Tu rosa y mi corazón

dame una rosa

Antes que entre tus labios y mi oído
el ciprés del silencio, largo y mudo,
alce su quieta cima,
de tu palabra en el cristal sonoro
dame una roja rosa, que será
por tu lirismo y tu carne fragante
rosa de amor humano y rosa mística.

La prenderé en mi pecho
sobre la palpitante rosa mía,
y del perpetuo beso el tibio roce
esparcirá sus perfumadas ondas…

Hoy,
ebria de aroma me será brindada
la belleza infinita…
y en mi larva fugaz cuando se apaguen
los armoniosos éxtasis
me envolverán las perfumadas ondas
en su mortaja amante y siempreviva.

Dame una rosa, antes
que el ciprés largo y mudo, entre nosotros
alce su quieta cima…

María Eugenia Vaz Ferreira, profesora y poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1874- 1924, , fue la primera mujer uruguaya en consagrarse como poeta y es considerada una de las principales poetas del país, junto con Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou.

Ahora que ya no soy más joven

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óleo sobre lienzo del pintor Jose Higuera

Ahora que ya remonto la mitad del camino de mi vida,
yo que siempre me apené de las gentes mayores,
yo, que soy eterna pues he muerto cien veces, de tedio, de agonía,
y que alargo mis brazos al sol en las mañanas y me arrullo
en las noches y me canto canciones para espantar el miedo,
¿qué haré con esta sombra que comienza a vestirme
y a despojarme sin remordimientos?
¿Qué haré con el confuso y turbio río que no encuentra su mar,
con tanto día y tanto aniversario, con tanta juventud a las espaldas,
si aún no he nacido, si aún hoy me cabe
un mundo entero en el costado izquierdo?
¿Qué hacer ahora que ya no soy más joven
si todavía no te he conocido?

Piedad Bonnett, (Amalfi, Antioquia, 1951) poeta, licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes y profesora de esta Universidad desde 1981. Tiene una maestría en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño en la Universidad Nacional de Colombia.

El fondo del océano

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Cuando mi hija tenía tres años
me preguntó
qué había en el fondo del mar
¿había sirenas rocas y algas?
mirando hacia mi
no le conté la historia escrita en el periódico de la mañana

le dije
que cuando yo tenía su edad- sí
solía haber sirenas allí
agarrándose a las rocas
deseando tener piernas
espiando a los marineros en sus barcos cantando cancioncillas
para mostrarles el camino hacia las orillas seguras
esas sirenas salpicarían con el giro de los remos
peinando su cabello cerca de los barcos de pasajeros
soñando con besos humanos que transformaran sus colas de pez en pies
jugando hasta que se producía la llamada nocturna desde abajo
momento en el que se irían
nadarían a través de los arrecifes
eso pensaba

pensaba que el fondo del océano era un lugar para las sirenas y la arena
y cangrejos caribeños cantarines llamados Sebastian
sus candelabros brillantes
en antiguas ciudades del mar
a través de pilares subterráneos
restos de palacios y el titanic como los desperdicios de los platos de la cena
y fiestas con reyes del mar y pulpos violinistas

los cínicos argumentan- no hay ya espacio- aquí arriba

ahora en embarcaciones improvisadas
a través de los mares
miles de cuerpos reman entre falsas creencias
adelante y atrás a través del océano

de la tortura la muerte la guerra huyen
y quizá
alcanzando zona segura
les digamos
regresad- no hay sitio en nuestra tierra

mientras continúan remando con manos esperanzadas
nosotros esperamos
nuestras orillas ahora rodeadas de alambradas
faros reemplazados por el brillo de sirenas azules
las sirenas se precipitan de las rocas
en las que los guardias de control de fronteras se sientan y observan
y esperan
ahogados en el suave brillo del deleite
pistolas apoyadas sobre los dedos

esperan
esos barcos
flotando donde el cielo negro de la noche sobre el océano se funde con el frío
y los helados vientos atraviesan las almas que huyen
y las innumerables olas despiertan a bebés que chillan
y la gente asustada se acurruca
sueñan con poco más que alcanzar una zona segura
les decimos

regresad- no hay sitio en nuestra tierra

Dunkerque queda ahora lejos en nuestra memoria
las historias de los periódicos
presumían de barcos salvando cuerpos asustados que huían
los desgastados remos bendecidos
por la compasión del hombre
nuestros titulares ahora rezan
regresad

mientras las manos reman durante semanas adelante y atrás
les decimos que regresen
mientras las puntas de los dedos tiemblan y se agrietan
les decimos que regresen
mientras las caras recuerdan los hogares que tenían
les decimos que regresen
mientras voces susurrantes rompen en lágrimas
y justo cuando sus barcos se aproximan
les decimos

