiembla ya el paisaje con largo escalofrío,
es tu voz la que calla.

No miras ya el paisaje: eres tú ese paisaje.

 

de La flor de las cenizas. Premio Ciudad de Irún. Fundación Kutxa. San Sebastián, 2007.

Santos Domínguez Ramos, (Cáceres 1955) es un poeta, catedrático de literatura y crítico literario español. A lo largo de su trayectoria ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales. Sus poemas han aparecido en revistas literarias de prestigio, como Turia, Estación Poesía, Cuaderno Ático, Cuadernos del Matemático, Alga, Inuits o Aquarellen Literatura y han sido traducidos a las principales lenguas de cultura. Asimismo, invitado por el Instituto Cervantes, ha realizado lecturas de su obra en las sedes de Budapest y París y en centros educativos de Hungría y Saint Germain des-Près. Creó en 1996 la red de talleres literarios de Extremadura, y fue uno de los fundadores del Aula José María Valverde, que dirigió entre el año 2000 y el 2006

Ahora que la noche

Rosa forner
imagen Rosa Forner

Ahora que la noche te pronuncia
se me acabó el silencio.
No se mucho de ti
pero puedes conmigo,
con todos los rescoldos de mi mente,
la oquedad en resistencia, el futuro impreciso.
Has decidido hacer correr las nubes
y en su lugar me has puesto un gran claro azul
delante de los ojos.
Precedes al amor,
eso es infrecuente,
prefieres encontrarte en lo difícil
y compensarte
grabando cercos nuevos
con el agua que tienes en las manos.
Ahora que la noche te pronuncia
y el silencio se acaba
con un concierto de horas de desvelo,
de oídos atentos a la puerta
y temores innatos ,
no me queda ya otra que averiguar que esto
que has traído contigo,
encima de la vida ,copando lo perenne,
que casi no me duelen estas llagas de ayer.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.

El tierno

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Él tiene sus modales

Para decir amor
no dice nada

Lleva las comisuras de mis labios
fuera de su cuerpo
Tiene palabras que me hacen falta
Hace del amanecer un deseo

Me sonroja y se marcha
con una sed que no le pertenece

Lleva algo de mi aire en sus pulmones

Trae animales en su boca
que comen cuando lo beso

Yo lo ando sin culpa
lo hago tierno en mis oficios.

Gabriela Rosas, 1976, poeta y narradora venezolana

Fábula

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“No probarás varón en 40 días” te dijeron.
Y habrás de recorrer la ciudad
con tu sangre guardada como ánfora de vino,
testimonio de estos días en que no dejas
abandonada tu tristeza
a la orilla de ninguna playa.

El viento no circula porque le está prohibido.
Te tiendes a la orilla de tus muslos
y ves pasar la vida y el sueño del inválido
y la loca carrera de la primavera
que todavía cree en la sombra del dios.

“No probarás varón en 40 días”
mujer de sangre dulce y tierna,
amarga y dolorida
como la voz del hambre.
No habrás de incrustarte en ninguna mirada
ni esperarás amanecer en compañía,
mujer que conoces el secreto del olor de la lluvia sobre la piedra
y la morada de los pájaros amigos de tu ventana.

Vencerás el plazo de la sangre enajenada,
recuperarás el cuerpo de nadie.
Recobrarás tus brazos
y tu voz de mujer
y tu amor de mujer sobre la tierra.

Thelma Nava (Ciudad de México, 25 de noviembre de 1932-Ibidem, 18 de agosto de 2019), poeta, escritora y periodista. Formó parte de los talleres literarios de Juan José Arreola y Tomás Segovia en la “Casa del Lago”, y de los del Centro Mexicano de Escritores e Instituto Francés de la América Latina. Estuvo cerca de los editores y colaboradores de la revista Metáfora y publicó su primera plaqueta de poesía Aquí te guardo yo (1957) en los Cuadernos del Cocodrilo que animaban, entre otros, Efraín Huerta, con quien se casó y a quien acompañó hasta su muerte. Fue cofundadora de la revista El Rehilete, jefa de redacción y después directora de Pájaro Cascabel, miembro del consejo de redacción de Manatí y de la dirección colectiva de La brújula en el bolsillo. Durante algún tiempo ejerció el periodismo cultural en El Día y por esos años, en 1962, se hizo acreedora al “Premio de Poesía Ramón López Velarde” convocado por el periódico Ovaciones.

Para entenderte

pareja separada

No quiero recordarte con tu carácter áspero
de anoche.
Me arrastro a la memoria de los días,
rebusco en nuestras horas
y encuentro la sombra de tu mano sobre mi
con la caricia tibia que me dabas.
En el reloj de arena los tiempos son parejos,
pero algo se cambia a veces ,que no cae de igual modo.
Las partículas cifran
los posibles instantes de ternura
o de angustia.
Cada segundo que salta ya es pasado cierto,
por eso es que yo vivo tan pendiente
de todas las fracciones,
por si acaso me vuelves a mirar
y de nuevo te entiendo.

© Carmen Castejón Cabeceira, 1964. -( A Coruña, España). – Poeta , Escritora y artista multidisciplinar. Embajadora Universal de la Paz En España, designada por el Circulo Universal De Embajadores de la Paz de Ginebra.

Lista de deseos

deseos
imagen libre de pixabay

(a Piolo)

Una boca que siempre se muerda los labios

Una flor con tantos pétalos como vida

Un cuerpo vacío para llenarlo

Una lámpara a punto de encenderse

Tres texturas de un mismo chocolate

Una ciudad entera sobre el cuerpo

Una lengua a punto de ser agua

Una cabellera que deje huellas

Un domingo por la tarde para siempre

Un cuento, un poema
Una pared, una cama, un estallido

Una bañera
por fin,
una bañera

Unas medias mordidas

Una piscina que nos recuerde
que somos
uno sobre el otro
paisaje y gemido

y que llegaste lejos
es decir,
tarde.

Gabriela Rosas, 1976, poeta y narradora venezolana

La muerte

cielo

La muerte está en el vértice
de cualquier verbo,
nos muestra los dientes
antes de mordernos el cuello.
Sorda al llanto,
indolente a todos los cuadros,
es lengua de múltiples papilas,
catedral de boca ancha,
dispuesta a dar pique de talle y torso.
No quiero sus tragaderas,
no me gustan sus ojos,
anuncian ausencias,
lagunas en el pulso,
espigas en la garganta,
tristeza,
ceniza,
olvido.
Sólo el giro del viento,
Sólo la mágia de un poema aún sin escribir
barre el luto de la frente.
Mientras tanto la inercia nos salva.

Consuelo Jimenez, poeta nacida en Barcelona , 1961