Nos tendrán que aceptar

blancasarasua
en la imagen la poeta

“Me avergüenza hasta el nombre
de poeta”.
Manuel Mantero

Me avergüenza, también a mi, Manuel,
el nombre de poeta.

Me dicen que no es serio,
que esto no es de persona navegable.
Que no huele a trabajo
este sudor tan viejo,
de robarle jirones de palabras
al oculto zulo del lenguaje.

Al otro lado del cristal,
con su valor añadido a cuestas,
el carrillón comercial de un banco,
distante, eternamente serio.
Calles con sus venas escleróticas,
sin un atajo propio,
convoncando oposiciones para el tedio.

Ya ves Manuel,
porque andamos remotos,
muy lejos de sus cosas,
y al borde de su tiempo,
porque somos la letra pequeña del periódico,
un breviario de voces
murmurando
nos apunta con el dedo.

Pero lanza tu espada contra el mar,
sigue izando palabras contra ellos.

Y si tu brisa se da la media vuelta,
porque no sabe
cómo penetrarles,
busca un viento de acero,
identifícate como poeta.

Que algún día nos tendrán que aceptar,
aunque gire al revés
y en cabestrillo
el eje de la tierra.

del poemario Ático para dos

Blanca Sarasua Muñoz (Bilbao, 2 de noviembre de 1939), es una escritora y poeta española. Comenzó a escribir a los cuarenta años, mientras acompañaba a su marido, el pintor Ignacio Ipiña.​ Publicó su primer libro, Cuando las horas son fuego, con 44 años, y lo presentó de la mano de Ramiro Pinilla, uno de sus maestros, junto con Bernardo Arrizabalaga.​

Amante de la música, su libro Música de Aldaba coge el título de una anécdota sobre Beethoven y cómo surgió la Quinta sinfonía.​ Ha colaborado en revistas literarias como Zurgai,​ Albor (editada por la Academia Castellano y Leonesa de la Poesía), Amilamia, Alborada, y periódicos como El Correo o el Diario de Ávila, entre otros.

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Amanecer en el sur

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Amanecer en Bahía de los Ángeles

De color limón, mango, melocotón,
Estas villas de libro de cuentos
Aún sueñan detrás
De sus celosías, de sus balcones
Finos como un encaje hecho a mano
O un boceto a pluma botánico.

Alabeada por los vientos,
Sobre sus troncos en forma de flechas
Y sus cortezas de piel de piña,
Una verde medialuna de palmeras
Dispara al cielo su ahorquillada
Pirotecnia de ramajes.

Un alba clara como el cuarzo,
Centímetro a centímetro brillante,
Dora toda nuestra avenida,
Y, emergiendo de la azul disolución
De la Bahía de los Ángeles,
Sale una redonda sandía roja: el sol.

Sylvia Plath (Boston; 27 de octubre de 1932 – Londres; 11 de febrero de 1963) fue una escritora estadounidense especialmente conocida como poeta. También fue autora de obras en prosa, la novela semiautobiográfica La campana de cristal (bajo el seudónimo de «Victoria Lucas»), relatos y ensayos.

Junto con Anne Sexton, Plath es reconocida como una de las principales cultivadoras del género de la poesía confesional, iniciado por Robert Lowell y W. D. Snodgrass.

Estuvo casada con el escritor Ted Hughes, quien tras su muerte se encargó de la edición de su poesía completa.

Agua

violeta

De repente violetas
en la noche han crecido
del jardín apagado
de los niños dormidos
de tu pecho desnudo
entre mis dedos frios
de las hojas del árbol
que aún no se han caido

de repente la risa
bordeando el olvido
los
relojes
de
seda
las
campanas
de
limo
de repente los montes
sangrando por los ríos

y agua por todas partes ahogando los sentidos.

del poemario Patio Interior (ganador del segundo premio internacional de poesía Gabriel Celaya)

José Manuel Martín Portales, (Córdoba, 1959)

La luz de la luna cubre tus huellas

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Obra de Patricia Avellaneda

Este de mares en vilo
dulce frenesí que siento,
esta ternura de viento
apasionado y tranquilo,
y este derecho de asilo
de agua cayendo en la fuente,
me empujan calladamente
y veo mi sangre latiendo
porque va traspareciendo
tu imagen en su corriente.

Y la noche se ha juntado
con la vida que me das
y no hay en el mundo más
que un corazón a tu lado
que al mirarte alucinado
ve caminar sus arenas,
y empieza a vivir apenas,
teniendo su sangre rota,
de la que tú, gota a gota,
vas transmitiendo a sus venas.

Luz de luna en la mirada
que aún no ha encontrado el camino
y al fin en la lluvia vino
para mirar deshojada;
Luz de luna en la enramada
como un acto de perdón,
que ha dejado a mi corazón
su bautismo de alegria,
luna que en la vida mía
borra el rastro y deja el son.

Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910-Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.​

Indulto vertical

VOLEGOV Vladimir111
Obra de Vladimir Volegov

Tu vertical: qué largo
perdón para mi abismo: éste del ansia
de dudar tu venida a transcurrirme,
a darle tu crisol
a mis limos que sólo tú resuelves.

Aunque te des de tarde
en tarde, nunca
sucesiva,
enigma con señales de entregarte
al ciego que te ofrezca servidumbre.

en el polen del tiempo, conquistado
con que apenas me rocen
tus amenazas de pertenecerte.

De Alguien atravesó la madrugada

Carlos Baos Galán, (Almodóvar del Campo, Ciudad. Real, 1933 – Pamplona, 2009)

Poeta y licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolló una destacada labor de promoción cultural, como colaborador en radio y prensa escrita, cofundador del Grupo Literario Guadiana, de Ciudad Real. Miembro del consejo editorial de Medialuna Ediciones de Pamplona desde su fundación en 1990. A partir de 1995 fue director de la misma. Ganador de numerosos premios en juegos florales, certámenes y justas poéticas.

Consiguió diversos galardones entre los que destaca el accésit del Certamen de Escritores Iberoamericanos de Nueva York, el II Premio Vicente Aleixandre de Madrid y los premios Ciudadela, Arga (Pamplona), Fiesta de las letras (Ciudad Real), Ciudad de Ponferrada, Alcaraván (Arcos de la Frontera) y Amantes de Teruel.

Con el libro Con más poder que el tiempo ganó el premio de poesía “Juan Alcaide”, en 1995. La revista Litoral abrió con sus poemas un número dedicado a la poesía vasca contemporánea (205/ 206)

Alta mar, alto amor

Vicente Romero Redondo12
Obra de Vicente Romero Redondo

Llegar al rompeolas de tus besos
con montañas de sed, con la tormenta
de mi sangre marítima e incruenta,
herirme en tus abismos aún ilesos.

Mis besos de alta mar contra tus besos,
bautizar con delfines de agua lenta
tu roca más profunda y más sedienta,
incendiarme en la nieve de tus huesos.

Esta tierra que soy llena de barcos
romperla contra el cielo de tu frente
hasta la última gota con orillas.

Quedarme sin orillas y sin arcos
clavándome en tu amor, en la corriente
de tu cuerpo salvando las astillas.

Ángel Urrutia Iturbe (Lekunberri, 20 de octubre de 1933 – Pamplona, 11 de mayo de 1994) fue un poeta, editor y promotor cultural navarro.

Octubre

Emerico Imre Tóth (3)
Obra de Emerico Imre Tóth

Se complacía
allá en su identidad

en el lúcido vértigo
de su yo superado por la vida

como el aire de octubre
que sólo es lluvia en sí

en lo que das alcanzas plenitud
sin más

quien seas ahora es esto que me empapa

yo también alcanzo
mi mismidad sonora

oyéndote
llover

del poemario Patio Interior (ganador del segundo premio internacional de poesía Gabriel Celaya)

José Manuel Martín Portales, (Córdoba, 1959)

Fulgor de cera virgen

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En lenta cacería del ángel de las cosas;
despacio, como el sorbo de un vino delicado,
embriagando un suceso que no termina nunca:
el alma, o la llegada de todas las presencias
donde nos redimimos, haciéndonos dolor
de un gozo lentamente llamado pensamiento.

El gozo de doler aquello que más quieres
pronunciar, y te espera como un sagrado vértigo
de guijarros puliéndose con lo que no sabrás
totalmente decir; recodos que conducen
a esa duda temible
y frutal: ¿en dónde empieza
y acaba la belleza…?
Si deprisa la sangre,
despacio ese latido:
el pensamiento, ese fulgor de cera virgen
que te inquiere y despierta, te reconstruye erige
el ser en la paciencia de andar el laberinto
del vivir y, al andarlo y vivirlo, ir entendiendo
que más sabroso aún que escapar de su dédalo
es hallarlo y entrar en sus profundidades.
Y nacer de la luz que espera ser creada
del polen de un asombro nunca tan imperioso,
jamás tan auroral de verbos deseados,
nunca tan prometido su triunfo de asamblea
de vidas dialogantes, de oxígeno del ser
superando distancias, el vuelo de pensar
que jamás envilece a las cosas, las consagra
en un despierto sueño
por donde baja el hombre a sí mismo y se atreve
a destapar quién sabe qué incógnitas y gusta
esa inclemencia fértil de agotar sus crisálidas.

El pensamiento, o cómo meditar este beso
euskaldun que nos pone una boca incansable
de sonrisa miniada con pericias de historias;
un beso entre murallas que al besar no lastiman
las piedras inclinándose a distinguir las voces
de los ecos; amor, más que sentido,
padecido de celos de ocultos manantiales
ordenando la sangre, corrigiendo las rosas
que tuercen su cintura cuando se vuelve ausencia
el sentido del mundo y no respira aljibes
lloviendo en los desiertos de nuestras paganías.

