Felicidad y Luis pasean de la mano por un parque de Londres

paseo pareja llueve

Has llegado al final de las acacias.

Miras atrás
y sola
el guiño de la casa te transporta
al estéril terruño, ciertas son
campanadas de Astorga.

Lo otro
fue distinto.
Hoy, el cielo gris y el amarillo rostro de los campos
traen a tu pecho la nostalgia cruda
del árido amor, del mal amor,
del tiempo.

Suena el Big-Ben.
Estás en Londres con un impermeable blanco
bajo la lluvia blanca.
Hoy eres joven y sonríes,
y alguien
que al menos tuvo para ti una palabra
que al menos te ama porque la belleza
está presente en ti y él ama
la belleza
por encima de todos los tentadores dones
que la vida le ofrece,
está contigo.

Te bastará su mano entre tu mano
una mañana
por el parque de Londres mientras llueve,
cuando la niebla sube y vuestros rostros
son apenas esbozos, desdibujados trazos
de la felicidad.

Te bastará tu mano entre su mano
para reconstruir el mundo que perdiste,
la ignorada belleza que ofrecías.

Segura estés
de aquel paseo por el parque,
de vuestro instante quieto entre la niebla
como un tesoro efímero y enorme.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

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Canción de mediodía

rostro triste

Uno, a veces, quisiera no haber sido
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
el rostro del dolor ante el espejo,
surcado por la angustia, castigado,
perdidos los encantos y el cabello
del solitario rostro: la tristeza
como una madreselva invadiéndolo todo.

Y uno siente en los huesos que hace frío,
que el brasero no enciende, que en la casa
penetra lentamente el viento de la tarde
como un azogue triste de soledad y desprecio.

¡Qué sola va la vida en ese mediodía
cuando sales al parque deambulando
por tu propio calor como una fiera!

Qué sola irá la vida entre los bulevares
si apenas tu mirada puede ver los azules
presentes que la aurora dejó sobre los árboles.

Porque uno, a veces, mira en la mañana
la lluvia del dolor por las aceras,
marcado por un rumbo, desterrado,
perdidas la esperanza y la alegría
en los húmedos ojos: la tristeza
como una muchedumbre invadiéndolo todo.

Y uno siente, de pronto, la llamada,
la llamada en los labios, y en los ojos
penetra lentamente el sol de una sonrisa
como la dulce lámpara que salta al corazón.

Uno, entonces, quisiera ser de nuevo
ese joven feliz que en los guateques
se drogaba con la melancolía.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

Siesta

vicente romero
óleo de Vicente Romero Redondo

Si escribo estas palabras temo dar una imagen
de escritor que conoce su oficio y sus recursos,
temo no dar la talla, carnal, enamorada,
de un hombre que ha pisado el umbral de sus sueños.

Si digo que mis sueños, durante tantos años,
repitieron el sueño de tu cuerpo desnudo,
la estación de tu abrazo, el reguero de fresas
que dejas en mis días, festivos desde ti,
unidos desde ti a la fantasía
de una dulce verbena interminable,
puede que mis palabras, palabras de poeta que maneja sus armas,
sean sólo el simulacro
de una emoción, de la pasión que da el conocimiento
cuando rozamos la punta de los sueños.

Si digo que tu rostro, sonriente y mojado,
me guiña contra el cielo de cada escaparate,
el único sonido tu voz que me enajena
más acá de la vida, dentro ya de mis sueños;
si digo que no tengo otro olfato que el tuyo,
que puedo, como en sueños, reconocer mi aliento
cuando no estás conmigo, cuando no puedo olerte
el vino derramado por tu espalda y mi pecho;
si digo que te quiero como a nadie he querido
en este mundo torpe, lleno de medias tintas,
temo dar una imagen de escritor recurrente,
temo no dar la talla del hombre que quisiera
explicar cómo, a veces, los sueños toman cuerpo,
nos citan una noche, nos besan, nos desnudan,
nos dejan en las sábanas una flor de alegría.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

Cuando traspira el aire

yuri-krotov-33
Pintura de Yuri Krotov

Quiero escribir un poema
que viva como un cuerpo,
como un cuerpo tendido al sol
como tu cuerpo
desnudo
tendido en el calor
de un mediodía.

Quiero decir
cómo traspira ese poema,
cómo ofrece su piel a las caricias
de la vida que pasa lentamente
montada en una estela de reactor.
Quiero indicar que late,
que palpita,
que tiene un corazón embovedado,
resbaladizo y blando como gato
pero fuerte también; en ocasiones
suele cambiar incluso de postura.
Lo que quiero aclarar
es que el poema
llega a sufrir calor, sudar,
sentir la piel quemada,
desperezarse al rato y dar la vuelta
con la indolencia de la satisfacción.
Ese poema, a veces,
se incorpora,
rojos sus miembros, llenos,
castigados
por la mano del dios que lo acaricia,
alza su rostro, exhibe
la poderosa y tierna geografía.
Y, a veces, el poema
da sus labios
donde la sed se advierte
como un río,
abre los ojos llenos de campanas
y se marcha hacia el borde de la arena
y penetra en el agua
y se refresca.

Quiero vivir un cuerpo
que sea como un poema,
como un poema escrito al sol
como tu poema
desnudo
tendido en el calor
de un mediodía.

Quiero decir…

Poema de Álvaro Salvador. Poeta y ensayista español nacido en Granada en el año de 1950.

En la imagen pintura de Yuri Krotov

Gacela del joven ignorante

rensocastaneda
óleo de Renso Castaneda

Yo no sé nada del Amor,
tan sólo puedo hablaros de mi amada.

Sus ojos son oscuros,
tan oscuros…
que ni siquiera en ellos se detiene
el temblor de la noche.
Su pecho es inocente como un niño,
y su cadera
es el tibio camino que conduce
al jardín de todos mis placeres.
Hay en su boca una promesa herida:
la sazón de la fruta en primavera.

Del Amor nada sé, sólo conozco
el cuerpo de mi amada.

Poema de Álvaro Salvador, poeta y ensayista español nacido en Granada en 1950.

En la imagen pintura de Renso Castaneda