regresad- no hay sitio para vosotros aquí

aquí

en una tierra donde las ovejas pastan graciosamente en interminables colinas onduladas
y el vodka se derrama de las bailarinas manos en las discotecas
donde las abuelas hacen el almuerzo sobre bocadillos
bandejas de tres pisos que se tambalean por las esponjosas victoria y las rock cakes[1]
con cucharas plateadas removiendo tés azucarados
les decimos

regresad

vi titanic cinco veces en la gran pantalla
las lágrimas corrían por mis mejillas cuando oía al remero gritar
¿hay alguien ahí? ¿hay alguien aún vivo?
luces de linternas en negros cielos nocturnos buscando supervivientes
a través de congeladas aguas rezando por encontrar cuepos tiritando
o sonidos de silbato
o chapoteos o respiración
o algo

solía pensar que todas las luces de linternas en los océanos buscaban cuerpos que salvar
estaba equivocada
con Hollywood ahora ausente
nuestras luces de linternas brillan sobre caras asustadas
condenando pieles extranjeras
les decimos
regresad- ésta es nuestra tierra

mientras padres desesperados lanzan a su suerte a sus niños envueltos en mantas
rezando para alejarlos de las balas del control de fronteras
mientras los bebés se hunden hacia los reinos de allá abajo
donde los cangrejos bailan entre el coral
y los erizos de mar tocan las trompetas para dar la bienvenida a las nuevas multitudes de visitantes

mientras los barcos volcados envían más gente a la fiesta allá abajo
y los cuerpos se alinean en el fondo marino sin sitio alguno al que ir
y las sirenas se sientan cantando para mostrarles el camino
deseo
que al menos ellas digan

bienvenidos
venid aquí
sentaos

ahora estáis seguros con nosotros.

[1]Dulces típicos ingleses

Poema de Hollie Poesía ( Hollie Mcnish), poeta británica

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Regreso

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He de volver a ti, propicia tierra
como una vez surgí de tus entrañas;
con un sacro dolor de carne viva
y la pasividad de las estatuas.
He de volver a ti gloriosamente,
triste de orgullos arduos e infecundos
con la ofrenda vital inmaculada.
No sé, cuando labraste el signo mío,
el crisol armonioso de tus gestas
dónde estaba…
dónde la proporción de tus designios…
Tú me brotaste fantásticamente
con la quietud de la serena sombra
y el trágico fulgor de las borrascas…
Tú me brotaste caprichosamente
alguna vez en que se confundieron
tus potencias en una sola ráfaga…:
Y no tengo camino;
mis pasos van por la salvaje selva
en un perpetuo afán contradictorio,
la voluntad incierta se deshace
para tornasolar la fantasía;
con luz y sombra, con silencio y canto
el miraje interior dora sus prismas;
mientras que siento desgranarse afuera
con llanto musical los surtidores,
siento crujir los extendidos brazos
que hacia el materno tronco se repliegan,
temor, fatiga. solitaria angustia,
y en un perpetuo afán contradictorio
mis pasos van por la salvaje selva.
Ah, si pudiera desatar un día
la unidad integral que me aprisiona
Tirar los ojos con los astros quietos
de un lago azul en la nocturna onda…
Tirar la boca muda entre los cálices
cuyo ferviente aroma sin destino
disipa el viento en sus alas flotantes
Darle el último adiós
al insondable enigma del deseo,
cerrar el pensamiento atormentado
y dejarlo dormir un largo sueño
sin clave y sin fulgor de redenciones
Alguna vez me llamarás de nuevo
Y he de volver a ti, tierra propicia,
con la ofrenda vital inmaculada,
en su sayal mortuorio toda envuelta
como en una bandera libertaria.

María Eugenia Vaz Ferreira,  profesora y poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1874- 1924, , fue la primera mujer uruguaya en consagrarse como poeta y es considerada una de las principales poetas del país, junto con Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou.

Aquí viene en silencio…

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óleo de Vladimir Volegov

Aquí viene en silencio el espacio del canto
Que puede sin herirte pasar a tu lado;
Dejemos las flores cubrirte con su llanto,
La sonrisa trazar en el rostro el pasado.

Cuando la máscara desciende fatigada
Y se deslizan en el lecho los durmientes,
Todos los dedos de la hierba derribada
Quisiera acariciar con mis manos ardientes.

Es hacia tu dulzura que va mi sendero.
De este suelo acompasado el jardinero
Del olvido barre el otoño de quererte.

El amor inmortal corre en la lejanía
De la sangre, y no turbaré con mi elegía,
La cita infinita de la tierra y la muerte.

