¡Así te quiero yo!

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obra de An He

Como el poeta al verso,
el caminante al camino,
el trigal a la amapola,
el junquito a la corriente,
¡así te quiero yo!
Como quiero a mis manos
y a mis ojos.
Y la fascinación de tenerte
cada noche entre mis brazos
es la culminación donde
alcanzo la felicidad completa.

Y por eso te dí cariño a brazadas,
te dí todo cuanto pude,
te llené de noches blancas,
puse a tus pies una alfombra
de jazmín y de albahaca.
Qué dura sería la partida
si me dejaras irme así…como si nada.

Texto Diego Bardallo Méndez, poeta tarteso

En los confines del tiempo…

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óleo del artista chino An He 

En los confines del tiempo,
en el canto de las aves,
en el murmullo del rio,
en los jardines del parque,
en la arena del camino,
en la quietud de la tarde,
en el jugo del racimo,
en la candela que arde,
en el olor del tomillo,
en el amor de una madre,
en la rama del olivo,
en la montaña mas grande,
en el beso que imagino,
en tu carne y en mi carne,
en la suerte del destino,
en el deseo de tocarte,
en la luna que imagino…
¡Te encuentro por todas partes,
porque supe al ir contigo,
de que color es el aire!.

Diego Bardallo Méndez, poeta nacido en Huelva

Voy a vestirme de viento

vicente Romero Redondo
pastel sobre papel Ingres, montado sobre cartón del artista Vicente Romero Redondo

Voy a vestirme de viento
para sembrar tus sueños con estrellas.
Ábrego envuelto de azul,
torbellino que serena tu mirada.
Traigo crisoles de fuego
para dejar lentamente
que se fundan nuestras bocas.
Toma la noche y hazla de amor infinita;
mi camino acaba aquí, contigo.

poema de Diego Bardallo Méndez

A ras de tierra

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A ras de tierra, sin levantar el vuelo, sin más visión que la estampa del romanticismo rondando mi cabeza, busco palabras que no estén encorsetadas, que se ajusten a un perfil determinado. ¿Piropos? Te dicen: -¿Dónde vas, tío?-. ¡Qué difícil me lo pones, amor de ahora! Yo vengo de ahi detrás, de la conquista y el respeto a la mística divinidad del género femenino. Era el que cantaba mis letras por fandangos por sonsacar tan sólo una sonrisa. O también por sevillanas con titulos de mujer, mientras miraba si cambiaban sus mejillas de color. Eran mis armas. Aún canto y escribo. Ahora que ya no hay diosas que conquistar. O tal vez no encajen entre tantos alborotos y esperan bajo el tapiz de la luz y la inteligencia. No cierren del todo el paso, ni los ojos; todavía quedan hombres que siguen colgando palabras en el aire.

Texto Diego Bardallo Méndez.

Bajo el tapiz del cielo

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óleo sobre tela de Enrique Lazo

Bajo el tapiz del cielo
y adosándome a ti,
evoco al trueno
que pronto libera
su lluvia de espadas.
A través de cortinas
mis brazos de argollas
rodean con firmeza
tus lunas de nácar.
Dos grandes palomas
febriles y bravas,
se mecen a un tiempo
por entre mis manos
donde chapotean
fragmentos de fraguas.
Hundiendo mi boca
en el arco suave
que bajo tu rostro
moldea tu garganta,
me dicen tus ojos de todo,
de todo, en solo dos lágrimas.
Resbalo despacio
deshojando tu cuerpo
besándote toda
de tu piel a tu entraña.
Y se caen nuestras ropas
en nombre del beso,
sin ningún permiso
del cielo hasta el alba.

© Diego Bardallo 2016

Dime que si

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En la imagen obra de Carrie Vielle

Dime que si,
dime que un día vas a dejar que vaya a verte
que vas a querer al fin
que nos miremos a los ojos.
Tú estarás a un lado de la mesa
y yo me pondré respetuoso al otro lado.

Dime que me darás tu mano
para sentir en ese cosquilleo
la intensidad de los colores
y el hervor que te fluye por las venas
y en ese instante
con ardor de adolencentes
apoyarás tu cara en mi otra mano
y cerrarás los ojos
aguantando alguna lágrima.
Yo jamás sabré que estás pensando
Pero dame ese soplo de tu vida
donde me mires y te sienta
y que se emborrachen de claveles
para siempre los otoños.

Diego Bardallo Méndez, poeta tarteso

En los confines del tiempo…

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pintura de Vladimir Volegov 

En los confines del tiempo,
en el canto de las aves,
en el murmullo del río,
en los jardines del parque,
en la arena del camino,
en la quietud de la tarde,
en el jugo del racimo,
en la candela que arde,
en el olor del tomillo,
en el amor de una madre,
en la rama del olivo,
en la montaña mas grande,
en el beso que percibo,
en tu carne y en mi carne,
en la suerte del destino,
en el deseo de tocarte,
en la luna que imagino…
¡¡Te encuentro por todas partes,
porque supe al ir contigo,
de que color es el aire!!.

Diego Bardallo Méndez, poeta nacido en Huelva

La bodega

 

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fotografía de María J. Leza ©

Envolvente aroma, opiáceo para los sentidos
donde dejé emociones que se vaciaros a solas
por las tintas aladas del poema.
Bodega, rincones a media luz custodian
esa paz que nos niegan otros lares.
Un paseo entre botas, toneles y duelas consumidas,
es zambullirse en un cuento templado
sobre albero, donde solo se oye silencio y música.
Donde planea el poder creativo del subconsciente. Matices que hacen sentir al hombre más espiritual,
más que donde brota el íntimo color de sus creencias.
El cuento acaba y sigues ahí metido,
absorto y melancólico.
Si no suena el letal e inoportuno rugido de la calle,
aún estoy alucinando, leyendo mentalmente
la obra del padre, tu padre.
Mis vítores se elevan hasta más allá de la conciencia,
allí a donde nacen las historias que nos llenan
la vida del color de aquello en lo que creen los sueños.

© Diego Bardallo Méndez. Poeta tarteso.

Se nos escapa el tiempo…

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óleo de Vicente Romero Redondo

Se nos escapa el tiempo.
Y más allá de tu mirada,
a mí se me ha ido el mar de golpe,
sin más despedida que el suave hálito
de una puerta rotatoria.
Una puerta que nunca gira del revés.
Un plañido desgarra mi armadura de silencio
y la potestad del viejo se desagua
como la arena dentro de un saco caduco y roto.
Me acerco al vetusto café.
Y en el calor de sus muros,
el reencuentro de tantas emociones
hace que vuelva a sonreír
ante el esbozo imaginario de aquel beso.
Y así logro apartar los arañazos
que embotan mi vida, aunque quizás
el destino haya diseñado entre nosotros círculos ovalados.

poesía de Diego Bardallo Méndez, poeta nacido en Huelva

En la imagen óleo de Vicente Romero Redondo, pintor madrileño