Y se tiñó de mar…

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Alfonsina Storni
Cae una lluvia torrencial sobre Mar del Plata, Alfonsina Storni yace presa del dolor que le produce el cáncer de mama que le aqueja. Llegada la madrugada, haciendo honor al significado de su nombre (dispuesta a todo), toma una determinación. Escribe una nota escueta: Voy a dormir.
Se dirige al Club Argentino de Mujeres y se arroja al mar desde uno de sus espigones. La prestigiosa poeta tenía tan sólo 46 años.
El cadáver es recuperado horas más tarde. El doctor Belleti la reconoce, conmocionado al destapar su rostro. La versión oficial determina que, al saber que se hallaba condenada a una muerte inminente, decidió acabar con su vida. Alfonsina consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío, y así lo había expresado en un poema dedicado a su amigo y amante, el también poeta suicida Horacio Quiroga.

A Alfonsina Storni, en su vocación de mar

Y se tiñó de mar
para ser mar mismo,
para balancearse bajo el rizo de las olas.
Se licuó en sal y agua
para besar otras playas y otras rocas.
Pergeñó un viaje infinito como agua misma
a través de océanos imposibles
y besó, con sus mil lenguas líquidas,
los cuerpos que se aventuraban en ellas.
Inundó pequeños pueblos y ciudades,
bajó a las simas más profundas,
se trocó pez entre los peces,
acuchilló, libre, los líquidos inmensos
y quiso volar como un alcatraz
hasta los acantilados
que contemplan con fruición
los mares incontenibles
y se dejan besar por las olas.
Pero el mar la retuvo
en un abrazo eterno de complacencia
y se hizo mar al instante
y se expandió su espíritu por el azul inmenso
y cabalgaron sus poemas como delfines
sobre las ondas marinas,
o se aposentaron en los fondos más profundos
disfrazados de anémonas imposibles…
y ya, agua y sal ella toda,
fue mar para siempre…

Javier Sánchez Durán
“Versos de un viajero confuso” Ed. NIEBLA

No sé qué esperáis de mí

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…No sé qué esperáis de mí.
Hace tiempo que me despojé de la corteza de mis versos,
y hoy la brisa se levantó y arrancó de mi piel
las últimas metáforas.
Aquí estoy desnudo sin recato.
Os muestro mi cuerpo exento de aspavientos y artificios.
Aguardo vuestras miradas sin decoro, ni pudor
que evite mi desabrigo voluntario.
Soy yo mismo sin disimulo ni disfraz.
Con los años y el buen uso
se me suavizó la piel que me envuelve
y es agradable al tacto y a los roces.
Ahora espero de vosotros los mismos actos,
el mismo comportamiento,
dejad que el viento se lleve los oropeles,
que el agua lave vuestra piel y se muestre limpia de artefactos.
No pongáis fronteras al sol, ni al aire, ya sea huracán o brisa,
y dejad que la lluvia humedezca vuestros ojos,
y resbale por vosotros sin ningún impedimento,
que el viento sacuda vuestro pelo
y lanzaos sin miedo sobre la hierba húmeda
que el sol se encargará de escurriros con mimo y sin reparo.
No hay fronteras tampoco para los besos y caricias,
para las ternuras expresadas con nuestros dedos o con nuestros labios,
ni tampoco para el amor o el sexo necesario.
Es preciso el abrazo porque no tiene precio,
y hoy se necesita y urge aquello que escasea
y no compran los comerciantes
porque no ha sido tasado,
ni se puede medir en cantidades concisas y concretas.
Es hora de dejar los mercados
y acudir a las donaciones o dádivas profundas
sin que medie ningún regateo o trato.
Es la vida que nos llama y nos exige
cumplir nuestros actos
y asumir el papel primigenio y originario
anterior a los precios
y anterior al comercio de lo que no tiene tasa

Versos de un viajero confuso” Ed. NIEBLA

 Fco Javier Sánchez Durán  (Cortelazor -Huelva- 1953) es Licenciado en Psicopedagogía, y ha sido profesor de Lengua Castellana y Literatura en varios centros IES.