Versión de Silvia Barón-Supervielle

Poema de Marguerite Yourcenar, poeta, novelista e historiadora belga de origen francés nacida en Bruselas.  1903- 1987

 

Carta

Costras 01
óleo de Dorina Costras

Yo, sí —¿Pero y la estrella de la tarde, que subía y descendía
de los cielos cansada y olvidada?
¿Y los pobres, que golpeaban las puertas, sin resultado, haciendo
vibrar la noche y el día con su puño seco?
¿Y los niños, que gritaban con el corazón aterrado?: “¿por qué
nadie nos responde?”
¿Y los caminos, y los caminos vacíos, con sus manos extendidas
inútilmente?
¿Y el santo inmóvil, que deja a las cosas continuar su rumbo?
¿Y las músicas encerradas en cajas, suspirando con las alas
recogidas?

¡Ah! —Yo, sí —porque ya lo lloré todo, y despedí mi cuerpo
usado y triste,
y mis lágrimas lo lavaron, y el silencio de la noche lo enjugó.
Pero los muertos, que enterrados soñaban con palomas ligeras
y flores claras,
y los que en medio del mar pensaban en el mensaje que la playa
desplegaría rápidamente hasta sus dedos…
Pero los que se adormecieron, de tan excesiva vigilia —y que yo
no sé si despertarán…
y los que murieron de tanta espera… -y que no sé si fueron salvados.

Yo, sí. Pero todo esto, todos estos ojos puestos en ti, en lo alto
de la vida,
no sé si te mirarán como yo,
renacida y desprovista de venganzas,
el día que necesites el perdón.

Cecilia Meireles, (Río de Janeiro, 1901-1964), es una de las máximas voces de la segunda fase del Modernismo brazileño. Fue editora de educación del Diario de Noticías de Río y tradujo las obras de Maeterlinck, Lorca, Anouilh, Ibsen, Tagore, Rilke, Virginia Woolf, Pushkin. Publicó, entre otros libros, Espectros, publicado en 1919, siguieron: Nunca mais…e poema dos poemas (1923), Baladas para el Rei (1925), Viagem (1939), Retrato natural (1959), Metal rosicler (1960) y Solombra (1963).

Retrato

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Yo no tenía este rostro de hoy,
tan calmo, tan triste, tan delgado,
ni estos ojos tan vacíos,
ni este labio amargo.

Yo no tenía estas manos sin fuerza,
tan detenidas y frías y muertas;
yo no tenía este corazón
que ni se muestra.

Yo no advertí este cambio,
tan simple, tan cierto, tan fácil:
¿En qué espejo se perdió
mi imagen?

Cecilia Meireles, poetisa, profesora y periodista brasileña. (1901-1964)

Rima XXII

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“A summer rose”  óleo de Francois Martin-Kavel

¿Cómo vive esa rosa que has prendido
Junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
Junto al volcán la flor.

Gustavo Adolfo Bécquer, (1836-1870) poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo.

En la imagen óleo del pintor francés Francois Martin-Kavel
1861-1931

Pintor  de gran prestigio, realizó escenas de género, elegantes retratos de mujeres idealizadas, bodegones y pinturas florales. Su técnica es extraordinariamente pulida, gradaciones tonales muy sutiles y colores armoniosos, elevan su arte por encima de lo puramente académico y sus pinturas se vuelven estéticamente idílicas.

 

 

Pañuelos

A girl holds her headscarf in the wind on a hill in Kabul
A girl holds her headscarf in the wind on a hill in Kabul August 14, 2009. REUTERS/Lucy Nicholson (AFGHANISTAN SOCIETY) 

En un golpe de aire los papeles
han salido volando, y esparcen por el suelo
su forma de blancura.
Campo seco, sembrado
de rectángulos tersos,
limpias lenguas de sombra.

-Mis pañuelos son otros. De batista y de lino,
descansan sobre el pasto -sus vainicas aladas-
y a mis manos reciben
su perfección de agua.

Escritura caída.
Pañuelos
y pañuelos,
vida mía, palabra.

De Del color de los ríos, Esquío, El Ferrol 2000

Juana Castro, Córdoba, 1945

Una cara, un rumor, un fiel instante

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pintura al óleo de Renso Castaneda

Una cara, un rumor, un fiel instante
ensordecen de pronto lo que miro
y por primera vez entonces vivo
el tiempo que ha quedado ya distante.

Es como un lento y perezoso amante
que siempre llega tarde el tiempo mío,
y por lluvia o dorado y suave hastío
suma nocturnos lilas deslumbrantes.

Y me devuelve una mansión callada,
parejas de suavísimos danzantes,
los dedos artesanos del abismo.

Y me contemplo ciega y extasiada
a la mágica luz interrogante
de un sonido que es otro y que es el mismo.

Fina García Marruz, poeta cubana nacida en 1923