El pensamiento. Nadie habrá de desmontarlo
de esta brisa vestida de paciente Penélope
-quiero decir Iruña, Pamplona inmensamente-
tejiendo itinerarios
donde meter los dedos en llagas de la piedra
que no piden cerrarse sino abrirse a un idioma
transcendental y cumbre de cálidas metáforas
románicas, adjetivos del gótico, sintaxis
para el sancta sanctorum de su pecho: ebriedad
pensante, admonición, industriosa caricia
de salmo y judería en ruas que recogen
el gesto de un distinto, un robusto acontecer,
en que la voz del mundo se confiesa de nieblas
y se duele de sombras y, en su arrepentimiento,
reza cristal, kasidas, breviarios del mosaico
que el sentimiento piensa con los párpados prietos
de ceguera imposible, sencillamente espléndida.

El pensamiento, ese fulgor de cera virgen,
a cántaros su abeja, su obrero corazón,
en lenta cacería del ángel de las cosas
el alma, o la llegada de todas las presencias;
bastión o ciudadela
subiendo los latidos cada uno a su sitio,
y todos donde todo se une como un riego
de legibles caminos que no turban ni ofenden
las cuatro letras hondas de la palabra ayer,
las seis solemnes letras con que decir futuro,
con las que hoy medito
lo que parece bruma y acaba siendo espejo.

de Ciudadela, II

Carlos Baos Galán, (Almodóvar del Campo, Ciudad. Real, 1933 – Pamplona, 2009)

Poeta y licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Desarrolló una destacada labor de promoción cultural, como colaborador en radio y prensa escrita, cofundador del Grupo Literario Guadiana, de Ciudad Real. Miembro del consejo editorial de Medialuna Ediciones de Pamplona desde su fundación en 1990. A partir de 1995 fue director de la misma. Ganador de numerosos premios en juegos florales, certámenes y justas poéticas.

Consiguió diversos galardones entre los que destaca el accésit del Certamen de Escritores Iberoamericanos de Nueva York, el II Premio Vicente Aleixandre de Madrid y los premios Ciudadela, Arga (Pamplona), Fiesta de las letras (Ciudad Real), Ciudad de Ponferrada, Alcaraván (Arcos de la Frontera) y Amantes de Teruel.

Con el libro Con más poder que el tiempo ganó el premio de poesía “Juan Alcaide”, en 1995. La revista Litoral abrió con sus poemas un número dedicado a la poesía vasca contemporánea (205/ 206)

PAPEL PLEGADO

cajon

 

Hoy, al realizar un pequeño inventario
con el fin de tirar unas cosas y hacer un hueco a otras,
he encontrado un papel amarillo con apenas dos pliegues.
No lleva fecha ni existe pista alguna de cuando lo guardé
Al desplegarlo, con una caligrafía exprés
como si no hubiese habido apoyo en su ejecución
han aparecido dos versos escritos con bolígrafo verde.
Es mi letra, seguro, pero no acabo de reconocerme
ni sé en qué estaba pensando en aquel instante
para escribir aquello.
Sin duda era otro yo
que en nada se parece al yo de ahora.
Y, como en la vida siempre acabamos regresando
a ese lugar amniótico que huele a talco y madre
lo he plegado de nuevo y lo he vuelto a guardar
junto a otros borradores.
Dentro de algunos años

cuando de nuevo vuelva a hacer un pequeño inventario
con el fin de tirar unas cosas y hacer un hueco a otras,
espero que esté allí, y al desplegarlo de nuevo y de nuevo leerlo,
suceda que en vez del desconcierto que hoy me ha causado,
sonría porque he comprendido lo que un día escribí
con bolígrafo verde en papel amarillo
consiguiendo, por fin, reconocerme.

José Javier Alfaro Calvo, (Cortes -Navarra- 1947) escritor e ilustrador navarro.

Ciego

Aleteo del Fuego Homenaje a Oteiza
Obra de Ricardo Ugarte

Con la vista cansada, necesito
de unos esperadísimos cristales
que me hagan ver de cerca esas señales
que advierto cuando palpo el infinito.

En realidad y viendo lo que he escrito,
mis dioptrías son sentimentales:
gente feliz, mujeres ideales,
el mundo ajardinado donde habito…

Veo visiones cada vez que veo.
Que no hay calamidad que no me embista,
ni sé de oscuridad conque no tope.

Me las arreglaría según creo,
si mi oído tuviese buena vista,
si no fuera mi tacto tan miope.

Javier de Bengoechea (Bilbao, 1919 – Guecho, 2009) fue un poeta español. Consiguió el premio Adonais en 1955 por Hombre en forma de elegía. Otras obras del autor son Habitada claridad, Fiesta nacional y Pinturas y escrituras. A finales de 2006, la Universidad del País Vasco editó, bajo el título A lo largo del viaje, su poesía completa.