Qué hermosa eres, diablo…

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óleo de Vladimir Volegov “Woman in love”

Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero
mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi
abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican
a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca
el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan
los labios del clavel,
cundo eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te
me esfumas.

Mañana habrá en la playa otro marino cojo.

poema de Gilberto Owen, poeta, novelista y diplomático mexicano
nacido en El Rosario, Sinaloa, en 1904. Falleció en Filadelfia en 1952
Imagen: óleo de Vladimir Volegov “woman in love”

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Fervor

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“El ocaso de la voluntad” de Omar Ortiz

Hoy
que sigues siendo mi tierno amante,
el viento y la ciénaga nos guiña el ojo
como un labio encierra su llamarada
como el deseo primitivo de poseernos.

Hoy
que estamos tan juntos en el gozo
duermes tranquilo ante el futuro
ningún lobo te gruñe para controlarte
ni los fantasmas de la palabra te hieren.

Este pedestal que revive nuestras horas
dos cuerpos destinados a ser uno
la lluvia cotidiana que ríe del instinto
imparable del deseo sin límite de amarnos.

Aquella
trasgresión del recuerdo cabalga
y camina cardiaca por tu desnudez,
descubrimos el rito del beso eterno
la pasión del cuerpo por el fervor del otro.

Hoy
tu noche ha vuelto a mi
hoy para ti sólo son mis besos.
Vendrás con plétoras doradas
y yo aceptaré tu voluntad a ciegas
cabalgarás mi cima lunar,
melodiosa de pasado y silencio.

Aquí mis mejores versos se rinden,
tendidos al sol se acunan en tu pecho.

Del libro: Pétalos de fuego.

Lina Zerón, (Ciudad de México, 1959), es una poeta  mexicana cuya obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, serbio, esloveno, árabe y rumano. Estudió Relaciones Internacionales en la ENEP Acatlán, UNAM.

La robaron el sueño, amor, se lo robaron…

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Obra de Christian Schloe

La robaron el sueño, amor, se lo robaron.
La muñequita tonta, vestida de alfileres
que siempre muere acunando un sueño púrpura
entre brazos que no le pertenecen.
De noche fue, cuando siempre se mueren realidades.
Y se quedó mirando la luz del farol
en el aljibe-memoria.
Se habrá quedado allí, en el agua, dolor,
buscando las vertientes.
El sueño boquiabierto de estrellas
como el sapo del cuento.
La muñequita ojos cerrados de luna
volverá a su país sin duda
cuando acabe el número de sueños permitidos.
Habrá estatuas de cal y viejos terciopelos.
A su pequeño sol, al fin, lo habrán anochecido.

De “Los espejos y los puentes” 1978

Paulina Vinderman, poeta y traductora argentina nacida en Buenos aires en 1944

 

La palabra

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Secret of the rosa de Christian Schloe

En cada ser, en cada cosa, en cada
palpitación, en cada voz que siento
espero que me sea revelada
esa palabra de que estoy sediento.

Aguardo a que la diga el firmamento,
pero su boca inmensa está callada;
la busco por el mar y por el viento,
pero el viento y el mar no dicen nada.

Hasta los picos de los ruiseñores
y las puertas cerradas de las flores
me niegan lo que quiero conocer.

Sólo en mi corazón oigo un sonido
que acaso tenga un vago parecido
con lo que esa palabra puede ser.

Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino 1900-1978

Otra vez cúpulas en el poema…

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Óleo de Leonid Afremov

Otra vez cúpulas en el poema, otra vez la ciudad.
Las travesías se volvieron copias
de ciudades tocadas sólo por supervivencia,
para regresar a la mía.
Como si ella contuviera todos los números, los secretos,
las pasiones del mundo.
Alguna vez una calle me devuelve el desierto
y cuando oscurece,
las sombras de las bolsas de basura
son instalaciones de museo, que sólo puedo ver
cuando mi memoria agotada olvida el mar, aquellas grúas
detrás de las cercas, la mujer del turbante azul que
me vendió la caja mágica y la oportunidad
de atesorar mis miedos como mariposas atrapadas
en la belleza de su oro.
Hay que aprender la asfixia como se aprende un idioma.
Nadie llorará por la ausencia de las alas contra el cielo.

De “El muelle” 2003

Paulina Vinderman, poeta y traductora argentina nacida en Buenos aires en 1944

La lágrima

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detalle de una obra de Gustav Klimt

No sé quién la lloró, pero la siento
(por su calor secreto y su amargura)
como brotada de mi desventura,
como nacida de mi desaliento.

Quizá desde un lejano sufrimiento,
desde los ojos de una estrella pura,
se abrió camino por la noche oscura
para llegar hasta mi sentimiento.

Pero la siento mía, porque alumbra
mi corazón sin esa luz sin tasa
que sólo puede dar el propio fuego:

Rayo del mismo sol que me deslumbra,
chispa del mismo incendio que me abrasa,
gota del mismo mar en que me anego.

Francisco Luis Bernárdez, poeta argentino 1900-1978

Declaración de amor

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“Se que me amas” acrílico sobre madera de María Cristina Faleroni

Haz el amor, no la guerra…

Pregunto si llevo corazón
cuando despierto el peligro entre sus muslos,
si me equivoca
cuando preparo la única trinchera
en su garganta.

Yo sé que la guerra es probable;
sobre todo hoy
porque ha nacido un geranio.

Por favor, no apuntéis al cielo
con vuestras armas:
se asustan los gorriones,
es primavera,
llueve,
y está el campo pensativo.
Por favor,
derretiréis la luna que da sobre los pobres.

No tengo miedo,
no soy cobarde,
haría todo por mi patria;
pero no habléis tanto de cohetes atómicos,
que sucede una cosa terrible:
lo he besado poco.

Carilda Oliver Labra, 1924, es una de las más importantes poetas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente. Doctora en Derecho Civil. Además de ejercer su profesión como abogada, trabajó también en la biblioteca pública Gener y del Monte, de Matanzas, y fue profesora de inglés, de dibujo, pintura y escultura.

Sugestión

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Obra de Christian Schloe

Sucede así –cualquier cosa
serena, libre, fiel.
Flor que se cumple, sin pregunta.
Ola que se violenta, a causa de ejercicio indiferente.
Luna que envuelve igual a los novios abrazados y
a los soldados ya fríos.
También como este aire de la noche: susurrante de
silencios, lleno de nacimientos y
pétalos.
Igual a la piedra detenida, conservando su demorado destino.
Y la nube
leve y bella, viviendo de nunca llegar a ser.

La cigarra quema en su música, al camello que mastica
su larga soledad,
Al pájaro que busca el fin del mundo, al buey que va
con inocencia hacia el monte.
Sucede así, cualquier cosa serena, libre, fiel.
No como el resto de los hombres.

Cecilia Meireles, (Río de Janeiro, 1901-1964), es una de las máximas voces de la segunda fase del Modernismo brazileño. Fue editora de educación del Diario de Noticías de Río y tradujo las obras de Maeterlinck, Lorca, Anouilh, Ibsen, Tagore, Rilke, Virginia Woolf, Pushkin. Publicó, entre otros libros, Espectros, publicado en 1919, siguieron: Nunca mais…e poema dos poemas (1923), Baladas para el Rei (1925), Viagem (1939), Retrato natural (1959), Metal rosicler (1960) y Solombra (1963).

Ante ti

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Detalle de óleo de Serge Marshennikov

Porque siendo tú el mismo, eres distinto
y distante de todos los que miran
esa rosa de luz que viertes siempre
de tu cielo a tu mar, campo que amo.

Campo mío, de amor nunca confeso;
de un amor recatado y pudoroso,
como virgen antigua que perdura
en mi cuerpo contiguo al tuyo eterno.

He venido a quererte, a que me digas
tus palabras de mar y de palmeras;
tus molinos de lienzo que salobres
me refrescan la sed de tanto tiempo.

Me abandono en tu mar, me dejo tuya
como darse hay que hacerlo para serte.
Si cerrara los ojos quedaría
hecha un ser y una voz: ahogada viva.

¿He venido, y me fui; me iré mañana
y vendré como hoy…? ¿qué otra criatura
volverá para ti, para quedarse
o escaparse en tu luz hacia lo nunca?

Carmen Conde, poeta española nacida en Cartagena, 1907-1996

Confusión

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Detalle de un óleo de Omar Ortiz

Ahora empezarás, mi vida,
a no dejarme vivir.
A que los días y sus noches sólo sean
el ahogo feroz de tu encuentro.
De tu incorporación a mí,
de tu revestimiento de mí.
A que mi sangre no sepa detenerse sola,
y se arroje a la tuya, a ti,
con la furiosa alegría de amarte,
del éxtasis de saberse tuya;
y de la angustia,
del tremendo milagro oscuro
¡que es pertenecerte!

Ahora sí; ahora.
Cuando no me busca nadie, ni yo busco.
Porque tu voz llena de altos ecos la tierra,
y tu olor los jardines más sombríos,
y de tu pecho caen las campanas de mis deseos
de ti, de mí que por ti me recobro
y aprendo, vida mía, alma mía, amor,
que es verdad que soy de carne,
que es verdad que duelo,
y gozo, y sufro, y grito
porque soy tuya.

¡Momento agotado del mundo,
éste en que te sé lejos de mí!

Apúralo todo, regresa a nuestro abismo
y déjame en ti sumida,
fuerza que se te dio sin lágrimas
de rebeldía; aunque con llanto de violencia
por verse tuya,
yo que no era de nadie,
¡ni siquiera mía nunca!,
esclava tuya, entregada tuya, amante.

Carmen Conde, poeta española nacida en Cartagena, 1907-1996